Libros de Economía y Empresa - Fundación Caja Duero

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II.   RESEÑAS

11.
La economía como ciencia a través de sus premios Nobel

Ana Rosado Cubero

Libro: ¿Es útil la economía? Una mirada a los premios Nobel

El libro que nos ocupa es cómodo de leer, bien escrito, de divulgación de la economía y con un lenguaje que nos adentra en un mundo de adjetivos y comparaciones. No suele ser fácil encontrar un libro de economía tan adornado; como buenos economistas, solemos ser también ahorradores, y eso, al escribir, se traduce en pocos adornos en las frases y pocos adjetivos matizando un sustantivo. Ignacio Ferrero Muñoz ha escrito bien su obra, con recuadros, negrillas y mayúsculas; lo que dice mucho de su buen hacer como docente. Sus apuntes de clase deben ser muy parecidos y sus alumnos deben estar muy contentos, se llevan a casa la mitad del trabajo hecho y eso les deja más tiempo libre; los estudiantes de economía también saben del arte de asignar el tiempo como bien escaso y susceptible de múltiples utilizaciones.

Una obra breve no da pereza, cualquier ratito es bueno para ojearla; parece que un libro de mayor envergadura pide disponer de una tarde entera para empezar a leer, además de buscar un marca-páginas. Ignacio Ferrero expone las pautas del avance de la ciencia económica desde 1969, año de la concesión del primer Nobel en esta ciencia. Cualquier estudiante podrá buscar al padre de la aportación a la economía que le parezca interesante, y de paso descubrirá, no sin ciertas sorpresas, cómo los economistas somos hijos de nuestro tiempo y cómo el devenir histórico nos lleva por caminos insospechados (o por barcos que permiten huir del horror de la guerra), y cómo, “sin pretenderlo ni saberlo”, nos conducen a la economía. Tal y como resalta el autor, muchos son los Nobel en economía que llegan a ella de rebote, con una formación matemática principalmente.

El gran valor sintético que tiene ¿Es útil la economía? una mirada a los premios Nobel le confiere algunas limitaciones. No me cabe duda de que abordar el tema del dinero y los ciclos económicos ha sido para Ignacio Ferrero un trabajo arduo y difícil, del que sale airoso; no obstante, ha impedido al autor la explicación detallada, por ejemplo, del dinero, sin duda el término económico más difícil de entender. En los tiempos que corren, en medio de una crisis de confianza en y entre bancos, precisamente los que manejan el dinero, yo personalmente hubiera saboreado un análisis más profundo. Y, sin ánimo de desmerecer que lo bueno, si breve, dos veces bueno, esta concisión no se entorpece cuando incluimos en el texto alguna fecha más de referencia, no solo el año de la concesión del premio Nobel. Estoy pensando en que el lector pueda colocar el momento histórico en el que el autor defendió su propuesta (merecedora de un Nobel, que no es poca cosa) y quizás establecer cuándo empezó a tener reconocimiento académico o público. Esto le habría ahorrado algún error al autor; por ejemplo, en un recuadro incluye una lista de autores como los teóricos del New Deal estadounidense; no dudo de que todos los autores –Samuelson, Modigliani, Klein, Hicks, Meade, Tobin y Solow– eran muy listos, pero todos habían nacido entre 1915 y 1924, excepto Meade, que nació en 1907, aunque se incorpora al mundo académico en 1947. El hecho de que fueran teenagers les incapacitó para fundamentar teóricamente la política de New Deal en los Estados Unidos.

A fecha de hoy, la economía no es tan útil como sería deseable; quizá soy pesimista, o realista, se dice que eso sólo depende de la información de que se disponga. Sabiendo que yo escribo esta reseña después del otoño del 2008 e Ignacio Ferrero vio su obra impresa en febrero de 2007, eso me permite jugar con cierta ventaja, la que me da el tener más información y el estar viviendo una crisis que se me antoja científicamente analizable. Hasta donde mis conocimientos llegan, cualquier ciencia debe reunir dos sencillos requisitos, a saber: explicar los fenómenos que le conciernen y diseñar normas de comportamiento que se cumplan en todo momento y en todo lugar; dicho de otro modo, ser capaz de predecir el futuro con un mínimo grado de acierto. La economía, como ciencia, no ha sido capaz de predecir casi ninguna crisis, al menos a tiempo. No dudo de que muchos economistas, académicos o no, hayan esperado una crisis y reaccionado en consecuencia, al menos habrán logrado perder menos dinero con la caída de la Bolsa que la mayoría de sus conciudadanos. En esta difícil ciencia no nos hacemos ricos prediciendo bonanzas ni declives económicos, y el pobre que logra acertar una previsión la más de las veces se convierte en sospechoso de disponer de información privilegiada. Pero, como la historia de las doctrinas económicas nos enseña, los economistas no se hacen ricos con su profesión; salvo contadas excepciones, a esta ciencia se debe llegar con “el dinero puesto”. Richard Cantillon se hizo rico por saber que el sistema financiero diseñado por John Law iba a quebrar; David Ricardo, adinerado de nacimiento, rompió relaciones con la fortuna familiar por casarse inadecuadamente, aunque posteriormente ganó mucho dinero especulando en Bolsa, y John Maynard Keynes también ganó una fortuna en Bolsa, pero porque, además de economía, sabía estadística. A esta escueta lista se suma Harry Markovitz, quien, según el autor, ganó dinero al poner en práctica sus teorías. Escribir un manual de economía es otra opción a tener en cuenta, claro que hay que competir con el libro de economía que ha hecho rico a su autor: Fundamentos del análisis económico, de Paul Samuelson. A mi no me parece mala idea saber lo que hicieron los economistas con sus conocimientos y si les permitió ganarse unos duros. Técnicamente hablando, es un buen indicador del acierto en las predicciones de los economistas.

Foto: Premios Nobel

Como dije al principio, este libro, destinado al gran público, busca magnificar a todos los premios Nobel, el más influyente, el profeta económico, etc. Pero el autor confiere el título de economista más importante de la primera mitad del siglo XX a John Maynard Keynes. En esta obra parece que Keynes cometió muchos errores, aunque sus teorías merecieron fundamentación teórica y ésta, a su vez, si mereció premios Nobel de economía. Dados lo tiempos que corren, mientras pensamos en la crisis actual y lo mal que la predijimos, se me antoja apropiado y oportuno que releamos esta parte del libro. Por último, y en tono coloquial: los economistas nos ganamos la vida con trabajo intelectual, pero entre los 58 premios Nobel citados ¿ninguno se merece la portada del libro? No tengo nada en contra de Russell Crow más bien al contrario.