I. DEBATES
1.
Hayek: las ideas de un defensor del liberalismo clásico
Miguel Ángel Galindo Martín
Friedrich August von Hayek es posiblemente el pensador liberal más importante del siglo pasado. Nació en Viena en 1899 y murió en Freiburg-in-Breisgau, Alemania, en 1992. Fue un gran defensor del liberalismo clásico, de la economía de libre mercado, criticando los planteamientos socialistas que se defendían en el siglo XX.
Procedía de una aristocrática familia en la que algunos de sus miembros habían realizado aportaciones sobre estadística y biología. Por parte de su madre, era primo segundo del filosofo Ludwig Wittgenstein. Se educó en la Universidad de Viena y participó en la Primera Guerra Mundial. Fue director del Instituto Austríaco para la Investigación sobre el Ciclo Económico (1927-1931), institución creada por Ludwig von Mises; fue profesor visitante de la London School of Economics (1931-1932), profesor de ciencia social y moral en la Universidad de Chicago (1950-1962), y luego se trasladó a Alemania para ejercer como profesor en la Universidad de Friburgo (1962-1969).
Mises fue quien le animó a estudiar la importancia de la Escuela Austríaca, y trató de introducir los elementos de dicha Escuela en el funcionamiento de la economía de mercado, mostrando las incoherencias y problemas que se derivan de una economía planificada.
En 1974 obtuvo el Premio Nobel de Economía, compartiéndolo con su rival ideológico Gunnar Myrdal, “por su trabajo pionero en la teoría del dinero y las fluctuaciones económicas y por sus importantes análisis de la interdependencia de los fenómenos económicos, sociales e institucionales”.
Para muchos, es el ideólogo de los planteamientos defendidos por Ronald Reagan y, sobre todo, por Margaret Thatcher, quien no se cansaba de citar sus libros siempre que se le presentaba la oportunidad. Brittan (2006, p. 181) señala que Hayek era una alternativa importante a los planteamientos políticos de Keynes; la otra era Milton Friedman, que había ganado notoriedad con su The Road to Serfdom, de 1944, convirtiéndose en un símbolo de los planteamientos clásicos liberales.
Desde el ámbito estrictamente económico, Hayek tiene, como es natural, sus detractores, como por ejemplo Keynes, quien llegó a escribir del libro de aquél Prices and Production, de 1931, que era uno de los libros más lioso que había leído y que era un ejemplo de cómo, partiendo de un axioma irreal, se pueden obtener conclusiones y argumentos sin sentido. Desde la vertiente no liberal, como es obvio, también se han criticado sus planteamientos, señalando que es un pensador poco conocido y relevante (a pesar de haber obtenido el Premio Nobel de Economía).
Es bien sabido que Hayek no tenía muy buena opinión de las ideas de Keynes y fue muy combativo en este ámbito. Por ejemplo, Davidson (2007, pp. 24-25) señala que Keynes distribuyó borradores de su Teoría General entre diversos colegas, siendo uno de ellos Hayek. Los argumentos y comentarios de éste último obligaron a Keynes a replantear diversas cuestiones y a esforzarse en introducir planteamientos más persuasivos respecto a los fallos que, desde su punto de vista, tenía la postura clásica.
Asimismo, hay que tener en cuenta que Hayek tiene importantes defensores y, curiosamente, desde ámbitos muy diversos. Por ejemplo, Hicks, que reconoce que comenzó a elaborar su análisis del equilibrio intertemporal cuando consideró las ideas de Hayek, y señaló que se quedó sorprendido cuando Harrod le reconoció que fue a partir de su análisis de las ideas de Hayek cuando consideró la elaboración de su famosa teoría dinámica.
Nos encontramos, por tanto, con un pensador que ha ejercido una importante influencia en el pensamiento político y económico, especialmente en el último tercio del siglo pasado, por lo que las publicaciones dedicadas a difundir sus ideas cobran un especial interés. Y, en este sentido, los dos libros objeto de esta reseña, y que se pueden considerar complementarios, desempeñan un papel relevante para alcanzar este objetivo.
El primero de ellos se centra en el ámbito de la economía y está escrito por el profesor de la Lancaster University Management School G. R. Steele. En concreto, a lo largo de los doce capítulos que componen esta obra, se exponen las ideas esenciales que defendió Hayek en algunos de sus escritos más relevantes, haciendo especial hincapié en el papel del dinero.
Así, tras una introducción, Steele se centra en el libro de Hayek, publicado en 1952, The Sensory Order, que, a pesar de ser una publicación prácticamente olvidada por los economistas en general, es fundamental, ya que puede considerarse como el punto de partida de muchas de las posiciones que mantuvo Hayek en la teoría económica y en la filosofía social.
La libertad ha sido un elemento que ha tenido gran importancia en el pensamiento de este autor, y se dedican dos capítulos, el tercero y el cuarto, a su análisis. En este campo, son diversos los aspectos considerados: desde la definición de libertad (que para Hayek era importante tanto por motivos éticos, ya que es la fuente de la mayoría de los valores morales, como prácticos, porque es el mejor camino para alcanzar los objetivos) hasta elementos relacionados con ella, como la legislación, el papel de la democracia y la constitución entre otros. En este ámbito es de especial interés la relación entre libertad y mercado. Se destaca la importancia que tiene la defensa de la propiedad, ya que facilita una amplia división del trabajo, la especialización y el establecimiento de los mercados. En este sentido, se destaca también, en lo que se refiere a la actividad del sector público, que, gracias a las rentas elevadas que se generan a través de la actividad del mercado, puede el sector público realizar una provisión de beneficios sociales. Pero el problema radica en saber cuál es el volumen de esos recursos que debe utilizar el Gobierno, y para ello señala la necesidad de cumplir el siguiente principio: “que le merezcan la pena los bienes que recibe, considerando la contribución que tiene que hacer”. Y, considerando este principio, Hayek señala lo perjudicial que son los impuestos progresivos y la redistribución de renta. La segunda es una excusa para implantar impuestos progresivos, y éstos conducen a un aumento excesivo del gasto público.

Los capítulos 5 y 6 se centran en los aspectos relacionados con la economía como ciencia social (la interpretación de la información, la complejidad, los hechos económicos, el equilibrio, el conocimiento, los niveles de planificación económica…) y con el socialismo (las posturas clásica y la marxista, la critica de Mises, las instituciones…).
Los capítulos 7 a 10 se centran en el papel del dinero, contemplando distintos aspectos: el dinero neutral, los objetivos de política económica, el capital como factor de producción, la naturaleza de los ciclos económicos y la cuestión de si el dinero tiene que ser nacional o internacional. En este ámbito, el elemento esencial es lo que Hayek denomina dinero neutral, es decir, aquél que se intercambia sin que afecte a las proporciones relativas del precio real que existiría en una situación hipotética de una economía de trueque ideal. Con dicho concepto, se puede elaborar una política monetaria que sea compatible con el libre cambio y la libertad individual. Y, en este orden de cosas, resulta necesario un sistema monetario bien ordenado para facilitar el libre flujo de capital y comercio, nacional e internacional. Cuando existe una única moneda, las transferencias de dinero entre países no generan presiones sobre los diferenciales del tipo de interés. Ello no sucede cuando hay monedas nacionales, dando lugar a distorsiones que afectan al nivel de precios.
El último capitulo del libro está dedicado a exponer el legado de Hayek.
Por su parte, el libro editado por Edward Feser, filosofo que desarrolla su actividad en el Pasadena City College, recoge catorce trabajos escritos por economistas, filósofos y politólogos sobre la obra de Hayek. En este sentido, la visión que ofrece de este autor es más completa que la de Steele, pero, por el contrario, no profundiza tanto en los aspectos económicos. Su obra va dirigida tanto a especialistas como a estudiantes y no especialistas en la obra hayekiana.
En el ámbito estrictamente económico, son básicamente cinco los temas tratados. En primer lugar, la tradición austriaca (Bruce Caldwell), que sirve de base para el resto de los capítulos, ya que expone cuál era el bagaje intelectual en Austria a principios del siglo XX. El dinero y el ciclo económico (Roger E. Backhouse), en el que se recogen las ideas que defendía este autor en sus primeras obras, incluyendo su explicación de la gran depresión. El socialismo (Peter J. Boettke), en el que se señalan las ideas expuestas por Mises sobre la poca posibilidad de que se mantenga el socialismo, para pasar después a exponer la propia opinión de Hayek. Conocimiento, economía y sociedad (Andrew Gamble), que sirve de enlace para pasar de los temas económicos a los de índole filosófica y política.

En cuanto a los debates e ideas respecto a otros autores, son tres los que son objeto de análisis. En primer lugar, Marx (Meghnad Desai), que compara la posición de ambos en lo que se refiere al capital, al dinero y a los ciclos económicos. En segundo lugar, Keynes (Robert Skidelsky), que parte de la idea de que ambos mostraron su compromiso con el liberalismo y con las instituciones liberales, situándose sus diferencias más en los medios que en los fines. En tercer lugar, Popper (Anthony O´Hear), que compara los argumentos expuestos en The Road to Serfdom con los defendidos por Popper en The Open Society and Its Enemies. Se indica que, aunque Popper reconoce el interés y apoyo de Hayek en dicho libro, no lo había leído, aunque sí otros escritos. Por ello es interesante analizar las similitudes y discrepancias en ambas obras.
Finalmente, por lo que se refiere a los aspectos filosóficos y políticos contemplados en este libro, tenemos los siguientes: sobre política en general (Jeremy Shearmur), donde se analiza cómo los daños morales inherentes a la planificación central influyeron sobre su concepción de la libertad, la justicia social y el imperio de la ley; jurisprudencia (Aeon J. Skoble), donde se presentan sus principales ideas en este campo; liberalismo (Chandrian Kukathas), donde se explica por qué Hayek adoptó la tradición liberal clásica en vez de una versión más moderna e igualitaria de aquélla; el conservadurismo (Roger Scruton), donde también se muestran las diferencias de Hayek respecto a la tradición conservadora en el pensamiento político; la sociedad (Gerald F. Gaus), donde se analizan los procesos evolutivos de las instituciones sociales y la mente de los individuos; la justicia (Eric Mack), donde se recoge el pensamiento hayekiana respecto a la concepción de reglas justas; y, por último, la filosofía de la mente (Edward Feser), donde Fesser, al igual que Steele, hace hincapié en las ideas expuestas por Hayek en su The Sensory Order. En este caso, se hace especial hincapié en los aspectos filosóficos, contemplando las aportaciones de Schlick, Carnap, Russell y Wittgenstein, entre otros.
En definitiva, se trata de dos obras interesantes sobre las ideas defendidas por Hayek. La de Steele se centra en la economía, y es más rigurosa en su exposición, mientras que la de Feser, más divulgativa, recoge no sólo los planteamientos económicos, sino también filosóficos, políticos y jurídicos. Por ello, ambas son necesarias para tener una visión amplia de la obra y el pensamiento hayekiano.