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II.   RESEÑAS

13.
Diccionario de economistas norteamericanos

Miguel Ángel Galindo Martín

Libro: Biographical Dictionary of American Economists

EN SU Diccionario del diablo, Ambrose Bierce define el diccionario como "perverso artificio literario que paraliza el crecimiento de una lengua además de quitarle soltura y elasticidad. El presente diccionario, sin embargo, es una obra útil". Sin entrar en la validez o no de dicha definición, cabe señalar que, respecto a la obra objeto de esta reseña, no es válida la primera parte de la aseveración, pero sí la segunda, a pesar de ofrecer algunas limitaciones. Como se expondrá a lo largo de esta reseña, el libro objeto de este comentario ofrece un estudio útil de las aportaciones de los economistas considerados, lo que supone un punto de partida y de referencia para todos aquellos que estén interesados en la evolución del pensamiento económico norteamericano (estadounidense y canadiense).

En efecto, el Diccionario biográfico que edita Ross B. Emmett cubre un hueco importante respecto a los autores norteamericanos y a las aportaciones que éstos han E venido haciendo, ya que las publicaciones dedicadas a ellos son menos numerosas que las correspondientes a los británicos. Y ello a pesar de que muchas de sus contribuciones han sido de gran interés, teniendo gran influencia sobre el pensamiento económico a escala internacional.

Este tipo de publicaciones tiene que enfrentarse a diversos problemas, básicamente de contenido, que el editor ha tratado de resolver a través de criterios que expone claramente en su introducción.

En este sentido, uno de los problemas, y posiblemente el más significativo, es el que se refiere a los economistas a incluir en la obra. En concreto, los más o menos 400 economistas que se incluyen en los dos tomos han sido escogidos bajo dos criterios fundamentalmente. En primer lugar, aquellos autores que han hecho alguna aportación de interés hasta mediados de los años cincuenta del pasado siglo, descartando aquellos que, a pesar de exponer ideas económicas, no se considere que han llevado a cabo su tarea dentro de este campo. Un ejemplo de exclusión, que expone el propio editor, es el de Frank Baum autor de El Mago de Oz, cuento que, como es sabido, es considerado como una aportación dentro del debate sobre bimetalismo existente fundamentalmente a finales del siglo XIX. En segundo lugar, que sean o hayan sido residentes en Estados Unidos y/o Canadá.

El segundo problema inherente a este tipo de publicaciones es el referido a qué debe incluirse en cada término. En este caso, su estructura comprende tres partes. En primer lugar, un breve bosquejo histórico del personaje. En segundo lugar, sus aportaciones al ámbito económico. Y, finalmente, sus principales escritos, así como otras publicaciones que hacen referencia al autor o a su obra. Obviamente, la extensión de los términos es distinta según la relevancia del personaje, ya que podemos encontrar desde autores a los que se les dedica media página hasta las casi diez páginas centradas en la vida y obra de Galbraith. Cada una de las voces está firmada por su autor, y el listado de ellos nos muestra a unos noventa colaboradores que desarrollan su actividad en universidades, principalmente norteamericanas y europeas. Cuando se cita en el texto a otro autor que va a ser también objeto de estudio, su apellido se escribe en mayúsculas, lo que permite al lector acudir a dicha voz para así completar la información.

Ross B. Emmett

En la lista de economistas que son objeto de estudio en este Diccionario encontramos a los más relevantes de las principales escuelas de pensamiento norteamericanas, desde los de la Escuela Constitucional, hasta los de la Keynesiana o la de Chicago, así como a las economistas más representativas, lo que le permite al lector conocer los planteamientos de las mujeres en el pensamiento económico norteamericano.

También hay que tener presente que no sólo los grandes economistas o los más conocidos aparecen en el diccionario, sino también otros que no lo son tanto, como son los casos de William Penn y Leon Marshall, por citar sólo algunos ejemplos.

Junto a estos aspectos positivos, hay que señalar otros no tan favorables, pero que, en conjunto, no desmerecen la obra. En primer lugar, hay que destacar la limitación geográfica a la que se hace referencia. En este sentido, el título es engañoso, ya que, como hemos indicado, sólo se hace referencia a los autores que han vivido en Estados Unidos y/o Canadá, no haciendo mención a los del resto del continente americano. Ni siquiera cabría considerar Norteamérica, ya que tampoco se incluyen a los economistas mejicanos. En éste último caso, el editor lo justifica considerando que sus aportaciones son muy recientes.

En segundo lugar, no todas las corrientes están representadas, ya que no hay autores postkeynesianos, austriacos ni nuevos keynesianos, entre otras corrientes, lo suficientemente representativos.

En este ámbito de "olvidos", o no incorporaciones, se echan en falta algunos autores que no sólo tuvieron gran importancia en la creación y desarrollo de escuelas de pensamiento dentro del territorio norteamericano, sino una gran influencia en el pensamiento económico a escala mundial. En este sentido, hay que señalar los casos de Mises y de Hayek. Como es sabido, el primero huyó a Estados Unidos de los nazis y fundó la Escuela Austriaca en este país, siendo publicadas gran parte de sus aportaciones teóricas antes de la década de los cincuenta. Por su parte, Hayek pasó más de una década en la Universidad de Chicago.

En este orden de cosas, se podría haber hecho alguna excepción a la hora de incluir autores en el Diccionario. Algunos premios Nobel no aparecen en este libro porque sus publicaciones o aportaciones más significativas surgieron después de la fecha considerada como límite. Ello es discutible en algunos casos, como por ejemplo el de Mundell, ya que algunos de sus artículos se publican a mediados de los años cincuenta. En otros casos, el reconocimiento internacional que supone la concesión de dicho premio justificaría por sí mismo su inclusión. Asimismo, la incorporación de algunos economistas, como por ejemplo Paul Davidson, vendría justificada por la necesidad de contar con representantes de las escuelas de pensamiento representativas, en este caso la postkeynesiana, teniendo en cuenta además su aportación a escala internacional.

Por último, hay que señalar también que, en ocasiones, la exposición de las aportaciones de algunos autores no es tan completa como era de esperar. Un ejemplo de ello es el caso de Abramovitz, en cuya entrada no se menciona su concepto de social capability y, sobre todo, de Robert Solow, al que se dedica prácticamente una página, sin desarrollar, entre otras cuestiones, su aportación al crecimiento y la influencia posterior que ha tenido.

A pesar de los puntos negativos que acabamos de señalar, el Diccionario es una obra interesante y útil para todos aquellos que quieran conocer la evolución del pensamiento económico estadounidense.