Libros de Economía y Empresa - Fundación Caja Duero

  • Inicio
  • Contactar
  • Búsqueda
  • Mapa
Logotipo de la Fundación Caja Duero Logotipo de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

IV.  ECONOMISTAS PREMIADOS

13.
Premio Nobel de Economía 2008

I. Paul Krugman, ¿un Nobel de Economía ‘oportuno’?

Juan Ramón Cuadrado Roura

Foto: Paul Krugman recibiendo el Premio Nobel

El pasado 13 de octubre se anunció la concesión del Premio Nobel de Economía 2008 al conocido economista estadounidense Paul Robin Krugman. En realidad, lo que se le concedió fue el Sveriges Riskbank Prize in Economic Sciences, creado en memoria de Alfred Nobel, ya que éste no había establecido ningún premio destinado a las aportaciones de los economistas. El premio se otorgó por primera vez en 1969, y sus receptores fueron dos economistas muy reconocidos y valorados: el noruego Ragnar A.K. Frisch y el holandés Jan Tinbergen, a los que un año más tarde siguió Paul Samuelson. En la relación de premiados figuran autores que han realizado aportaciones realmente singulares e innovadoras al análisis económico desde diversas perspectivas, como Arrow, Leontieff, Myrdal y Friedman. Sin embargo, hay que reconocer que no siempre ha ocurrido así, ya que entre los galardonados hay también algunos cuyas contribuciones difícilmente pueden calificarse como relevantes, al tiempo que otros fallecieron sin recibir el premio o están siendo postergados año tras año.

En el caso de Paul R. Krugman, los miembros de la Real Academia Sueca de Ciencias subrayaron que el Nobel de Economía se le otorgaba por haber formulado una nueva teoría para dar respuesta a algunas cuestiones relacionadas con el libre comercio, como: “¿Cuáles son los efectos del libre comercio y la globalización? ¿Cuáles son las fuerzas que subyacen en la urbanización a escala mundial?” Y, en opinión de la correspondiente comisión nombrada por la academia sueca, “Paul Krugman ha formulado una nueva teoría para responder a estas preguntas”.

Aunque su obra publicada es muy amplia (unos veinte libros y cientos de artículos, aunque de muy diversa entidad), los dos campos en los que sus aportaciones han sido más relevantes corresponden a la teoría del comercio internacional y, más tarde, a la re-introducción de los aspectos territoriales en el análisis económico. En el primer campo, el punto de arranque de sus aportaciones fue la consideración de las economías de escala como factor que modifica las relaciones de competencia. En 1978 ya supo ver que el modelo de competencia monopolística al que se habían referido un año antes Avinash Dixit y Joseph Stiglitz podía permitirle introducir las economías de escala en la teoría del comercio y sus derivaciones. Los desarrollos que él propuso posteriormente tuvieron la gran virtud de que, además de formularse de forma rigurosa, gozaban también de una gran claridad, permitiendo explicar, por ejemplo, por qué los intercambios comerciales aumentan entre países que producen bienes similares, o cuáles son las consecuencias de una reducción de las barreras comerciales que permita a las empresas acceder a mercados cada vez más amplios. Algunas de estas mismas ideas son las que impulsaron a Krugman a formular modelos referidos a la localización y la concentración de empresas sobre el territorio, base de lo que se ha bautizado como Nueva Geografía Económica, con aportaciones seminales de Fujita, Venables y del propio Krugman.

Foto: Paul Krugman y algunos otros de los galardonados con el Premio Nobel en 2008 en visita de cortesía al presidente George W. Bush en la Casa Blanca, diciembre de 2008

Uno de los rasgos diferenciales del nuevo Nobel es que es un economista que ha enlazado sus éxitos académicos con una amplia actividad de difusión y popularización de sus ideas. La obtención en 1991 de la Medalla John Bates Clark, que concede la American Economic Association cada dos años al economista de Estados Unidos de menos de 40 años que cuente ya con contribuciones significativas en a la ciencia económica, fue sin duda un hito académico muy importante. Como lo fueron, asimismo, su posición como profesor en universidades del prestigio de Yale, el MIT, Stanford y Princeton, donde es profesor de economía internacional desde el año 2000. Pero, casi desde un principio, esta vertiente académica estuvo acompañada por una intensa actividad pública, que incluso ha ganado en intensidad en los últimos años. En 1982-83 fue miembro del Consejo de Asesores Económicos de Reagan, actuando igualmente como asesor del Banco Mundial, el FMI, Naciones Unidas y otros organismos y gobiernos internacionales. También formó parte del panel de asesores de Enron durante 1999, empresa que algo más tarde fue objeto de un gran escándalo. Pero, además, desde mediados de los años noventa, ha dedicado mucho tiempo a la difusión de sus ideas y criterios económicos, como conferenciante, como autor de algunos libros cuyo principal objetivo es popularizar la economía (que él mismo calificó como “la economía del aeropuerto”) y, sobre todo, como columnista de distintos medios de comunicación de amplia difusión, entre los que destaca The New York Times.

Una de las principales críticas que Paul Krugman ha recibido en los últimos años ha sido, precisamente, que su afán de protagonismo y sus críticas y recomendaciones sobre cuestiones inmediatas de política económica le han hecho abandonar, al menos en parte, su dedicación académica y como investigador. “El polemista –se ha llegado a afirmar– ha quemado al economista riguroso”, llevándole a realizar algunas predicciones tan claramente fallidas como aquella en la que anticipaba que los efectos del huracán Katrina provocarían una gran crisis en la economía de Estados Unidos.

Nadie discutirá, en todo caso, que algunas de sus aportaciones a la teoría del comercio internacional no sólo han sido originales, sino que han contribuido a comprender algunos procesos que se observan en la economía actual a escala mundial. Y a ello hay que sumar también que algunos de sus modelos y sugerencias constituyen la base de partida en la que se apoyan las investigaciones de otros muchos economistas más jóvenes.


II. Paul Krugman: la creatividad de un Nobel

José Antonio Alonso

A finales de los años setenta, un breve artículo de apenas diez páginas iba a conmocionar uno de los campos más consolidados del análisis económico: la teoría del comercio internacional. El artículo apareció en el Journal of International Economics bajo el título “Increasing returns, monopolistic competition, and international trade” (1979). Su autor, un joven economista de 26 años formado en Yale, estaba llamado a convertirse en principal referencia de la nueva teoría del comercio. En aquel artículo, Krugman analizaba los efectos que para la especialización comercial tenía la combinación de rendimientos crecientes y capacidad para diferenciar variedades. A través de ese ejercicio, Krugman lograba aportar una explicación solvente y persuasiva del comercio intraindustrial. Lo sorprendente del caso –y será marca del estilo intelectual de Krugman– es que la aportación se hacía con una elegancia y economía de medios notable, a través de un modelo relativamente simple, pero de alto poder heurístico. Tras ese artículo, vinieron otros muchos en el ámbito del comercio y de la política comercial. Esa labor de análisis quedó recogida, en buena medida, en su libro Rethinking International Trade (1994) y en dos volúmenes adicionales escritos con E. Helpman, otro de los renovadores: Market Structure and Foreign Trade y Trade Policy and Market Structure (1987).

Fotos: Paul Krugman

De forma simultánea, Krugman cultivó otros campos de la economía internacional, dejando en ellos huella de su talento. Más en concreto, dedicó parte de sus energías a revisar la teoría de determinación del tipo de cambio y a la explicación de las crisis financieras y de balanza de pagos. En este ámbito, argumentará la existencia de una nueva generación de crisis, motivadas no tanto por desajustes en los fundamentos económicos cuanto por la formación de expectativas que se autocumplen. Parte de esta línea de trabajo aparecerá, además de en diversos artículos, en libros como Exchange Rate Instability (que recoge sus Lionel Robinns Memorial Lectures, 1988) y Currencies and Crisis (2000).

Por último, hay un tercer campo en que la aportación de Krugman fue igualmente decisiva: la Nueva Geografía Económica. A partir de modelos sencillos, pero enormemente potentes, Krugman analizó el efecto que los rendimientos crecientes, la diferenciación de variedades y los costes de los transportes tenían en la distribución espacial de la actividad económica. Desde entonces, este campo, hasta ese momento relegado por los investigadores, se convirtió en una de las áreas más activas del análisis económico. Parte de sus aportaciones a este campo se encuentran recogidas en libros como Geography and Trade y Development, Geography, and Economic Theory (1992), así como en el escrito con M. Fujita y A. Venables, The Spatial Economy (1987) (todos publicados MIT Press).

Cualquiera de estas líneas de investigación hubiese justificado que se considerase su merecida candidatura al Nobel. De hecho, tras sus aportaciones a la economía internacional, pocos dudaban de que era el economista de la generación de los cincuenta con más posibilidades de obtener ese galardón.

Foto: Paul Krugman con la portada de algunos de sus libros

No obstante, desde mitad de los noventa, el trabajo de Krugman ha estado dominado no tanto por su labor como investigador como por su actividad como ensayista y divulgador. Fruto de esta labor serán alguno de los libros que mayor eco han tenido en el gran público. Es el caso de The Age of Diminished Expectations (1990), Peddling Prospertity (1994), Pop Internationalism (1996), The Accidental Theorist (1998), The Return of Depression Economics (1999), Fuzzy Maths (2001), The Great Unraveling (2003), The Conscience of a Liberal (2007) y su última entrega, The Returns of Depression Economics and the Crisis of 2008 (2008). En estos trabajos, Krugman hace gala de un estilo agudo y una capacidad sorprendente para presentar los argumentos económicos de forma comprensible para el lector. Esta faceta como ensayista y divulgador la ha combinado, en los últimos tiempos, con su trabajo como columnista en diversos medios de comunicación de masas, especialmente en el New York Times, convirtiéndose en uno de los más agudos críticos de la Administración Bush.

Es esta activa implicación de Krugman en la batalla política la que hacía sospechar a muchos que tal vez su merecido Nobel se vería pospuesto. La Academia Sueca, sin embargo, en otras ocasiones tan conservadora, sorprendió a todos con su decisión valiente de reconocer en la trayectoria de Krugman la huella de uno de los economistas más fecundos, inconformistas y creativos de la última generación.