II. RESEÑAS
9.
La economía del cambio climático: el Informe Stern
Alejandro Caparrós Grass

El
Informe Stern sobre la economía del cambio climático constituye una de las más claras llamadas a la acción para mitigar dicho cambio disponibles. Según el Informe (Stern, 2007), si no actuamos rápidamente para frenar el cambio climático, podemos llegar a perder entre el 5 y el 20% del producto interior bruto (PIB) mundial anual de forma indefinida. El coste de evitar esta pérdida se sitúa en torno al 1% del PIB generado cada año. Como era de esperar, la recomendación que se deriva de comparar estos datos es que hay que actuar cuanto antes. La claridad del mensaje transmitido, y muy especialmente la magnitud de los daños económicos estimados, contrasta con los resultados de estudios previos, lo que ha provocado toda una serie de artículos y comentarios. No obstante, resulta realmente destacable que la mayor parte de estos escritos se puedan agrupar en los que afirman que la recomendación del Informe es “correcta, aunque por las razones equivocadas” y los que sostienen que tanto las recomendaciones como los motivos eran los correctos.
El Informe ha sido dirigido por Sir Nicholas Stern, un antiguo miembro del Banco Mundial, por encargo del Tesoro Británico. Se trata de un informe político riguroso, pero no es un estudio científico. No es un tratado técnico ni tampoco el resultado del consenso de un elevado número de científicos, como los informes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC en inglés). Ésta es, a la vez, su fortaleza y su debilidad. Es su debilidad por la falta de rigor que aqueja a algunas partes del documento, y es su fortaleza porque, aunque algo diluido en cerca de 700 páginas en el original en inglés, el mensaje transmitido es claro y sin ambigüedades. Además, esta claridad ha
conseguido atraer la atención de la opinión pública sobre lo que tal vez es la cuestión abierta más importante respecto al cambio climático: la economía. Durante mucho tiempo se discutió la existencia del calentamiento global, luego el origen antropogénico y ahora la principal cuestión pendiente es si nos podemos permitir mitigar el cambio climático y cuánto esfuerzo nos interesa invertir en este proceso. Desgraciadamente, la traducción al español del Informe ha restado importancia a la economía al sustituir el título que encabeza esta reseña, y que traduce literalmente el original, por el título de El Informe Stern. La verdad del cambio climático.
El Informe (Review en inglés) tiene dos partes claramente diferenciadas. Por un lado, presenta un análisis del estado de la cuestión sobre la economía del cambio climático, utilizando resultados de estudios científicos publicados. Por ejemplo, los capítulos 3 a 5 describen los impactos del cambio climático en la sociedad, los capítulos 14 y 22, entre otros, muestran la necesidad de utilizar mecanismos de mercado, el capítulo 21 habla de la dificultad de la acción colectiva y el capítulo 25 de la conveniencia de frenar la deforestación. Esta parte es una fuente muy interesante de información y no debe de ser relegada en favor de la parte que más atención ha recibido y que paso a describir. El capitulo 6 presenta un modelo de crecimiento para analizar la interacción entre la economía y el clima. Este ejercicio proporciona los daños agregados reseñados en el primer párrafo, es original del Informe, es decir, no ha pasado ningún proceso de evaluación externa, y es la parte que ha centrado casi todas las críticas. En líneas generales, se puede afirmar que el Informe ha avanzado relativamente poco en este apartado; utiliza un modelo convencional de crecimiento equilibrado; reconoce la necesidad y la dificultad de la coordinación internacional, pero supone la existencia de un planificador central preocupado por el bienestar mundial, y toma los daños de la literatura existente. Sorprendentemente, y como ya se ha dicho, los resultados son significativamente distintos a los obtenidos por estudios previos. Aunque se ha criticado la función de daños por un sesgo a favor de los estudios más alarmistas, por extrapolarse demasiado lejos en el futuro (año 2200) o por no tener en cuenta la capacidad de adaptación, la diferencia con estudios previos se explica principalmente por la forma en que se compara el presente con el futuro.

Una sociedad que se pregunta si debe mitigar el cambio climático tiene que comparar costes y beneficios muy distantes en el tiempo, separados por generaciones. ¿Cómo comparamos mil euros hoy con mil euros dentro de 10 años, o dentro de cien? La respuesta del Informe es que los ponemos al mismo nivel, o casi. Hay al menos tres motivos por los que un individuo prefiere mil euros hoy que dentro de diez años. Solemos ser impacientes, cuanto antes, mejor; además, puede que dentro de diez años no estemos aquí, y finalmente, puede que ahora necesitemos más el dinero que dentro de diez años, si esperamos ser más ricos dentro de una década. El Informe sostiene, siguiendo los argumentos morales propuestos por toda una serie de ilustres economistas, que desde el punto de vista de la sociedad el primer motivo no debe de aplicarse, y que para el segundo sólo debemos tomar en cuenta la probabilidad de que la humanidad desaparezca. El parámetro utilizado para comparar ricos y pobres también es muy bajo, por lo que se reduce poco el atractivo de beneficiar a una sociedad futura más rica con nuestro sacrificio actual. Esto resulta en un tipo de descuento muy inferior al utilizado por estudios previos, que permite justificar casi cualquier sacrificio de la generación actual por un incremento en el bienestar de las generaciones futuras. Nordhaus (2007) y Dasgupta (2006) muestran ejemplos realmente chocantes de las consecuencias de aplicar estos supuestos no sólo al cambio climático, sino al conjunto de la economía. Básicamente estaríamos dispuestos a dedicar casi todo nuestro dinero a mejorar la situación de unas generaciones futuras que serán más ricas que nosotros. No obstante, como ya indicamos con anterioridad, la mayoría de las críticas al Informe acaban por darle la razón por otros motivos. Buenos ejemplos de esto podemos encontrarlos en el comentario de Weitzman (2007), que argumenta que necesitamos incorporar al análisis la pequeña probabilidad de riesgos catastróficos, o en el trabajo de Sterner y Persson (2007), que, además de un título simpático, ofrece un argumento muy convincente basado en el cambio de los precios relativos de los bienes ambientales en el futuro.

Los problemas con el tipo de descuento aplicado, que afectan principalmente a los daños del cambio climático estimados, por encontrarse muy lejanos en el tiempo, hacen que posiblemente la contribución mas importante del Informe sea la estimación que proporciona de lo que nos costaría limitar el cambio climático, estabilizando las concentraciones de CO2 en la atmósfera en torno a las 500-550 partes por millón (un aumento de la temperatura de aproximadamente 3 grados). Utilizando dos metodologías distintas, una que suma los costes de las distintan alternativas
y otra que estima los costes agregados para el conjunto de la economía, el Informe llega a un valor en torno al 1% del PIB mundial anual (desgraciadamente con un error de +/- 3%). También muestra que los costes de un objetivo de estabilización más ambicioso son ya demasiado elevados, y que los costes de la meta descrita anteriormente también se harán inalcanzables si continuamos sin actuar. Además, para llegar a estos costes, el Informe ha decidido centrarse en las opciones energéticas, no explorando en profundidad alternativas como la reducción de la deforestación, que tiene unos costes relativamente bajos.
El tiempo dirá si el Informe estaba en lo cierto, y si lo estaba por las razones correctas o por otras, pero, en cualquier caso, este documento se ha erigido en una obligada lectura para toda persona interesada en el problema del cambio climático, y si acaba por tener razón no podremos argumentar que nadie nos avisó.