VIII. INFORMES DE ECONOMÍA ESPAÑOLA
19.
El modelo económico de Europa
María Nieves García Santos
Este informe está realizado por el European Economic Advisory Group (EEAG), que forma parte del CESifo, red que reune a más de 550 economistas profesionales e investigadores de treinta países y que engloba a instituciones tan prestigiosas como el Ifo Institute for Economic Research y el Center for Economic Studies.
El EEAG fue establecido en 2001, y publicó su primer informe en 2002. Está formado por ocho economistas de diferentes países que participan a título personal. En el año 2007 el grupo está presidido por Lars Calmfors y formado por Pilles Saint-Paul, Giancarlo Corsetti, Michael Devereux, Seppo Honkapohja, Jean-Egbert, Hans-Werner Sinn y Xavier Vives.
El informe que realiza el EEAG analiza el estado actual y las perspectivas de la economía europea. También estudia con mayor profundidad ciertos temas que se consideran de interés para la comprensión de la realidad económica europea. Todos los análisis y estudios incluyen recomendaciones concretas para orientación de la política económica. El volumen actual constituye su sexta edición, y consolida, por lo tanto, su papel entre los informes claves para seguir la coyuntura europea.
El informe se organiza en seis capítulos que responden a dos partes, aunque no están formalmente diferenciadas. La primera parte se refiere a cuestiones de coyuntura económica y comprende los tres primeros capítulos. La segunda parte, contenida en los capítulos cuatro a seis, trata de temas estructurales o de largo plazo.
El capítulo primero proporciona la visión de la coyuntura actual y de las alternativas de política monetaria y fiscal. En 2006, el PIB mundial creció a un ritmo del 5,1%, similar al de 2004, que fue el año de crecimiento más rápido desde 1973. Se señalan como causas de este dinamismo la integración de economías muy pujantes, como las de China, India, Rusia y los países de Europa del Este. En el año 2006, la locomotora del crecimiento mundial parece que se empezó a trasladar desde Estados Unidos a Europa debido a que la economía americana reflejó ciertos problemas de sobrevaloración en la construcción. De todas formas, para el año 2007 se espera que el PIB americano crezca un 2,5%, superando el 2,2 esperado para el PIB de la Unión Europea (UE).
La recuperación de la economía europea en 2006 se apoyó principalmente en la demanda interna, con especial aportación del consumo privado, que se benefició de las favorables condiciones del mercado laboral y de los niveles salariales. Sin embargo, tanto la inversión privada como las exportaciones resultaron afectadas negativamente por la moderación en el crecimiento exterior. Hay que señalar que el crecimiento del empleo podría empezar a plantear problemas para la inflación, aunque, de momento, las subidas salariales se sitúan en un 1,9% en términos nominales, lo que es compatible con un crecimiento de los precios de consumo alrededor del 2%.
El EEAG centra su atención sobre la política fiscal y monetaria de la Unión Europea. En el primer caso, destaca que las mejorías en el déficit fiscal se debieron en gran medida a los estabilizadores automáticos, aunque también se produjeron mejoras estructurales. La recomendación del EEAG es que se haga un mayor esfuerzo en la restricción fiscal para poder afrontar futuras presiones presupuestarias derivadas de la evolución demográfica. También se recomienda reorientar el gasto público hacia investigación y desarrollo y educación, en especial si se desea cumplir los objetivos de la Estrategia de Lisboa.
Respecto a la política monetaria común, el informe discute en qué medida se puede considerar adecuada para cada país. La conclusión es que, a pesar de la Unión Monetaria, no se ha avanzado en la sincronización del ciclo económico. Además, en los últimos años también destaca que en algunos países la política monetaria común se aleja mucho de lo que sería adecuado para sus circunstancias concretas, como son los casos de Irlanda (que hubiera necesitado mayor restricción) o de Alemania (con necesidad de menores tipos de interés).
El segundo capítulo aborda la cuestión del ajuste macroeconómico en el área euro, en particular en Irlanda e Italia. El primer país se ha enfrentado a un estímulo monetario excesivo, y el segundo ha sufrido shocks negativos por descensos en la demanda externa y una evolución muy negativa en la productividad.
La conclusión es que los ajustes son más complejos que lo que se anticipaba, en gran medida por la dinámica de los precios, que muestran rigideces nominales y reales. Los ajustes son lentos, se producen sobrerreacciones y también tienen lugar asimetrías. Esto implica que la depreciación real en respuesta a un shock negativo es más lenta que la apreciación real ante un shock positivo. El resultado es que los ajustes generan problemas de competitividad, persistentes en el caso de países afectados por shocks negativos y repentinos en el caso de shocks expansivos, provocando ajustes bruscos. La recomendación del EEAG es que se eliminen regulaciones como forma de mejorar la productividad y la competitividad de las economías.
La ampliación de la Unión Europea a nuevos miembros se analiza en el capítulo tercero. El comportamiento de los diez países que se integraron en 2004 se puede calificar de muy positivo, en general, en términos de crecimiento, y de menos positivo en términos de reducción del desempleo. Uno de sus objetivos es la adopción del euro, fin que sólo ha sido logrado por Eslovenia en enero de 2007. Otros países, como Chipre, Estonia, Letonia, Lituania, Malta y la república Eslovaca, se encuentran en el Sistema de Cambios II (ERM II), con lo que su entrada en el euro parece próxima.
De los requisitos exigidos para poder adoptar el euro, el más difícil es el de inflación, que se debe lograr de forma conjunta al objetivo de estabilidad del tipo de cambio. Los países que están creciendo de forma rápida experimentan aumentos en la inflación debido al efecto Balassa-Samuelson. Para el EEAG, este efecto debería ser descontado del indicador de inflación de estos países o, alternativamente, usar como factor de comparación la inflación media de la Unión Europea, y no la de los tres países menos inflacionarios.
También el EEAG recomienda acortar el período de ERM II, debido a que muchos de esos países podrían sufrir una reversión en las voluminosas entradas de capital que están registrando, y que financian sus déficit externos, dado su actual régimen de cambios.
Los países que se integraron en enero de 2007, Bulgaria y Rumania, también parecen estar mostrando un buen comportamiento. Son los países más pobres de la Unión Europea, con una renta per cápita que se sitúa cerca del 60% de la media de los países del Europa Central y del Este. En ambos, el desempleo es elevado y se crea poco empleo. Parece que la situación de Bulgaria es algo mejor, ya que el desempleo está descendiendo, y sus indicadores financieros muestran una situación parecida a la de los países de la ampliación de 2004. Las perspectivas para Bulgaria parecen favorables, aunque el EEAG recomienda vigilar el nivel de la deuda externa, que podría colocarle en una situación vulnerable debido a que tiene un régimen de cambios de currency board. El panorama es también positivo para Rumania, aunque el crecimiento del crédito podría poner en dificultad la estabilidad de su sistema financiero, y también podría deteriorarse su competitividad por las subidas salariales y por la apreciación de su moneda.
La segunda parte del informe, como se ha dicho al principio, se dedica a cuestiones estructurales. En el presente volumen se aborda el denominado "milagro económico escandinavo", la competencia en la fiscalidad de las empresas y el resurgir del nacionalismo económico.
Las economías escandinavas se han caracterizado por combinar un importante ritmo de crecimiento y de creación de empleo con un elevado grado de protección social y un Estado del bienestar generoso. En cierta medida, esta impresión tan positiva se basa en cierto desconocimiento de las particularidades de cada una de las economías integrantes de la zona, así como de las causas reales de su buena situación actual. El análisis que se ofrece en el capítulo cuarto del informe contribuye al conocimiento de estos países, y además se aprovecha por el EEAG para ofrecer ciertas lecciones de política económica que pueden ser utilizadas por el resto de países.
La conclusión es que, aunque el crecimiento escandinavo se ha logrado con un alto nivel de protección social, también se debe reseñar el hecho de que la mejora económica lograda recientemente ha venido de la mano de la aplicación de reformas liberalizadoras. Así, en Dinamarca, pequeñas reducciones en los subsidios han producido una importante reducción del desempleo. Suecia ha tomado ejemplo y se ha embarcado recientemente en reformas del mercado laboral con vistas a reducir el paro estructural. El EEAG subraya que, si se desea reducir el paro de un nivel previo, que puede ser reducido en términos comparativos con otros países, se requieren reformas que refuercen los incentivos para trabajar, con menores subsidios de paro o mayores requisitos para disfrutarlos.
La segunda lección que, según el EEAG, se deduce de la experiencia escandinava es que las reformas deben abarcar la totalidad de los sistemas sociales para evitar trasvases de receptores desde los sistemas minorados al resto. En tercer lugar, se destaca que tanto Dinamarca como Finlandia o Suecia han sufrido crisis fiscales en los años ochenta o noventa, que han resultado decisivas para imponer reformas fiscales que evitaran que el sistema avanzara por una senda insostenible a medio plazo.
El capítulo cinco trata de la competencia que los tipos impositivos sobre las empresas pueden provocar en la localización del capital. La evidencia es que la incorporación de los nuevos países a la Unión Europea, cuyos tipos son sensiblemente inferiores a los de los países de la UE15, ha provocado un descenso en éstos últimos. El informe analiza varias alternativas para establecer un impuesto sobre el capital que cubra los costes de infraestructura que éste precisa. La propuesta por la que opta es un aumento en el IVA, con una reducción equivalente en los impuestos sobre la renta personal, de forma que se genere un impuesto sobre los beneficios empresariales basado en el destino de las ventas en lugar de en su origen.
El último capítulo se dedica al nacionalismo económico, cuestión que es de gran actualidad en los últimos tiempos. Mientras que en el pasado los países aplicaban medidas de protección nacionalista en términos de aranceles o requisitos de diverso tipo, en la actualidad se está observando que muchos países establecen medidas para dificultar las fusiones empresariales transfronterizas o promueven la formación de monopolios en forma de los llamados "campeones nacionales", por señalar dos casos muy comunes. El problema radica no sólo en que la discriminación contra residentes de otros estados miembros está prohibida por el Tratado de Roma, sino, además, en que tales medidas tienen consecuencias negativas en términos de provocar ineficiencia productiva, reducir la disciplina de mercado o generar rivalidad entre países. El EEAG señala tres propuestas: 1) avanzar en la armonización de la regulación y coordinación entre reguladores o incluso promover la existencia de reguladores, de ámbito europeo; 2) abrir un debate sobre la conveniencia de que se limite la propiedad estatal de las empresas, y 3) desmantelar las barreras de entrada existentes en algunos países de la Unión Europea al unísono, para no perjudicar a los países que lo hicieran primero.
En resumen, el informe del EEAG es una publicación de referencia en el análisis de la economía europea. Hay que destacar su carácter privado y el prestigio de sus autores, lo que le hace complementario de los informes existentes elaborados por organismos oficiales. El informe de 2007 destaca el afianzamiento del crecimiento en Europa, a pesar de que existen diferencias entre los diversos países que hacen que la política económica común presente logros diversos. En todo el informe se incluyen recomendaciones tendentes a avanzar en la consolidación fiscal y en las medidas liberalizadoras.