Libros de Economía y Empresa - Fundación Caja Duero

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I.   DEBATES

De izquierda a derecha, los presidentes Perón, Alfonsín y Menem

2.
Balance de las reformas de las economías latinoamericanas: Argentina.

I. Visiones sobre la crisis argentina

Libro: "La Economía Argentina. Desde sus orígenes hasta principios del siglo XXI"

Javier A. González Fraga

Este libro de Aldo Ferrer es un clásico, editado por primera vez hace más de 40 años, y con más de 100.000 ejemplares vendidos. Fue editado por segunda vez en 1973 y nuevamente en el 2004, y en cada edición se actualizó la última parte de acuerdo con agitada evolución de la economía argentina. Sobre el autor podría decirse que es un auténtico y muy consistente representante de la escuela estructuralista, donde han militado Celso Furtado y Helio de Jaguaribe, y se siente la influencia del Raúl Prebisch de la CEPAL, enfrentado desde siempre con la visión neoliberal monetarista.

Aquella primera edición de 1963 reflejaba la sensación de frustración que teníamos los argentinos por la falta de un proyecto de desarrollo industrial vigoroso, como el que caracterizaba a nuestro vecino Brasil. Aquel era un libro esperanzado, casi ingenuo por el énfasis en lo técnicoteórico, que se concentraba fundamentalmente en la necesidad de lograr una integración nacional y regional alrededor de un proyecto industrial que superase al modelo agroexportador que se había derrumbado con la crisis de 1930. La situación económica de la Argentina de entonces se caracterizaba por un nivel bajo de crecimiento, cierto aislamiento internacional, y el atraso tecnológico consecuente. Pero no había llegado todavía la etapa de los ciclos de euforias y colapsos financieros.

En la segunda edición, de 1973, Aldo Ferrer incorpora la descripción de la Argentina a la que redefine como semiindustrial dependiente, donde lo económico se enlaza sutilmente con las estructuras de poder y aparece toda la temática de la dependencia. Ésta ya es la visión apasionada de quien ha participado activamente en política como ministro de Economía de la Nación, entre otras muchas responsabilidades. Pero las ideas de Ferrer no fueron las que se impusieron en aquellos tumultuosos años 70, sino las de los que defendían políticas que hoy etiquetaríamos como neoliberalismo financiero, que en su versión autóctona rigió por las siguientes tres décadas.

La tercera edición es el racconto, seguramente definitivo, de esta historia, en el que, con más contundencia que en las anteriores ediciones, Aldo Ferrer describe los males generados por esos 30 años de hegemonía neoliberal, hasta su colapso aparentemente definitivo en 2001.

Pero el libro es mucho más que una descripción de lo que nos ha sucedido en estas últimas décadas. El trabajo comienza con la descripción de la situación económica y social de una colonia española "olvidada" por carecer de oro, plata, azúcar o café, que fueron los determinantes del desarrollo regional en los siglos XVI y XVII. Finalmente, en esa época, el atractivo de Buenos Aires era únicamente su ventaja potencial como puerto sobre el Atlántico para llegar a las minas del Potosí, y, posteriormente, la tentación del contrabando para superar el aislamiento a la que lo sometía el monopolio del abastecimiento desde Lima.

Después, en la segunda parte, Ferrer describe la evolución de Buenos Aires, conjuntamente con el surgimiento de las estancias a partir de la apropiación de tierras y ganados. En la Argentina este proceso estuvo muy ligado a las concesiones otorgadas primero por la Corona, y posteriormente por influencias, amistades o méritos militares antes que por la disposición a trabajar las tierras "conquistadas", como se hizo en los Estados Unidos, como lo destaca el autor más adelante.

En la tercera parte del libro Ferrer describe la Argentina que, a comienzos del siglo pasado, el Diccionario Enciclopédico Larousse definió como el país que, por sus riquezas y capacidad de sus habitantes, estaba destinado a rivalizar con los Estados Unidos por el liderazgo mundial. Ferrer señala a la excesiva concentración de la riqueza y a la rígida estratificación social, heredados de la situación colonial, como las causas del fracaso de aquella ilusión. El estanciero no es un farmer, sino más bien un rentista que le cobra al inmigrante, que es su arrendatario. Es interesante y muy original su argumentación sobre el interés de las clases dirigentes, fundamentalmente terratenientes exportadores, en mantener la moneda devaluada, la inflación alta y los impuestos bajos, para consolidar sus ventajas económicas.

La cuarta parte del libro está dedicada al período que va desde la crisis del 30 hasta el golpe militar del 76. Este período, que primero Ferrer llamó la industrialización no integrada y posteriormente dependiente, tiene dos mitades bien diferentes. En la primera, que incluye algunos años del gobierno del General Perón, se aprecia un relativo reordenamiento post crisis, que se destaca por la positiva influencia del economista y funcionario Raúl Prebisch, del cual justamente Aldo Ferrer fue discípulo y amigo. En esos difíciles años para todo el mundo, la economía argentina se desenvuelve relativamente bien. Pero, a partir de 1950, los problemas inflacionarios se agudizan, y con ellos los desequilibrios fiscales y externos. Por entonces, el poder económico se traslada a los sectores vinculados a las finanzas, a la industria sobreprotegida y a los proveedores del Estado. Y consecuentemente se agudizan el atraso agropecuario y los desequilibrios regionales.

En esta parte, y en la siguiente, que cubre el final del siglo, Ferrer introduce dos conceptos que no aparecían en las ediciones anteriores, y que resultan claves para entender su mensaje final: el de globalización y el de densidad nacional.

Ferrer sostiene que la globalización tiene una influencia muy superior a la real internacionalización de las economías, a través de su peso en la información y en las finanzas.Y, por lo tanto, determina una estructura de poder y una influencia en las expectativas que poca relación tiene con el peso de la economía realmente globalizada.

Casa Rosada, Buenos Aires (Argentina)

También define Ferrer a la densidad nacional como una medida de consistencia o cohesión interna económica y social, que es fundamental para lograr que un proyecto nacional sea compartido y exitoso. Sostiene que solamente una sociedad sin grandes fracturas ni exclusión de segmentos importantes puede tener continuidad en las reglas de juego y protagonizar un proceso de crecimiento exitoso.

Como ya fuera expresado, los últimos 30 años fueron dominados por la versión autóctona del pensamiento neoliberal, que sirvió para impulsar el enriquecimiento a través de la especulación financiera y provocar la mayor sucesión de crisis bancarias, fiscales y externas de nuestra historia. En estos años, el PIB per cápita estuvo estancado, pero en ese lapso la relación entre el 10% más rico y el más pobre pasó de 8 veces a más de 40 veces. Como consecuencia de esto, desapareció la gran clase media que caracterizó a la Argentina, y apareció la pobreza, con su enorme carga de marginalidad y exclusión.

Este interesante libro finaliza en los primeros años de la recuperación reciente concluye con un mensaje esperanzado, pero prudente: solamente una sociedad unida alrededor de un proyecto que considere los intereses nacionales permitirá superar muy paulatinamente la frustración acumulada en el siglo pasado.

En suma, un libro que mantiene la actualidad, y sigue siendo de consulta obligatoria para quienes deseen encontrar una explicación del fracaso argentino. Su principal virtud, en comparación con otros textos sobre la misma temática, es la capacidad de integrar el análisis histórico con la explicación económica, sin desatender lo social y lo político.

Las otras dos obras que cubre esta reseña son de mucha menor entidad que la de Aldo Ferrer, tanto por el alcance del tema como por la profundidad pretendida por los autores. En el libro de Elio Rodolfo Parisí y Ángel Rodríguez Kauth, Claves de la Argentina del Siglo XXI, se publican ensayos de los autores elaborados a partir de la crisis de 2001.

En los mismos se cubren las cuestiones socio-psicológicas que surgieron como consecuencia de los cambios económicos y políticos que detonó primero la gran recesión de 1998, después el colapso político del gobierno del Presidente de la Rúa y, finalmente, los ajustes económicos que produce el abandono de la convertibilidad cambiaria.

El libro tiene el acierto de describir la bronca creciente que imperó en la parte más vulnerable de la sociedad, a partir de un desequilibrio económico insoslayable durante la "década menemista" y su posterior identificación en el "movimiento piquetero". Este pasaje parte de la exclusión del "no trabajador", que se transforma en protagonista en diciembre de 2001, al voltear un gobierno constitucional y erigirse en "alguien" identificado como piquetero. Este proceso de autoidentificación genera el surgimiento de una conciencia y de una solidaridad, en toda la sociedad, que es bastante infrecuente, y está muy bien relatada en algunos capítulos de esta recolección de artículos de los autores.

También son interesantes, y desde ya muy discutibles, algunos atributos asignados a la sociedad argentina por su comportamiento en esos años. La hipocresía, la queja permanente, la mentira o la trampa tienen su explicación, según los autores, en ese contexto tan difícil de la caída de la convertibilidad, después de la "fiesta consumista" de los noventa.

Coinciden las autores con Aldo Ferrer al insistir en la necesidad de construir una identidad nacional, como paso previo a una maduración más permanente en la tarea de construcción de una nación más justa y solidaria.

En el trabajo de Fabián Repetto y Guillermo V. Alonso, La Economía Política de la Política Social Argentina: una mirada desde la desregulación y la descentralización, la temática es esencialmente la política de desregulación y descentralización en áreas sociales llevada a cabo por la administración del Presidente Carlos Menem. El informe, de 56 páginas, está incluido en la Serie Políticas Sociales de la CEPAL.

En la primera parte del trabajo se describe la matriz socio política que permite el planteo por parte del Presidente Menem de las políticas de transformación del área social. Se destacan las condiciones favorables que heredó ese presidente a partir de las tendencias al debilitamiento de las mismas durante el proceso militar, agravadas por la hiperinflación del gobierno del Dr. Raúl Alfonsín.

La sociedad, temerosa del colapso económico, aceptó casi sin cuestionamientos, el desmantelamiento de las regulaciones que protegían los derechos de los trabajadores, la mayoría elaboradas durante los gobiernos justicialistas de décadas anteriores.

En este proceso existieron razones de mercado, que estaban verdaderamente basadas en la necesidad de lograr una mayor competitividad, especialmente a partir del abandono de la política monetaria y cambiaria que implicó la convertibilidad, que se tradujo en un elevado atraso cambiario.

Lo realmente creativo del trabajo de Repetto y Alonso es la explicación de las concesiones o "pagos compensatorios" que el gobierno de esa época decide para seguir contando con el apoyo, o por lo menos el silencio, de los principales dirigentes sindicales vinculados al peronismo. Pero igualmente llamativa es la afirmación de que el objetivo final para la administración Menem no era la modernización del aparato productivo en una economía abierta, sino la consolidación de una estructura de poder. La prueba de ello, sostienen los autores, es la incorrecta implementación de muchas de estas reformas, que impidieron el cumplimiento de los servicios sociales desregulados y/o descentralizados. Esto se debió a la subsistencia de una serie de superposiciones burocráticas, imperfecciones, ambigüedades y reformas inconclusas, que impidieron que las provincias, o los organismos privados o mixtos creados, pudieran llevar a cabo las tareas que antes recaían en el Estado.

Esta inacción desnuda era, según Repetto y Alonso, la verdadera motivación que perseguía la coalición de poder del gobierno del presidente Menem. No era el propósito principal de estas políticas producir una mejor oferta en materia de educación, salud, vivienda o alimentación para los sectores más necesitados, sino complacer a los líderes sindicales ofreciéndoles el control de las obras sociales, y sus cuantiosas presupuestos. De esta manera, los sindicalistas acompañarían otras reformas, como la constitucional de 1994, de gran interés para los planes políticos de Menem. Sin duda, una propuesta muy audaz, pero muy bien desarrollada en el informe.

II. Entre la ideología, la historia y la ficción

Libro: "La Economía Argentina. Desde sus orígenes hasta principios del siglo XXI"

Alberto Benegas Lynch (hijo)

Como es sabido, el lenguaje resulta indispensable para pensar y para trasmitir pensamientos. Cada concepto se traduce en un símbolo que, a su vez, permite construir silogismos y llegar a conclusiones. El lenguaje resulta de una convención, puesto que no hay correspondencia entre enunciados compuestos por signos y las propiedades y atributos de las cosas y los procesos que conforman la realidad, de lo cual no se sigue que el lenguaje resulte arbitrario. Si fuera así, no habría modo de comunicarse. Este orden espontáneo del lenguaje está inmerso en una secuencia evolutiva. Nos resulta muy difícil entender el castellano antiguo, el inglés o cualquier otro idioma
o dialecto de épocas lejanas precisamente por su carácter evolutivo (salvo las lenguas muertas). En este sentido, los diccionarios son libros de historia, las palabras mutan de significado, aparecen nuevas y desaparecen otras según sea la riqueza intelectual y la fertilidad cultural de los usuarios.

Aldo Ferrer

Ideología es una palabreja que conviene analizarla con cuidado. En estas líneas la utilizaré según su acepción mas generalizada. No me refiero a la definición inocente del diccionario en cuanto a conjunto de ideas. Tampoco me refiero a la concepción marxista de falsa conciencia de clase. Aludo a una trama conceptual cerrada, inexpugnable, pétrea, imposible de modificar. Esto es, una visión fundamentalista y anticientífica, puesto que el conocimiento se basa en corroboraciones siempre provisorias abiertas a posibles refutaciones en el contexto de un azaroso camino de prueba y error, en la esperanza de incorporar alguna porción adicional de territorio en el que sostenernos en el inmenso mar de ignorancia en el que estamos ubicados los humanos.

Para alejarnos de las ideologías, es menester operar en sistemas en donde las puertas y ventanas se encuentren abiertas de par en par al efecto de posibilitar la entrada de la mayor dosis de oxígeno que resulte posible. Los aparatos estatales asfixiantes, basados en la presunción del conocimiento de ingenieros sociales que pretenden moldear a los seres humanos como si se tratara de autómatas, responden a concepciones ideológicas de la naturaleza descripta. Por el contrario, la sociedad abierta y el espíritu liberal son la anti-ideología por antonomasia. Son procesos siempre inacabados y en permanente estado de ebullición que mantienen despejadas las avenidas creativas para que cada uno pueda usar y disponer de lo suyo del modo que lo considere pertinente, y sólo se recurre a la fuerza de carácter defensivo en caso de que se produzcan lesiones a derechos de terceros. En cambio, el planificador de vidas y haciendas ajenas no sólo falta el respeto de los planificados, sino que basa su acción en un espejismo que consiste en suponer que su coordinación coactiva resulta posible si dispone de ordenadores con la suficiente capacidad de memoria para almacenar datos. No se percata de que la información no se encuentra disponible ex ante.

El lector puede hacer una conjetura respecto de lo que hará el mes que viene, la semana que viene o durante el día de mañana, pero, llegado el momento, al cambiar las circunstancias,modificará sus prioridades. Si nosotros mismos no sabemos que haremos en las siguientes horas, mal podríamos imponer la coordinación de millones de arreglos contractuales, en los que incluso ex post la información se encuentra dispersa y presenta dificultades para su debida articulación, puesto que se trata de lo que Michael Polanyi denominó "conocimiento tácito". A todo esto se agrega la dificultad de que, al afectar los derechos de propiedad –tal como enseñó Ludwig von Mises–, se afectan los precios y, por ende, el cálculo económico, la evaluación de proyectos y la propia contabilidad pierden significación en la medida en que se desdibujan los antedichos indicadores y señales en el mercado.

Éste es el caso del libro de Aldo Ferrer La Economía Argentina. Desde sus orígenes hasta principios del siglo XXI (México: Fondo de Cultura Económica, 1963/2004, tercera edición aumentada y actualizada). En general, su obra se asemeja más a un ejercicio de ideología militante que a un texto de historia. Ejemplificaré mas delante en torno a esta observación, pero es de interés señalar que el libro también incluye alguna descripción compatible con la historiografía rigurosa, lamentablemente entremezclada con referencias que pueden catalogarse más bien como de un género estrechamente emparentado con la ficción, lo cual naturalmente se aleja de la disciplina histórica que en el libro de marras por momentos parece contrafactual.

En el Salón Blanco de la Casa Rosada, Buenos Aires (Argentina)

La rigurosidad y la seriedad del autor se pone de manifiesto, por ejemplo, cuando escribe que "[...] el orden colonial fue hostil a la emergencia del espíritu capitalista y configuró estructuras productivas en las cuales prevaleció el subdesarrollo" (p.59). Sorpresiva manifestación en verdad, ya que se contradice con prácticamente todo lo escrito en el libro, puesto que patrocina un régimen colonial cerrado y antiliberal tal como también lo enfatiza en otro de sus libros que lleva el sugestivo título de Vivir con lo nuestro (Fondo de Cultura Económica, 2002). Este libro está construido sobre un andamiaje más bien xenófobo y tal como lo intentó aplicar cuando fue ministro de economía de facto en la época militar, a través de la imposición del Banco Nacional de Desarrollo para poder manipular a su arbitrio la economía (manejar las "palancas del desarrollo" tal como era afecto a describir la andanada de sus regimentaciones, como si las relaciones interindividuales fueran un aparato que debe domarse), lo cual produjo uno de los tantos descalabros mayúsculos en la sufrida economía argentina.

Aquella manifestación de sensatez que dejamos consignada queda anulada por sus incursiones en la ficción y en la ideología. El primer caso se pone de relieve, por ejemplo, en el título y el contenido de la Quinta Parte (pp.289-359): "La hegemonía neoliberal (1976-2001)". Dejemos de lado la etiqueta de neoliberal, ya que se trata de un concepto vacío y fabricado para apuntar con un indisimulado disimulo al liberalismo y a la consecuente sociedad abierta, puesto que ningún intelectual de peso se autotitula hoy con esa denominación atrabiliaria. En todo caso, a gobiernos que aumentaron sideralmente el gasto público, el endeudamiento estatal, el déficit fiscal y la presión tributaria, en el contexto de la ausencia mas completa de la división horizontal de poderes y la inexistencia de todo contralor republicano, no se los puede tildar –con algún viso de rigor– de liberales, y menos hegemónicos.

A esta curiosa interpretación, el autor agrega un no menos curioso apartado del género de la ficción en la Sexta Parte, que titula "Derrumbe del modelo neoliberal" (p.367), en la que sugiere que las crisis inauditas de la economía argentina resulta que son consecuencia de la libertad de los mercados, la competencia y marcos institucionales civilizados de respeto a los derechos de propiedad, en lugar de atribuirlos a la acción demoledora de aparatos estatales hipertrofiados y de gobernantes megalómanos que usaron vidas y haciendas ajenas del modo más desaprensivo que pueda concebirse. Pero el autor no se amedrenta y termina su libro recomendando "una política fiscal y monetaria activa" (p.370), que en el léxico de la profesión implica que las estructuras de fuerza, que teóricamente, y según las mejores tradiciones argentinas, se han constituido con poderes limitados para proteger los derechos de todos, redistribuirán coactivamente ingresos a través de herramientas tributarias, y la banca central manipulará la base monetaria, la tasa de interés y el tipo de cambio. Es decir, insistir en la misma política que lamentablemente ha dominado el escenario argentino durante los últimos sesenta años.

Vamos a la ideología, esto es a los sistemas cerrados e inexpugnables, vinculados en su raíz con lo que el premio Nobel en Economía Friedrich A. Hayek ha bautizado como racionalismo constructivista: la pretensión de diseñar la sociedad en lugar de descubrir órdenes que responden a la naturaleza de las cosas. La pretensión de desconocer el significado y la trascendencia de lo que Adam Smith bautizó como "la mano invisible" o, en otro plano de análisis, lo que modernamente explica Israel Kirzner en cuanto a las falacias de los modelos de equilibrio y competencia perfecta que se traducen en la ausencia de competencia, puesto que allí donde se supone "conocimiento perfecto" no hay posibilidad de arbitrajes ni de actividad empresarial.

Uno de los tantos ejemplos de racionalismo constructivista, o ideología en el sentido antes definido, puede comprobarse en el grado en que se aparta el autor del texto comentado respecto de uno de los pocos puntos en que –según Milton Friedman– los economistas profesionales estamos más de acuerdo. Se trata de las ventajas de comprar barato y de mejor calidad del exterior cuando esta situación no se presenta dentro de las fronteras de un país. Así, el doctor Ferrer patrocina la sustitución de importaciones recomendando que cuando disminuyen las exportaciones, se deben "adoptar medidas de tipo compensatorio (financiamiento del déficit fiscal y de parte de la inversión privada mediante la creación de medios de pago ), que permitirá mantener los niveles de la demanda global mediante la expansión de los gastos de consumo del sector público [...] Alternativamente, pueden restringirse compulsivamente las importaciones por la aplicación del control de cambios y el otorgamiento de divisas para importar sólo a las personas autorizadas, o por el aumento de los derechos de aduana, o por la fijación de cuotas de importación, o por la prohibición lisa y llana de ciertas importaciones o, finalmente, por una combinación de varios de estos sistemas" (pp.205-6). Bajo esta lupa, y con este criterio, pretende describir la historia argentina en la obra a que nos venimos refiriendo.

Con el doctor Ferrer somos colegas en la Academia Nacional de Ciencias Económicas, aunque el no asiste a las reuniones y seminarios. El motivo de dichas inasistencias se debe a lo que le expresó a dos de los distinguidos miembros de la corporación en el sentido de que la Academia se parece a "un club de neoliberales". No es procedente insistir con el invento inexistente del neoliberalismo al que ya hemos aludido, sólo apuntamos que en la Academia –tal como corresponde a los ámbitos de estudio y de investigación– se presentan muy diversas manifestaciones de las distintas corrientes de pensamiento y se examinan muy diversos andariveles. Así se observan criterios que provienen de la Escuela del Public Choice, Rational Expectations, Law & Economics, Escuela de Chicago, Escuela Austriaca, Escuela de Lausana, Escuela de Cambridge, especialistas en econometría, en teoría de los juegos, estudiosos de asimetrías, costes de transacción, aplicaciones de la economía a campos tradicionalmente ajenos a esta disciplina, aspectos epistemológicos sugeridos por Vernon L. Smith, académicos que no se identifican con ninguna de las líneas de investigación mencionadas y los más que toman aportes de distintas vertientes, pero todos están atentos a las nuevas contribuciones que corren la frontera de la ciencia. Aparentemente, el doctor Ferrer prefiere mantenerse al margen de estos debates pluralistas, donde con tanto provecho se confrontan teorías rivales y elige repetir lo que ha venido diciendo en las pasadas décadas, porque, a diferencia de lo que ha ocurrido en otros casos de actitudes que revelan cierta capacidad para la acrobacia y la pirueta descarnadamente oportunista, hay que reconocerle al autor de esta peculiar historia de la economía argentina que siempre se ha mantenido incólume en su mensaje editorial.

Hace ocho años, en una de mis cátedras en la Universidad de Buenos Aires, había vencido el término estipulado en un concurso que gané como profesor titular y, consecuentemente, se constituyó un tribunal para considerar la dirección de la cátedra en cuestión. Sabia de antemano que presidiría el jurado el doctor Aldo Ferrer, lo cual significaba un primer paso en un preanunciado cambio de rumbo, debido a lo cual cinco colegas, también titulares, me sugirieron no presentarme al referido concurso con la intención de renovar mi designación. Sin embargo, lo hice a sabiendas del resultado, como un gesto de consideración a mis alumnos y ex alumnos de aquella cátedra.

Tal como parecía anunciado, finalmente me ubicaron en una posición respecto de otros candidatos que aseguraba mi eliminación, enmascarando el tránsito de la mejor manera que les fue posible hacerlo. De todos modos, en aquella ocasión tuve el inmenso placer de articular una larga exposición sobre distintos aspectos técnicos que mi circunstancial audiencia cautiva tuvo que escuchar pacientemente. Pero lo relevante es que en no pocas cátedras de esa Universidad se recomienda el texto al que nos hemos referido en estas breves líneas y algunos otros de tenor equivalente. Estudiantes que no han tenido la oportunidad de explorar otras avenidas, egresan con una serie de prejuicios y una manifiesta incapacidad para analizar los fenómenos más destacados de la economía mundial. En algunos casos, cuando han tenido la posibilidad de encarar estudios de posgrado en donde se abren otros horizontes, los alumnos reiteradamente expresan enorme gratitud, pero, lamentablemente, el tiempo perdido no se recupera.

Merced a los espacios de sociedad abierta que aún perduran en la Argentina contemporánea y que Aldo Ferrer tanto combate, puede, con justificado derecho, continuar pregonando sus recetas y sus personales descripciones de diversos hechos económicos. El futuro dirá si prevalecerá la filosofía de los ingenieros sociales o si la Argentina retornará a políticas que convirtieron a ese país en uno de los más admirados del orbe, consecuente con los consejos alberdianos que se abandonaron a partir de las maquinaciones fascistas de los años treinta, que se acentuaron grandemente a partir de la década siguiente, todo lo cual es naturalmente ignorado en la obra a que nos hemos referido aquí escuetamente.