Libros de Economía y Empresa - Fundación Caja Duero

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III.   ESTADO DE LA CUESTIÓN

13.
Mujeres economistas.

Susana Martínez Rodríguez

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Irma Adelman, Barbara Bergman, Anna Schwartz, Zohreh Emami, Janet Seiz, Harriet Martineau, Beatrice Webb, Rosa Luxemburgo, Michelle Pujol, Marjorie Grice-Hutchinson y Millicent Garret Fawcett

A presencia femenina en los libros de historia del pensamiento económico (HPE) e historia de las doctrinas económicas es muy escasa, a excepción de alguna peregrina alusión a las economistas del periodo clásico o (y esto segundo es lo más probable) una sección dedicada a la figura de Joan Violet Robinson. La pregunta motivadora es ¿por qué ha habido tan pocas mujeres estudiosas de la Economía? Lógicamente las restricciones en el acceso a la Universidad hasta entrado el siglo XX ya insinúan un cómputo muy discreto de interesadas por la disciplina hasta las últimas décadas de ése siglo. Considerando este hecho, volvemos a preguntarnos: de todas las que ha habido ¿ninguna destacó? Es de esperar que en un listado de los diez economistas más prestigiosos de todos los tiempos los puestos estén muy disputados, pero en rankings más largos tampoco se encuentran muchas damas, como muestra el prestigioso diccionario de política económica Palgrave. A lo largo de todo el XIX hubo mujeres cultas que, con mayor o menor fortuna, publicaron escritos relacionados con la política económica, si bien los estudios a propósito de dichas aportaciones son mucho más recientes, de modo que una revisión de los últimos quince años ofrece un balance bastante exacto del estado de la cuestión. Las referencias bibliográficas sobre mujeres economistas en muchos casos comparten una óptica de investigación feminista, pues asienten que el género del autor ha condicionado la trascendencia de sus ideas, y que las aportaciones femeninas han soportado en la historia de la Economía la misma invisibilidad reservada a las mujeres en otras esferas intelectuales.

Debido a la abundancia de material, hemos realizado una revisión sólo de libros, seleccionando algunos títulos. En primer lugar, analizamos los estudios monográficos de nombres propios femeninos. Numerosos especialistas coinciden en señalar como una de las primeras contribuciones la obra de Dorothy Lampen Thomson (1973), Adam Smith’s Daughters. Es un volumen que cronológicamente abarca desde las aportaciones de Jane Haldimand Marcet, autora de uno de los primeros libros de texto de economía (1816), hasta Joan Violet Robinson, pionera del análisis oligopolístico. Junto a ellas se encuentran las figuras de Harriet Martineau, Millicent Garret Fawcett, Rosa Luxemburg y Beatrice Potter Webb. Varias de ellas destacaron además por sus actividades políticas, lo que muestra un elevado nivel de compromiso ante la sociedad. El elemento biográfico es un aspecto muy cuidado en esta contribución, marcando el estilo posterior de las publicaciones en la materia. Paradójicamente, la propia Thomson vivió los sinsabores de la discriminación, pues ningún editor quería asumir su proyecto. A finales de los noventa salió a la luz una nueva versión ampliada del libro, reeditada conjuntamente con Bette Polkinghorn (1998) con dos ensayos más dedicados a Irma Adelman y Barbara Bergmann.

Los estudios económicos que han puesto el acento sobre la cuestión de género se beneficiaron de la expansión en los años noventa de la International Association for Femenist Economics, y la consolidación de su revista Femenist Economists, un movimiento que reflejaba la disconformidad, que desde los ambientes más cercanos al feminismo, existía hacia la economía oficial. En 1995 fue publicado Women of Value: Feminist Essays in the History of Women in Economics, de Mary Ann Dimand, Robert W. Dimand y Evelyn L. Forget (1995). El libro es algo más que la mera suma de seis monografías dedicadas a Jane Marcet, Harriet Martineau, Harriet Taylor, Barbara Bodichon, Charlotte Perkins Gilman y Mary Paley Marshall, dado que presenta una rotunda defensa de la óptica feminista en la investigación de la historia de las doctrinas económicas acuñando el término history of economics. Dimand y Forget presentaban en el año 2000 un esperado diccionario biográfico de mujeres economistas con más de 100 entradas. El criterio de selección escogido privilegia a aquellas economistas ya fallecidas o retiradas, y el tamaño de la entrada está determinado por el interés de la autora. Criticar que algunas de las incluidas carecen de significado es un comentario que podría de igual modo realizársele a cualquier otro diccionario con un objetivo extensivo tan claro.

Posteriormente, James y Julianne Cicarelli (2003) han publicado un libro con una nómina de 50 economistas, donde uno de los aspectos más destacados es la contemporaneidad de muchas de las elegidas, profesionalmente todavía en activo, y que refleja la normalización de la incorporación de las mujeres a la profesión, desempeñando un papel destacado en la gestión pública o en la cultura empresarial.

Una de las publicaciones más recientes sobre estudios dedicados a mujeres economistas es española. Luis Perdices de Blas y Elena Gallego (2007) coordinan un volumen con diecisiete aportaciones titulado Mujeres economistas. Junto a nombres muy estudiados en la HPE (desde Jane Marcet a Edith Penrose, pasando por Joan Robinson, Anna J. Schwartz y Michèle Pujol), lo más novedoso es una primera aproximación a la aportación de las economistas españolas. Se han incorporado dos mujeres del XIX español, y ninguna de ellas había sido conocida hasta ahora por su vinculación con la Economía: la escritora Emilia Pardo Bazán y la penalista Concepción Arenal. Aunque sus aproximaciones económicas no permiten establecer paralelismos con la comprensión de la ciencia económica que muestran las obras de Fawcett y Martineau, también tratadas en el libro, sí tienen interés, considerando el contexto en que vivían, por la divulgación de algunas críticas a la economía liberal, defendiendo una economía más social, o por las descripciones de mercados laborales dominados por mujeres. Hay una tercera autora que, sin ser española, ha sido acertadamente incluida por su vinculación personal con el país y por los estudios que realizó sobre el pensamiento económico más genuinamente español, la Escuela de Salamanca: Marjorie Grice-Hutchinson.

En los últimos años también han proliferado estudios sobre una generación de profesionales que han ejercido activamente como economistas en la empresa privada. Destacamos de entre una amplia variedad de títulos la aportación enciclopédica de Jeannette M. Oppedisano (2000) y el trabajo de Paulette I. Olson y Zohreh Emami (2002). Tal tendencia ha tenido interesantes repercusiones en España (véanse las referencias bibliográficas al respecto).


Otros libros

Junto a los libros con una clara vocación “biográfica”, ha habido interesantes investigaciones sobre los argumentos que la economía dominante, y por extensión los grandes economistas, empleaban al analizar el papel económico y social de las mujeres. Estos estudios suelen adoptar dos perspectivas temporales: la primera mira hacia el pasado, ahondando en la historia de la política económica y la Economía, discutiendo el papel que los economistas clásicos en sus análisis asignaron a las mujeres, insistiendo sobre todo en la recurrente aceptación de la infravaloración de su papel social y económico. Destacan algunos títulos como, Feminism and Anti-Feminism in Early Economic Thought, de Michèle Pujol (1992); Feminism and Political Economy in Victorian England, de Peter D. Groenewegen (1995), y Robert Dimand y Chris Nyland (2003), The Status of Women in Classical Economic Thought.

De arriba a abajo y de izquierda a derecha: Joan Robinson, Jeannette M. Oppedisano, Emilia Pardo Bazán, Jolande Sap, Edith Kuiper y Anna Schwartz

La segunda línea mira al presente y se proyecta hacia el futuro: es la teoría económica feminista propiamente dicha, que intenta elaborar un paradigma a partir de la crítica a la economía convencional, construida desde una óptica patriarcal. Entre la variedad de títulos significamos Beyond Economic Man: Feminist Theory and Economics, de Marianne A. Feber y Julie A. Nelson (1993); Out of the Margin: Feminist Perspectives on the History of Women in Economics, por Edith Kuiper y Jolande Sap (1994). Janice Peterson y Margaret Lewis (1999) elaboraron un volumen que introduce al lector en el campo de la economía feminista, con más de 75 conceptos analizados desde dicha perspectiva; también pueden encontrarse títulos especializados, como el de Edith Kuiper y Drucilla Barker (2005) a propósito de las relaciones entre la economía feminista y el Banco Mundial.

El lector interesado dispone de otros muchos productos editoriales interesantes, como son la completa selección de referencias bibliográficas de Kirsten Madden, Michèle Pujol y Janet Seiz (2004). También Seiz y Pujol (2006) dirigieron una recopilación de seis tomos dedicados a escritos de mujeres economistas: Women’s Economic Writing, 1760-1900. Esta selección de títulos evidencia que la materia ha suscitado el interés entre una masa crítica que demanda un acceso más fácil a compilaciones de textos originales, obras de consulta y referencia directa. En España, la obra pionera de Elena Gallego (2004) Mujeres Economistas, 1816-1898, ofrece una selecta selección de textos de cinco economistas clásicas traducidos a nuestro idioma. Los nombres elegidos son Jane Marcet, Harriet Martineau, Harriet Taylor, Millicent Garrett Fawcett y Charlotte Perkins Gilman. Las traducciones están acompañadas de un rico estudio introductorio que contextualiza la significación de dichas economistas en la difusión de la economía clásica.

Con motivo del centenario de Joan Robinson (1903-1983) aparecieron varios libros sobre su figura: W. Gibson (2005) con Joan Robinson’s Economics: A Centennial Celebration, también Joan Robinson: Writting on Economics, por J. Robinson y G.C. Harcourt (2002), y a finales de los noventa The Economics of Joan Robinson, por M. C. Marcuzzo, L. Pasinetti, A. Roncaglia (1996). También sobre Rosa Luxemburg ha habido últimamente contribuciones interesantes, como Rosa Luxemburg and the Critique of Political Economy, de R. Bellofiore (próxima publicación).

Libros

Dedicaremos el último párrafo de esta revisión a una última cita, sin duda más útil que un corolario. A finales de los años ochenta Mark Blaug (1986) publicó Who’s Who in Economics donde entre 1.400 entradas de economistas vivos y muertos, diez eran mujeres. ¿El criterio elegido? Para los economistas vivos, la frecuencia de citas en las publicaciones indexadas en el Social Sciences Citations Index (SSCI); para los fallecidos, su inclusión en las historias o manuales de pensamiento económico. Ni tan siquiera un 1% de los economistas mentados eran mujeres. Una puesta al día del Who´s Who… ofrecería una selección femenina más numerosa si se utilizase el mismo criterio del SSCI. El gran reto estaría en revisar el XIX y primera mitad del XX e incluir a las mujeres que los estudios especializados de los últimos quince años han reivindicado por sus contribuciones a la Historia del Pensamiento Económico. No creemos que este potencial libro tuviese problemas para encontrar editor, como le había sucedido a Thomson.