V. O B I T U A R I O
22.
Peter F. Drucker
(1909- 2005):
In memoriams
Guido Stein
En edad muy temprana supe que
era probable que pudiera escribir bien... y
que escribir era quizá lo único que podría
hacer bien", afirmaba Peter Ferdinand
Drucker en uno de sus libros, Escribir. Esa
fue la respuesta que daba en 1992 a la
pregunta: Usted ¿a qué se dedica? Hasta
los 96 años ha seguido haciéndolo. "Desde
que tenía veinte años escribir ha sido el
fundamento de todo lo que he venido haciendo,
como, por ejemplo, enseñar y hacer
consultas a empresas". En los últimos
sesenta años, el padre del management, el
creador de la gestión, como ya se le conoce,
ha escrito treinta y siete libros. Entre
sus obras, curiosamente, hay dos novelas
muy conseguidas: The Last of All Possible
Worlds (1980) y The Temptation to Do Good
(1984).
A su treintena larga de libros hay que
añadir muchas decenas de artículos, tanto
científicos como periodísticos. A título de
ejemplo, puede constatarse que es el autor
que más trabajos ha publicado en la prestigiosa
Harvard Business Review.
Del mismo modo que el microprocesador
expandió las posibilidades de las
máquinas, Peter Drucker ha logrado expandir
durante más de medio siglo nuestras
mentes. Es un preeminente filósofo
de los negocios del siglo XX y también
del siglo XXI. A él se le atribuye la creación
del concepto management y la hazaña
de elevarlo a disciplina práctica. Su rigor
intelectual y científico le separan del grupo
de los pensadores futuristas. Su gran
capacidad consiste en una habilidad innata
de interpretación del presente.
"Cuando la gente me pregunta sobre
qué escribo, mi primera reacción es evasiva.
He escrito bastante sobre economía,
pero ciertamente no soy un economista.
He escrito bastante sobre historia, pero
ciertamente no soy un historiador.
También he escrito prolijamente sobre
política y Estado, pero, aunque comencé
como politólogo, hace años que abandoné
ese campo. Tampoco soy un sociólogo al
uso.A pesar de todo, sé muy bien (y lo he
sabido desde hace años) lo que intento
hacer.Me considero a mí mismo como un
ecologista social. El objeto de mi estudio y preocupación es el entorno creado por
el hombre, incluido él mismo, de modo similar
a como el ecologista estudia el entorno
biológico".
La cosmovisión druckeriana es más
deudora de la percepción intuitiva del
mirar que del análisis. Si bien Drucker es
un verdadero maestro en el arte de pasar
de lo obvio a lo recóndito: "Mi fuerza más
grande como consultor es ser ignorante y
hacer algunas preguntas".
Los fundamentos
del pensamiento de Drucker:
Austria y Alemania
Drucker era un vienés nacido en 1909
en el seno de una familia culta, fermento
de su vocación literaria y de su inquietud
intelectual. Estudió Derecho en Hamburgo
y Francfort, mientras trabajaba, primero
en una empresa exportadora y, luego,
como periodista en el Frankfurter General
Anzeiger. La tesis para su doctorado en
Derecho versó sobre las llamadas formas de
cuasi-gobiernos (quasi-Regierungen), como
las rebeliones, los gobiernos en el exilio o
las colonias en vías de independizarse.
En una carta, hace un par de años, me
decía con la finura que le caracterizaba:
"on revient toujours à son premier amour, toda
mi obra fluye de mis trabajos de los años
treinta. Contemplo como unidas sin solución
de continuidad mis obras sobre empresa,
sociedad y filosofía política; la mayoría
de mis críticos, especialmente los
americanos, no lo captan en absoluto".
Siempre intentaba anticiparse al futuro,
pero no haciendo la pregunta de cómo
será, sino: ¿qué deseamos emprender hoy
para construirlo? Prefería prolongar las
tendencias en lugar de profetizar los acontecimientos.
Éste es el modo de aproximarse
fructíferamente a los cambios profundos,
que, a menudo por soterrados, no
se perciben en el horizonte de nuestra
mirada, habituada a la continuidad predecible.
El padre del management:
USA
En 1941 publicó The Future of Industrial
Man, allí advirtió que la sociedad
post-industrial se orientaba hacia una sociedad
de organizaciones y que los problemas
de jerarquía, función y ciudadanía
en estas organizaciones, así como los que
se refieren a su gobierno, serían temas
fundamentales de la segunda posguerra.
"Este libro también echó los cimientos de
mi interés en la administración de las instituciones,
y me permitió abordar el estudio
del management. Fue también la obra
que, pocos años después, movió a General
Motors a proponerme que analizara su
estructura superior y sus políticas empresariales.
Después, gracias a este trabajo, se
originó mi primer libro acerca propiamente
del management: Concept of the
Corporation (1946)".

Una anécdota curiosa es que, antes de
ser llamado por la General Motors, Drucker
intentó elaborar estudios de otras empresas,
que se negaron a tal propósito; por
ejemplo, el presidente de Westinghouse encontró
el enfoque druckeriano, que hablaba
de autonomía, descentralización, responsabilidad,
etc., como una variedad vienesa
del bolchevismo.
Ya en esos comienzos Drucker demostró,
una vez más, su singularidad y su
capacidad creativa al aplicar el análisis
político al estudio de las corporaciones.
"Quizá el problema más difícil y acuciante
del liderazgo es el de la conversión
de un técnico especializado, necesario en
la dirección día a día del negocio, en la
personalidad bien formada, capaz de juicio,
que se precisa en los puestos donde
se elabora la política (policy-making positions).
Las tesis de Drucker entonces no satisfarían
ni a los directivos, porque reclamaba
autonomía para los trabajadores, ni a los
sindicatos, porque exigía a los empleados
responsabilidad e iniciativa en el desempeño
de su tarea, es decir, asumir a su nivel
una actitud directiva.
Sin embargo, Drucker no se desanimó y
siguió felizmente con sus reflexiones, fuesen
o no oportunas. Sabía lo que quería decir
y lo decía, sin preocuparse de agradar,
en una coherencia que ha sido constante
en toda su vida.
El arte de gobernar
En el verano de 1998 le preguntaba
por qué ninguno de los trabajos sobre su
obra (que son comparativamente muchos
más que los dedicados a otros grandes
autores contemporáneos) menciona
sus profundas convicciones antropológicas,
filosóficas y religiosas. El propio
Drucker me dio la respuesta en carta del
31 de julio: "Porque todos los que han
escrito sobre mí me han tratado sólo como
un autor de dirección y administración
de empresas, lo que no soy".
De Drucker se ha de decir, ante todo,
que es un hombre de nuestro tiempo, al
que nada de lo que acontece a su alrededor
le es ajeno. Esa visión pluridimensional
y sintética –de auténtico humanista–
le ha permitido adelantarse a su tiempo.
Ahora bien, esa misma óptica universal
hace de él un hombre raro para nuestro
tiempo, tan miope en su especialización.
Nunca perdió de vista el hecho de que,
para que una teoría o un concepto sea útil,
debe traducirse en última instancia en el
lenguaje y el contexto de los directivos y
de la acción de éstos en las empresas. "Yo
siempre he sido un teórico y un práctico.
De hecho, mi extensa experiencia consultora
ha sido a lo largo de toda mi vida mi
laboratorio, y todas mis teorías han sido sucesivamente
comprobadas en la práctica".
En su última obra se lee un texto antológico:
"Por supuesto que hay diferencias entre dirigir una cadena de minoristas y
una diócesis católica (aunque, en cuanto
organizaciones, sorprendentemente menos
de lo que el gestor de la cadena o el
obispo puedan creer); entre dirigir una
base aérea, un hospital o una compañía
de software. Los directivos de todas esas
organizaciones emplean aproximadamente
la misma cantidad de su tiempo en los
problemas de las personas, y los problemas
de las personas son casi siempre los
mismos. El noventa por ciento de lo que
preocupa a estas organizaciones es genérico.
En toda organización, mercantil o
no, hay que ajustar sólo ese diez por ciento
de management".