I. DEBATES
4.
Balance de las reformas de las economías latinoamericanas: Brasil
Brasil, una potencia regional en la economía mundial
Milton Silva-Guterres da Gama
ENTRE LA MULTITUD de publicaciones recientes sobre la economía brasileña escritas en lengua portuguesa, destaca con diferencia el libro de Gremaud, Sandoval y Toneto (2005), el cual bien puede ser considerado como el trabajo más emblemático sobre la materia. Una muestra de ello es que la edición que comentamos en estas líneas es la sexta. Que este libro esté en condiciones de tirar una sexta edición habla de la notable acogida que a lo largo de los últimos veinte años ha tenido en el mercado brasileño, en donde los economistas y los profesionales afines a la gestión y administración de empresas se distinguen por su preferencia a comprar libros en inglés y en español, y sólo en casos muy puntuales en portugués.
El título y la estructura en la que son presentados los temas sugieren que se trata de un libro de texto para estudiantes de la Licenciatura en Economía y áreas relativas, pero el objetivo, lejos de cumplirse, se vuelve en su perjuicio. La principal deficiencia es que los estudios de caso que se exponen en los capítulos son escasos. En los últimos años, la tendencia en los cursos de Economía que se imparten en las universidades brasileñas es que han adoptado el método del estudio de caso, que es justamente una de las debilidades del manual.
Por contrapartida, el libro es una valiosa fuente de información si el interés del lector es el de informarse del devenir de la economía de este país. Particularmente atractivo resulta el análisis detallado que se hace en torno a los rasgos que distinguieron a la economía brasileña en lo referente a su adhesión a las políticas enmarcadas en el Consenso de Washington (CW). A diferencia de lo ocurrido en otros países del área latinoamericana, como Argentina, Colombia y México, cuyas economías mostraron una temprana fidelización a las disposiciones del CW desde el final de la década de los ochenta, los gobiernos brasileños de la época manifestaron una tendencia errática, primero en contra, si bien posteriormente fue notablemente a favor a partir de la ascensión al poder de Fernando Collor de Mello (1990), y luego con mucha mayor contundencia en el diseño e implementación del Plan Real (1994).
Resulta interesante el trabajo cronológico que los autores han realizado en torno a las reformas que los distintos gobiernos adoptaron a lo largo de la década de los noventa, como lo fue el combate a la rampante y descontrolada inflación, la lucha para atraer más y mejor inversión extranjera directa (mejor dicho, se refiere a que el capital proveniente del exterior tuviera como destino la inversión en proyectos de largo plazo, y no, como ha sido característico en muchos casos, en capitales de especulación bursátil), el esfuerzo por nivelar los inmensos déficit fiscales en los que se había incurrido, pero, por sobre todas las variables, el pobre crecimiento y los bajos niveles de empleo, tan inmanentes a lo largo de la década de los ochenta. Lamentablemente, estos autores se olvidan de profundizar en torno a dos problemas acuciantes, y que en esta década pasaron de ser unos problemas graves a unos gravísimos. Nos referimos a la cuestión de la economía sumergida, la cual en Brasil ha alcanzado cifras en torno al 18% del PIB, y a todo lo relacionado con el deterioro medioambiental, a la cabeza de lo cual está la tala indiscriminada de reservas consideradas como protegidas, principalmente a lo largo del cauce del río Amazonas. En beneficio del libro sería conveniente que en una futura edición se tomasen en cuenta estos elementos.

Como en las anteriores ediciones, los economistas expertos encontrarán de mucha utilidad el análisis histórico que los autores han hecho sobre los sectores industriales, así como la valoración sobre el comportamiento de las variables macroeconómicas. Es así como, por ejemplo, nos recuerdan que en la primera mitad de la década de los noventa el gobierno contaba con un cierto excedente en la cuenta corriente y con amplias reservas en divisas, pero unos años después este escenario se revirtió, registrándose un rápido deterioro de algunas de las variables macroeconómicas, lo que llevó a un empobrecimiento, si cabe mayor, de las clases más desfavorecidas.

Si el libro de Gremaud et al. es particularmente útil para conocer el desarrollo de la economía brasileña en los noventa, el libro coordinado por Giambiagi, Villela y Barros de Castro (2004) es singularmente útil si el usuario lo que desea es estudiar el desarrollo de la economía de este país a lo largo de los últimos cincuenta años. En realidad es un libro ideal para aquellos lectores no brasileños que desean conocer las diferentes etapas por las que ha transitado el diseño y aplicación de la política económica de este país sudamericano. Los autores se han dado a la tarea de exponer de manera clara y atractiva temas que van desde la que es reconocida como la primera crisis (1956-1963), la posterior recuperación (1964-1973), los sucesivos esfuerzos ulteriores para estabilizar la economía (1974-1984), el franco retroceso sufrido a lo largo de los noventa (1995-2002), y muy en particular el efecto derivado del que en su día se conoció como el Efecto Samba, en 1999, y los aciertos y desaciertos durante el gobierno de Luiz Inácio "Lula" da Silva (2003-el análisis llega hasta 2005).
Con suma nitidez, el libro expone el protagonismo ejercido por los máximos mandatarios del país y las decisiones que éstos asumieron en el tiempo en que gobernaron. A modo de ejemplo, en la década de los noventa Brasil tuvo a tres grandes protagonistas, Fernando Collor de Mello (1990-1992), Itamar Franco (1992-1994) y Fernando Enrique Cardoso (1994-2002). Si bien cada uno desempeñó un rol claramente diferenciador, el común denominador fue que los tres gobiernos fueron abiertamente partidarios de la Escuela de Economía de Chicago. El balance general de estos doce años fue que la economía brasileña estuvo lejos tanto de alcanzar las tasas de crecimiento económico que demandaba el país como de reducir la pobreza y las inmensas y crónicas desigualdades. La llegada de Lula al poder, en 2003, significó la ocasión de que el líder indiscutible del Partido de los Trabajadores (PT) enarbolando un discurso claramente progresista, optara por una política económica más social, pero no fue el caso. Cuando Lula se hubo instalado en Brasilia, optó sorpresivamente por una política macroeconómica de continuidad, aun a pesar de las severas críticas del PT y de los diversos segmentos de la sociedad que clamaban por una economía más solidaria.

A diferencia del libro de Gremaud et al., en éste se tratan temas relacionados con el desarrollo económico, como lo son las causas y las implicaciones derivadas del crecimiento económico, la distribución de la renta, el pobre nivel de educación general que prevalece en el país (como muestra, cabe recordar que Brasil ocupa el nada honroso último lugar en cuanto al nivel de escolaridad general y en cuanto a la calidad de la educación de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE) y presta suma atención a los agudos problemas derivados por la desbordada explosión demográfica en las ciudades más grandes (São Paulo, Río de Janeiro, Brasilia y Salvador de Bahía), como lo son las triste y mundialmente célebres favelas.
Del libro de Antonio Dias Leite (2004) se puede decir que es un libro sumamente ameno, incluso es agradable, pero también es cierto que se trata de un libro dirigido a un público amplio. Probablemente, algunos economistas lo encontrarán incluso superficial, y quizás estén en lo cierto, pero en defensa del libro he de argumentar que es un buen comienzo para aquellos que por primera vez se acercan al estudio de la economía brasileña, y su interés no es el de conocer con profundidad sus temas afines, sino que necesitan tener una visión amplia de cómo las cosas han llegado hasta el lugar donde se encuentran actualmente. A los lectores de lengua española les resultará muy fácil de leer porque está escrito en un portugués claro y directo, que en todo momento evita los tecnicismos y las abstracciones, por otro lado tan recurridos por los economistas, sean brasileños o de cualquier otra parte.

El último libro al que haremos referencia es el de Paulo Nogueira Batista (2005). Éste es un trabajo que ha sido escrito como una herramienta que ayude a explicar el papel que desempeña Brasil en el mundo en general, y en la globalización de la economía en particular. Su libro está dividido en dos partes. En la primera se estudian las relaciones financieras con el mundo y sus temas relativos. La segunda trata sobre las relaciones comerciales de la economía brasileña con el Mercado Común del Sur (Mercosur), el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y el resto del mundo.
Con diferencia, la economía brasileña es la más poderosa del área del Mercosur, luego entonces, para empezar merece la pena conocer cómo es de potente en comparación con las de sus principales socios comerciales. El 26 de marzo de 1991 tuvo lugar la firma del Tratado de Asunción entre Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay; este acuerdo entró en vigor el 28 de noviembre de 1991. Para los efectos que el Tratado de Asunción no contemplaba (o lo hacía de forma parcial), los cuatro países miembros suscribieron el Protocolo de Ouro Preto el 17 de diciembre de 1994. Finalmente, el 1 de enero de 1995 entró en vigor la Unión Aduanera en el Mercosur.
Nogueira señala que en la década de los noventa, y durante los primeros cinco años de la presente, Brasil fue el principal exportador dentro de los países del Mercosur, seguido, si bien a una considerable distancia, por Argentina. Los dos países peor posicionados fueron Paraguay y, peor aún, Uruguay. De hecho, en los últimos años de la década de los noventa Brasil tuvo niveles de competitividad muy semejantes a los de Australia, y en los años transcurridos entre 2000 y 2005 mostró una competitividad comparable a la de Canadá. Argentina, por su parte, tuvo una competitividad parecida a la de Bélgica. En contrapartida, la competitividad de Uruguay fue significativamente menor que la de sus socios comerciales, lo que refleja que su economía apenas fue algo más competitiva que la de Perú, por ejemplo. Por otro lado, la competitividad de Brasil fue parecida a la de países desarrollados que se rigen bajo dos esquemas característicos: primero, sus exportaciones son altamente dependientes de recursos naturales, como es el caso de Noruega (este país, de algo más de 4 millones de habitantes, ocupa el tercer lugar como exportador de crudo), segundo, sus exportaciones están dominadas por operaciones de ensamblado, como es el caso de Irlanda (este país es el líder en el ensamblaje de ordenadores, por citar un ejemplo). Mientras tanto, Paraguay se situó en una posición intermedia entre su socio inmediatamente superior (Argentina) y el menor (Uruguay), mientras que Brasil fue el líder indiscutible del área.

Las reformas estructurales implementadas en los noventa le permitieron a Brasil incrementar su participación de mercado como exportador, pero a todas luces fue insuficiente su capacidad para mejorar la condición de su balanza comercial. Ello probablemente obedeció a las condiciones heredadas del periodo previo, caracterizado por un proceso de desintegración de los incipientes encadenamientos productivos. El caso más extremo es el de Paraguay, país que mostró una tendencia constante al déficit en su balanza comercial, atribuida, principalmente, a los impresionantes niveles de importaciones de productos brasileños y, en menor medida, argentinos. En lo referente a la tendencia como importador, Brasil manifestó una tendencia al equilibrio entre las exportaciones y las importaciones.
Nogueira es un notable profesor de la que probablemente es la mejor escuela de negocios de Brasil, la Escola de Economía da Fundação Getúlio Vargas, pero, sin duda, lo más destacable es que él, en sí mismo, es de los pocos profesores que pueden ser considerados como un think–tank en el país. Creo que muy pocos se atreverían a poner en duda las conclusiones a las llega Nogueira a través de sus investigaciones, sean aquellos liberales o neoestructuralistas, sólo por mencionar los dos extremos que están más ampliamente representados entre los economistas brasileños. En este libro, Nogueira, fiel a su pensamiento, reconoce las bondades que conlleva la economía de libre mercado, pero también enfatiza que el diseño de la política económica interna no debe de ceñirse a las disposiciones del exterior, vengan de Washington, de Bruselas o de los bancos acreedores de la deuda externa de este país.