VI. OBITUARIO
21.
Milton Friedman (1912-2006) Premio Nobel de Economía 1976
Ignacio Ferrero Muñoz
Two Lucky People
NO ERA NADA común que un economista reuniera en su haber intelectual una formación tan amplia y cualificada como la que recibió Friedman. Al considerar su itinerario, nos asalta la duda de si responde a un plan premeditado para formar una cabeza prodigiosa, pero, según describe en su autobiografía Two Lucky People, ha sido más bien la fortuna la que se ha encargado de esta tarea (cfr. Friedman, M. y R., 1998:ixxi) poniéndole en contacto con profesores de extraordinaria calidad y con compañeros que se convertirían con el tiempo en personalidades relevantes de la cultura económica mundial, quienes en no pequeña medida, han contribuido a dotar de profundidad y fecundidad a su pensamiento económico.
La serie de sucesos accidentales comenzó cuando sus padres, Jeno Saul y Sarah Ethel, abandonaron Cárpato-Ruthenia (en esa época perteneciente al Imperio Austrohúngaro), donde nacieron, emigrando a los Estados Unidos. Allí se conocieron y se casaron, y tuvieron cuatro hijos, de los que el menor y único varón fue Milton, que nació el 31 de julio de 1912.
Así que, pudiendo ser ciudadano ruso, lo fue estadounidense, concretamente de Brooklyn (Nueva York), aunque al año siguiente su familia se trasladara a Rahway, New Jersey, una pequeña ciudad industrial un poco más al Sur.
Como sucedía con todos los inmigrantes de aquella época, la mayor preocupación familiar era el dinero, agravada por la muerte del padre en 1927. Milton, desde su adolescencia, tuvo que buscar trabajos para financiar sus estudios y ayudar en el sostenimiento económico de la familia.
Formación académica
En 1928 ingresó en la Universidad de Rutgers donde se graduó como Bachelor en Matemáticas y Económicas bajo el auspicio de Arthur Burns y Homer Jones, quienes suscitaron en su inquieta mente una pasión por la integridad científica que ejerció una gran influencia sobre su trabajo teórico. Por consejo de este último, se trasladó a la Universidad de Chicago para instruirse en política y teoría económica de la mano de Frank Knight, Jacob Viner y Aaron Director, obteniendo el Master en Económicas. Henry Schultz le recomendó una estancia en la Universidad de Columbia, con la idea de que se especializase en matemáticas y estadística aplicadas a la economía, esta vez bajo la tutela de Harold Hotelling, Wesley Mitchell y John M. Clark. Esta enseñanza fue completada durante los años en los que trabajó en el National Bureau of Economic Research donde pudo profundizar en la medición y análisis de los datos económicos en compañía de Simon Kuznets (Nobel 1971), y por último, en 1944, junto a Allen Wallis y George Stigler (Nobel 1982) en el Grupo de Investigación Estadística.
La formación en estas tres especialidades con los mejores profesionales del momento le capacitó para dar un nuevo rumbo al desarrollo de la ciencia económica.
Contrarrevolucionario monetarista
Friedman ha unido como pocos una influencia extraordinariamente extensa y sorprendentemente rápida a la altura y calidad científica de sus obras. En poco tiempo pasó de ser un desconocido crítico de la revolución keynesiana a ser el principal exponente de la contrarrevolución monetarista, y el más importante representante de la Escuela de Chicago. Desde el principio plantó batalla a la doctrina keynesiana, que a mediados de siglo XX, especialmente desde el New Deal de Roosevelt, dominaba la ciencia y política económicas, y que se caracterizaba por un cierto desprecio al dinero y una alta dosis de intervencionismo estatal. La parte teórica de esta contrarrevolución la lleva a cabo por tres vías: la restauración de la clásica teoría cuantitativa gracias a una reformulación de la demanda de dinero; la reinterpretación de la Gran Depresión, manifestando el poder y alcance de la política monetaria, y la incorporación de las expectativas adaptativas y la tasa natural de desempleo a la curva de Phillips, desarrollando una nueva temporalidad en el famoso trade-off entre la inflación y el desempleo.
Consigue así la revitalización de la política monetaria, devolviéndole su condición de arma poderosa a través de la cual podemos evitar que el dinero cause importantes irregularidades, dotar de una estructura estable a la economía y, por último, anular y contrarrestar alteraciones en la economía procedentes de causas de naturaleza distinta a la monetaria.
Esta estructura monetarista se completa con una nueva función de consumo basada en la renta permanente y con la introducción de los retardos en el comportamiento económico, devolviendo la efectividad a la política monetaria si es sometida a una regla de crecimiento constante. Por último, predijo que un sistema monetario de tipos de cambio fijos como el de Bretton Woods fracasaría estrepitosamente si no dejamos a los tipos de cambio flotar libremente.
Tanto el número como la importancia y fecundidad de estos trabajos le han convertido en un auténtico revolucionario de la ciencia económica.
Científico económico
Junto a los desarrollos teóricos (merecedores del Premio Nobel, que se le concedió en 1976), la meta obligada del economista debe ser proporcionar un conjunto de recomendaciones, sugerencias y propuestas referidas a la práctica económica, que conectaran a aquéllos con el mundo real. Si Friedman no hubiera sido capaz de materializar sus teorías en medidas concretas y aplicables a la vida diaria, su esfuerzo intelectual habría quedado baldío.
Pero no sucedió así.
Toda su existencia fue un empeño constante por desarrollar y mejorar los razonamientos teóricos de la economía, a la vez que los conectaba con los problemas cotidianos, buscando introducir la economía en la vida de los ciudadanos. Tanto en un campo como en otro ha sido un auténtico líder.
Es verdad que sus primeros pasos en la ciencia los dio con una pretensión claramente científica: conseguir que la economía fuera una ciencia segura, con un método tan fiable y riguroso como el de la física (Friedman, 1953: 10). Sus estudios en metodología, materia que sólo le interesó en la medida en que ayudaba a hacer avanzar la ciencia, marcaron inmediatamente un punto de inflexión en el desarrollo metodológico. Impuso como condición la presencia de datos empíricos tanto en el origen de las hipótesis como en la comprobación de sus conclusiones. No hay duda de que la aplicación de este requisito ayudó en gran medida a que sus conclusiones resultaran convincentes, y a que fueran aceptadas por una gran parte de los economistas.
Pero para captar la verdadera esencia del pensamiento de Friedman no podemos quedarnos en su vertiente teórica, hay que ir más allá.
El economista del mercado
Decía Agustín de Hipona que si quieres conocer a una persona no le preguntes por lo que piensa sino por lo que ama, ya que estos anhelos son los que dan razón verdaderamente de su pensamiento y obras.
La pasión dominante que alentó la vida de Milton Friedman (sin contar a su mujer Rose Director, su verdadero amor y con quien compartió más de 70 años de existencia y tuvo dos hijos: David y Janet) fue sin duda la defensa de la libertad, en todos sus ámbitos. Friedman era un enamorado de la libertad, un optimista convencido de la capacidad del ser humano para enriquecer y mejorar la sociedad, si se le respeta un campo de acción, si se le protege la libertad de elegir sus fines y los medios para alcanzarlos.
Su concepción acerca de la configuración de la sociedad hunde las raíces en el liberalismo de herencia Whig. Su propuesta descansaba en la libertad del individuo, y desde ésta defendió de tal modo el mercado, como el sistema de organización económica y social que mejor respetaba esta libertad, que se ha convertido en el economista del mercado por antonomasia.

Para Friedman, el hombre ha de ser soberano en la elección y consecución de sus fines. Las condiciones necesarias son la propiedad privada y un sistema que permita la libre y voluntaria cooperación con el resto de los individuos. Éstos son los pilares en los que descansa la economía de mercado, y que posibilitan su desarrollo como ser libre. Al ser la libertad un todo indivisible, el mercado la potenciará en todos sus órdenes: la libertad personal en la actuación como individuo autónomo y responsable de sus decisiones y de los riesgos consiguientes; la libertad política, al disgregar el poder a lo largo y ancho de la sociedad, eliminando la tiranía del statu quo que obstaculiza el transparente funcionamiento de la sociedad; la libertad económica, al canalizar, a través de los precios, la información suficiente y necesaria para que el agente económico tome decisiones racionalmente, y la libertad de palabra, al ofrecer fuentes de financiación desligadas de los centros de poder políticos.
Con esta perspectiva, planteó numerosas propuestas de política económica, una vez demostradas y justificadas en el plano teórico; desde la eliminación del impuesto progresivo en favor de uno fijo, con una base impositiva común y otra variable sujeta a deducciones y exenciones, que puede llegar a ser negativo en algunos casos, hasta el replanteamiento global de la seguridad social, reduciendo o eliminando subsidios como el de desempleo y las pensiones de jubilación, así como el repliegue del Estado en servicios tales como la sanidad, la vivienda y la educación, abogando por una oferta mixta entre el sector privado y el público, y favoreciendo, mediante el cheque escolar y sanitario, la libertad de elegir de las familias.
El mérito de Friedman no descansaba solamente en aunar en su vasta producción1 la intención científica y práctica, sino en hacerlo con una credibilidad y acierto que le podían convertir en un punto de referencia mundial. Pero, para lograrlo, debía difundir sus ideas fuera del ámbito académico.
Fenómeno mediático
Y a ello se dedicó. Convencido de que la investigación económica pierde toda su utilidad si queda sepultada bajo las tapas de las revistas científicas, puso todo su tesón en hacerse oír en los medios de comunicación y en los foros políticos y sociales. Consiguió, con un estilo enérgico y combativo, que le hizo ganar en popularidad, que su defensa del mercado libre y de las políticas monetarias fuera conocida en todos los sectores de la sociedad. Por medio de constantes apariciones en los medios de comunicación –una columna cada tres semanas en Newsweek durante los años 1966 a 1974; asesoramiento directo a políticos (en 1964 al senador Goldwater, en 1969 a Nixon y en 1980 a Reagan) e indirecto (a Thatcher por medio de su asesor Walters, y a Pinochet por medio de los Chicago Boys, por lo que recibió una injustificada crítica en la recepción del Premio Nobel); multitud de conferencias impartidas a lo largo y ancho del mundo; la publicación de numerosos libros, entre los que se encuentran Capitalismo y libertad y el best seller Libertad de elegir–, se convirtió en una figura conocida más allá de las fronteras del mundo económico, influyendo tanto en líderes mundiales como en empresarios, políticos y hombres de la calle. Friedman ha conseguido introducir la economía en los hogares familiares.
Con razón afirma Gary S. Becker (Nobel 1992) que Milton Friedman es reconocido como el economista más influyente del siglo XX.
1 En su bibliografía completa hasta 1994, realizada por su secretaria Gloria Valentine, se recogen 17 libros técnicos, 12 sobre política pública, 97 artículos o conferencias de carácter técnico sobre economía, 70 comentarios, réplicas e informes, 8 artículos sobre técnicas estadísticas, 161 artículos o conferencias dirigidas al gran público, 15 conferencias en congresos, 83 artículos de prensa más 306 colaboraciones con la revista Newsweek, y 40 entrevistas por distintos motivos.