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I.   DEBATES

2.
Nucleares sí, nucleares no.

Pedro Costa Morata

Nucleares sí, nucleares no

No son los últimos años especialmente fértiles en producción bibliográfica sobre el recurrente tema de la energía nuclear, sus ventajas y sus inconvenientes, sus filias y sus fobias. Y esto se constata, precisamente, en una etapa histórico-energética en la que se insiste en la necesaria “vuelta de la energía nuclear”, alegándose motivos diversos, todos ellos acuciantes. Esta falta de correspondencia entre lo que se pretende que sea un estado de ánimo más o menos extendido y la producción editorial correspondiente es la primera nota que llama la atención, sobre todo si recordamos la abundancia de textos –en su mayoría críticos– aparecidos en los años de la década de 19701, cuando, de verdad, la energía nuclear se hallaba en su apogeo industrial, político y mediático.

Y es que hay, reconozcámoslo, pocas novedades que constatar en este asunto, y las que merecen relatarse y tenerse en cuenta, en relación con la etapa citada de –digamos– exaltación nuclear no son nada positivas. Efectivamente, la aportación que la historia nuclear nos presenta treinta años después de la década de 1970 consiste principalmente en el accidente, entonces calificado de “extremadamente improbable”, de Chernobil (mayo de 1986), y en segundo lugar una tecnología, la de los reactores de fisión, bloqueada en sí misma por sus pecados originales. Y no nos referimos a la bomba de Hiroshima o a la saga del Proyecto Manhattan, aquel esfuerzo excepcional, político, industrial y científicotecnológico por conseguir el arma nuclear, convertido en el estigma fatal de una energía dura, exigente, nacida para destruir, sino a la incapacidad posterior, estructural e insuperable, para eliminar sus más llamativos problemas de índole físico-sanitaria: la radiactividad transferida al ambiente, los bajos rendimientos termodinámicos, la imposibilidad de neutralizar la radiactividad del combustible gastado… No se ha dado un solo paso de avance sensible en estos aspectos, y acerca del más preocupante de todos, el de los residuos radiactivos de alta actividad, no es aceptable que se llame “solución” a una tecnología orientada a recluirlos en lugares remotos para alejarlos lo más posible de todo contacto con la vida.

Libro: ¿Átomos de fiar? El impacto de la energía nuclear sobre la salud y el medio ambiente
Libro: Energía nuclear. Una mirada abierta al futuro energético
Libro: 222 cuestiones sobre energía nuclear

Así que no es de extrañar que de la escasa producción editorial sobre energía nuclear sigan destacando los textos críticos, como ¿Átomos de fiar? Impacto de la energía nuclear sobre la salud y el medio ambiente, que, como su título evoca, trata de un trabajo de revisión de la relación radiactividad- salud. Sus autores son tres competentes médicos universitarios, de entre los que debemos destacar al doctor Rodríguez Farré, un veterano crítico cuyos análisis en este campo de los efectos fisiológicos de las radiaciones nucleares se remontan, al menos, a la década de 1970 (Rodríguez Farré, 1979). Recordemos que la desconfianza frente al pretendido carácter inocuo (“exculpatorio”) de las bajas dosis de radiación ionizante procede de la primera etapa crítica frente a los programas nucleares, cuando se quería quitar importancia a las inevitables emisiones de radiactividad en el entorno de las plantas nucleares (dilución en las aguas, difusión en el aire). Los autores aportan una extensa y minuciosa bibliografía actualizada.

En ¿Átomos de fiar?, el problema fisiológico es contemplado en todas las fases del complicado ciclo nuclear, desde la mina hasta el depósito de residuos definitivo, prestándose atención también a la incidencia en la salud de esta novedad bélica que es el armamento que utiliza uranio, ya empleado al menos en la primera guerra del Golfo y en la guerra de los Balcanes, al principio y al final, respectivamente, de la década de 1990. Este uranio, débilmente enriquecido, aporta un gran poder de penetración a las ojivas de los proyectiles destinados a vulnerar construcciones de hormigón. El trabajo concluye con la coletilla –al parecer inevitable en todo texto científico que se precie– de que “para establecer conclusiones fidedignas se requieren más y mejores investigaciones científicas a través de la realización de estudios epidemiológicos bien diseñados…”, ya que los efectos sobre la salud y el medio ambiente producidos por las radiaciones ionizantes de las centrales nucleares y el conjunto de la actividad industrial nuclear son de muy compleja evaluación científica.

El problema global de los residuos radiactivos y su exasperante resistencia a doblegarse ante la acción humana (después de que ésta los crea, aun sin dominar la forma de manejarlos) es objeto de una publicación de interés, La gestión democrática de los residuos radiactivos (Vila d’Albadal, 2006), financiada por la Asociación de Municipios en Áreas de Centrales Nucleares (AMAC), y que recoge el resumen de los trabajos desarrollados en el marco del proyecto europeo COWAN (Community and Nuclear Waste Management). Este proyecto ha consistido, en esencia, en una ronda de debates en el seno de cuatro grupos de trabajo centrados en discutir sobre aspectos democráticos, representativos, de gobernabilidad y de gestión e integración de los residuos radiactivos. No ocultan estos debates la gran preocupación de sus organizadores: cómo conseguir que la gestión del problema de los residuos radiactivos se lidie suavemente, sin traumas de agitación social o de enfrentamiento entre los interesados: pueblos y líderes2 con las empresas afectadas y las administraciones competentes.

Libro: Los jóvenes españoles ante la energía y el medio ambiente

Por supuesto que esta publicación refleja debates muy mediatizados y sin apenas elemento crítico. Primero, porque el proyecto europeo COWAN pretende, simplemente, reconducir a la normalidad un asunto de altísima carga conflictiva, y segundo porque la propia AMAC es una organización peculiar, desactivada de raíz e inevitablemente esquizofrénica, ya que su razón de ser es la queja permanente para la obtención de beneficios económicos de parte de las empresas explotadoras de las centrales que, poco a poco, también se van convirtiendo, al llegar la hora del cierre de estas instalaciones, en generadoras de un importante problema, los residuos radiactivos, cuya gestión es encomendada a ENRESA (Empresa Nacional de Residuos Radiactivos). Y no son las entidades colaboradoras de AMAC en este proyecto europeo, singularmente ENRESA y CSN (Consejo de Seguridad Nuclear), así como la Escola de Prevenció i Seguretat Integral de la Universidad Autónoma de Barcelona, las que puedan pretender un sesgo crítico en estos trabajos.

La defensa de la energía nuclear propiamente dicha resulta ciertamente pobre en estos tiempos. Esta sequía argumental por ambas partes refleja la escasez de elementos de novedad –como no sean negativos para la propia energía nuclear– en relación con los muy conflictivos años 1970. Pero esto no implica que el sector nuclear, con su lobby mediático, rehuya la acción, sino que simplemente elude el enfrentamiento directo, sea dialéctico-social, sea argumental-editorial. La opción por la que se ha inclinado el sector pro-nuclear es indirecta, aunque extensiva, e incluye esencialmente dos líneas de trabajo: los cursos y textos divulgativos destinados a sectores de la educación, desde la enseñanza media a la universitaria, y el análisis exhaustivo de la opinión pública a través de encuestas.

Libro: Manual de tecnología nuclear para periodistas

Entre las publicaciones divulgativas dirigidas al mundo de la enseñanza destacan Manual de tecnología nuclear para periodistas y 222 cuestiones sobre energía nuclear, ambas financiadas por el Foro de la Industria Nuclear Española, la más importante de las organizaciones que forman el lobby nuclear en España. De entre las publicaciones relacionadas con encuestas o estudios de opinión, este Foro Nuclear –que también desarrolla una actividad constante en actos públicos, seminarios y jornadas de divulgación y propaganda– ha difundido últimamente Energía nuclear. Una mirada abierta al futuro energético, con una recomendación destacada: “El argumento de la resistencia de la opinión pública, especialmente en el ámbito nuclear, no es coherente dada la ambigüedad de las opiniones, las variaciones que estas presentan según los datos que se aporten y la contradicción entre las manifestaciones y los comportamientos” (p. 52). Merece la pena subrayar que de las 25 personalidades entrevistadas sólo dos eran presumiblemente críticas3, perteneciendo la mayoría al mundo institucional de la ciencia, la prensa, la política y el empresariado.

Pero en los últimos años la producción de encuestas, con sus análisis y conclusiones, ha ido adquiriendo un volumen creciente, aparentemente al mismo ritmo que siguen las preocupaciones del sector, que se ha convencido de que es éste el campo a trabajar, siendo la opinión pública hostil a lo nuclear, en definitiva, el enemigo a batir.

De entre la numerosísima producción de este tipo de iniciativas –las encuestas y los estudios de opinión – solamente vamos a citar las más recientes realizadas por los sociólogos Víctor Pérez-Díaz y Juan Carlos Rodríguez, que sin duda gozan de la evidente complacencia del sector energético, especialmente el eléctrico, resultando así altamente significativas en este proceso de “vuelta a la energía nuclear”: Los jóvenes españoles ante la energía y el medio ambiente. Buena voluntad y frágiles premisas, “Energía, discusión pública y ciudadanía” y la última y más interesante, “Discusión y opinión pública sobre la energía nuclear en España”4.

Planta  nuclear 'Sequoyah' en Rossville, Georgia (Estados Unidos).

Muy brevemente, pero sin mayor riesgo de malinterpretar el enfoque –en realidad, ideología– de estos análisis, y concretamente del último y más reciente, subrayaremos: 1) la insistencia en que el conocimiento científico es necesario para decidir social y políticamente; 2) los esfuerzos “analíticos” por desnaturalizar y desprestigiar las posiciones críticas y de rechazo, y 3) la concreción, excesivamente sumaria, de las posiciones que defienden el temprano cierre de las centrales nucleares a Greenpeace e IU. Acerca de este último punto, lo menos que se puede decir de los autores es que eluden entrar en la significación, tradición y potencia del movimiento ecologista antinuclear, mucho más amplio y consistente que esas dos muestras exhibidas, y que pone en evidencia que estuvieron ausentes en el momento histórico del verdadero debate nuclear, allá en los 1970 (debate de alto interés sociológico y político que resulta imprudente ignorar si de nuevo hay que volver a los argumentos y la contradicción).

Por lo demás, hoy como siempre reviste importancia decisiva conocer al financiador de las campañas y encuestas de opinión para acometer de forma realista el análisis de los resultados y conclusiones, ya que éstos vienen usual e inevitablemente “determinados” –tanto en los planteamientos como en la metodología y el sesgo de las conclusiones– por la vigilancia del que paga y, en consecuencia, suelen ser difícilmente justificables desde el punto de vista científico, a despecho de las pretensiones de sus autores (que se reclaman siempre objetivos, neutrales y, por encima de todo, científicos).

El verdadero debate nuclear, pues, dista mucho de haberse vuelto a plantear en ninguno de sus aspectos decisivos: socio-ecológico, socio-político e incluso socio-económico (tomen nota los sociólogos de que la variable sociológica es, con mucho, la estratégica en este asunto), aunque parece que se hará inevitable y más bien a corto que a medio plazo. De momento, es la percepción de la industria –aprovechando lo que considera circunstancias favorables, como la amenaza del cambio climático o la inseguridad y encarecimiento de los suministros de petróleo– lo que genera esa “reactivación nuclear” como un fenómeno “de oferta”, no de demanda, ya que resulta prácticamente imposible –y el sector lo sabe– esperar a que desde la opinión pública se alce necesidad alguna de energía nuclear.

Hongo de una explosión nuclear.

Este debate no estallará hasta que se apruebe algún nuevo proyecto de central nuclear o se tomen decisiones trascendentales sobre los residuos, bien sobre el ATC (almacenamiento temporal centralizado), bien sobre el AGP (almacenamiento geológico profundo). De momento, las decisiones inaplazables para dar solución, aun imperfecta, a los residuos radiactivos que “afloran” tras el cierre y con el desmantelamiento de las centrales que acaban su vida útil optan por la vía menos conflictiva del ATI (almacenamiento temporal independiente), que se construye sobre el mismo emplazamiento nuclear ya existente, por lo que queda prácticamente descartado que las poblaciones –que hasta ahora se beneficiaban de la presencia de la central en su término– cambien a una actitud hostil.

Será el momento de comprobar a qué están dispuestas las fuerzas antagónicas, ya que, como se sabe y arrojan todas las encuestas, la opinión de la mayoría de los españoles sigue siendo clara y netamente negativa frente a la energía nuclear5. Y en esto poca variación ha habido desde que las luchas vecinales y ecologistas del periodo 1973-836 redujeran a nueve centrales un panorama, ciertamente estrambótico, de treinta y cinco.

1  Permítasenos recordar que el primer trabajo, crítico y omnicomprensivo, publicado en España sobre la energía nuclear civil fue: Costa Morata (1976).

2  Es menester recordar que la mayoría de los alcaldes de los municipios del entorno de todas las centrales nucleares, representados en AMAC, están empleados en las plantas.

3  Concretamente, un representante de Ecologistas en Acción y un diputado de Izquierda Unida. Prácticamente, ninguno de los demás encuestados, hasta 25, escogidos en los ámbitos científico, político, empresarial y periodístico, son conocidos por sus posibles opiniones críticas.

4  Pérez-Díaz, Víctor y Rodríguez, Juan Carlos, (2005, 2006 y 2007).

5  Un 72% de los españoles mayores de 16 años está en contra, según el Eurobarómetro de la Comisión Europea, con trabajo de campo en febrero de 2007.

6  Recordemos, por otra parte, que esos años son los del gran cambio en el capitalismo internacional, decidido a liquidar la etapa keynesiana de los “treinta gloriosos” y a recuperar las tasas de ganancia a partir de una reorientación estratégica que opta por la “vía inmaterial”, es decir, acelerando la configuración de lo que ahora llamamos sociedad de la información.