IV. UN MAESTRO - UN LIBRO
14.
Segura sobre Walras
Julio Segura Sánchez
Esta cuidada edición de las obras completas de Auguste (tomos I-IV) y Léon Walras (tomos V-XIII) viene a llenar un hueco en la bibliografía de economistas clásicos en el sentido de perdurables. Es una obviedad señalar que el protagonismo, en todos los sentidos, corresponde al hijo, y que la importancia de Auguste reside, principalmente, en haber insuflado en Léon el interés por la economía y haberle dejado en herencia algunos aspectos de tipo metodológico, tales como la sistemática de los componentes de la riqueza, el origen del valor o trabajos sobre temas fiscales. Por ello, este comentario se centrará en Léon.
Marie-Esprit Léon Walras (1834-1910) ha pasado a la historia como el fundador del análisis de equilibrio general (EG), es decir, del estudio de cómo funciona un sistema de mercados relacionados entre sí en que todas las demandas y ofertas dependen de los precios de todos los bienes y servicios.
Los planos de análisis y la estructura de la economía en Léon Walras
L. Walras diferenció nítidamente dentro de la economía tres planos. El primero, el científico, cuyo criterio rector era la veracidad, campo en el que se sitúan sus Elementos de economía política pura (EEPP, 1ª ed. 1874). El segundo, el de la aplicación, cuyo criterio era la realidad, y que consideraba un arte, no una ciencia, cuyas aportaciones se compendian en los Estudios de economía política aplicada (EEPA, 1898).
Y, por último, el área de la economía social, una rama de la moral, cuyo criterio rector es la justicia, cuyos trabajos se agrupan en los Estudios de economía social (EES, 1896).
El punto inicial de su análisis es la definición precisa del concepto de riqueza social, cuyo análisis desde el punto de vista científico, no desde el de la economía aplicada o social, es el objetivo de los EEPP. La riqueza social es la suma de todas las cosas que, por ser útiles y escasas, tienen valor. Esto le permitió obviar discusiones sobre actividades improductivas o clases estériles y hacer el censo de bienes y servicios de una economía. El segundo punto crucial es que todos los componentes de la riqueza social son ofrecidos y demandados en mercados que operan simultáneamente y se influyen unos a otros.
Por último, L. Walras fue un firme defensor del método matemático. En sus propias palabras, llegará un momento en que “la economía matemática adquirirá un rango parejo al de la astronomía y la mecánica matemáticas, y ese día se hará justicia a nuestro trabajo” (prólogo a la 4ª edición definitiva, 1900).
La construcción del modelo de EGC
Fijado el objetivo de la economía política pura: análisis sistemático de la determinación de las demandas y ofertas de todos los componentes de la riqueza social y la consiguiente determinación de sus precios de equilibrio, lo que en la época implicaba resolver no pocos problemas, entre los que cabe apuntar:
1.La determinación analítica de las funciones de demanda que hasta la fecha habían sido consideradas simplemente relaciones empíricas precio- cantidad.
2.La consideración simultánea de todos los mercados de bienes y servicios y, por tanto, sus interacciones.
3.El análisis de si existen precios de equilibrio y como recuperarlo cuando se pierda por una variación de las variables consideradas como dadas en el período de análisis.
La forma de abordar el EGC es por aproximaciones sucesivas, reflejadas en las secciones de los EEPP.
Primera aproximación: el problema del intercambio
Deducción analítica de las demandas de bienes de consumo basada en el máximo de utilidad y la relación decreciente entre rareté y cantidad consumida. Tras esto, el equilibrio de intercambio puro como igualdad entre cantidades ofrecidas y demandadas de cada mercancía para todos los participantes en el intercambio, a los mismos precios (evitación del arbitraje), y la generalización del EG de 2 a n bienes y necesidad del numerario.
Segunda aproximación: teoría de la producción
Se añaden al modelo los servicios productivos, y el problema fundamental es cómo conectar los mercados de consumo y de servicios. Ésta es la función del empresario. Deducción analítica de la oferta y demanda de servicios productivos.
Tercera aproximación: teoría de la formación de capital
Se completa el modelo con los mercados de bienes de capital nuevos (no de servicios)
El cierre del modelo de EG: la inclusión del dinero
Introducción de las categorías de bienes que constituyen capital circulante, los saldos monetarios mantenidos por los agentes y los ahorros líquidos. En sus primeras versiones, L. Walras aparecía como un cuantitativista empírico, pero era consciente de que el dinero tenía que tener utilidad porque, de lo contrario, bastaba con numerario. En la 4ª edición definitiva (1900) es cuando consigue dotar de utilidad al dinero en la medida en que presta servicio de disponibilidad que permite sincronizar los flujos temporales de ingresos y gastos de consumidores y los flujos de materias primas y bienes intermedios con los de producción de los empresarios.
Léon Walras más allá del EG
Comencé a leer los EEPP más de una década después de haber tratado de profundizar en el estudio de la teoría del EG. ¿Por qué? Seguramente porque la lectura de los Smith, Ricardo, Malthus y Marshall, tiempo atrás, me había ayudado a entender las preguntas –y parte de las contestaciones– relevantes en muchos temas, y por la importancia que para cualquier economista tiene la mano invisible smithiana.
No encontré en los EEPP, obviamente, contestaciones a preguntas técnicas, pero me cautivaron tres cosas. La primera, la arquitectura de la obra, telegrafiada en el epígrafe precedente. La segunda, la cerrada y excluyente defensa del método matemático. La tercera, la peripecia personal de Léon Walras y lo amplio de sus intereses –como ciudadano, no sólo como economista– y sus aportaciones al campo de la economía aplicada y social.
Respecto al método matemático, lo sorprendente es cómo, con unos conocimientos instrumentales tan limitados, Walras consiguiera abordar y apuntar soluciones a temas tales como la existencia, el tâtonnement o la unicidad del EG. Su bagaje matemático, piadosamente descrito por Schumpeter como “menor del que necesitaba”, se refleja, por ejemplo, en que en la primera edición de los EEPP no hay referencia alguna al cálculo; en que la primera noticia que tiene sobre técnicas de maximización data de 1872 (Paul Piccard); en los numerosos errores formales sucesivamente corregidos por sus amigos (Amstein, Bortkiewicz, Catalan, Wicksteed). Usa el cálculo por vez primera en la segunda edición (1889) con una introducción matemática, eliminada sensatamente en posteriores ediciones, en que confunde función y ecuación, define incorrectamente la diferencial y de forma imprecisa la integral definida. Tuvo noticia de los multiplicadores en 1877 (Amstein), pero no se percató de su utilidad. Solo se necesitaba, según él: geometría analítica en dos dimensiones, lo básico del cálculo infinitesimal y el álgebra elemental.
El tercer aspecto está íntimamente relacionado con las ideas políticas del autor: desde el punto de vista de la eficiencia, la competencia perfecta era el ideal, pero ésta no resolvía bien el problema de la distribución. De ahí su búsqueda de una síntesis entre el liberalismo, la mejor forma de articulación política de las sociedades, y el socialismo, superior desde el punto de vista social. Para L. Walras tenía razón el socialismo cuando exigía la igualdad de oportunidades, pero el liberalismo estaba en lo correcto cuando defendía las diferencias entre las posiciones individuales basadas en la capacidad y el esfuerzo personal, partiendo de condiciones originarias semejantes. Una posición que llevó a dudar a Jaffé, irónicamente, si cabría calificar a Walras de hemi-semi-demi socialista.
Pero lo que más interesante me resultó fue la coherencia entre su planteamiento analítico y las aportaciones a la economía aplicada y social, algo que facilita la edición comentada al incluir los EEPA y EES, obras de escasísima difusión y difícil acceso1.
Un ejemplo de esta coherencia es su defensa de la propiedad estatal de la tierra. Partiendo del objetivo de proporcionar al Estado unos ingresos suficientes, su posición se deriva de consideraciones analíticas y no ideológicas. Primero, sólo los impuestos que gravan el valor de la tierra no alteran el funcionamiento del sistema competitivo. Segundo, cualquier modificación del tipo implica un regalo no justificable de la sociedad a los propietarios. Por tanto, sólo un tipo fijo y eterno tiene sentido. Y como las necesidades financieras del Estado cambian con el tiempo, la única forma de evitar discrecionalidades es con un tipo del 100%: la propiedad estatal de las tierras. La posición –expresada a mediados del s. XIX– puede no compartirse, pero no cabe dudar de su coherencia desde la perspectiva de las relaciones entre teoría (análisis económico), economía aplicada y economía social (justicia).
Librepensador con proclividades socialistas, republicano, radical y pacifista que vivió con arreglo a sus convicciones, pagando por ello un alto precio personal, Léon Walras queda como el autor de la construcción analítica más importante de la historia del pensamiento económico y como un ejemplo de honestidad intelectual.
1 Que hay que completar con la Correspondence of Léon Walras and Related Papers, ed. anotada de W. JAFFÉ, North Holland, Ámsterdam, 1965 que, por razones obvias, no se incluye en la obra comentada.