Libros de Economía y Empresa - Fundación Caja Duero

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II.   RESEÑAS

15.
Privatizaciones en Nueva York

Francisco Cabrillo

Libro: "Privatization in the City. Successes, Failures, Lessons"

El que fue famoso alcalde de Nueva York, Fiorello LaGuardia, dijo una vez que no existe un método demócrata o republicano para limpiar las calles de una ciudad. La tesis de este libro es, sin embargo, justamente la contraria: en Nueva York, como en muchas otras ciudades, el "método demócrata" consiste en atribuir esta tarea a la Administración pública, que la realiza, en régimen de monopolio, con sus propios empleados. El "método republicano" se basa, en cambio, en introducir competencia en la prestación del servicio y en permitir que, en diversos barrios de la ciudad, se ocupen de esta actividad empresas privadas cuya eficiencia y coste puedan ser evaluados por el Ayuntamiento y sirvan de criterio para escoger las compañías que presten el servicio en el futuro.

Y son este "método republicano" y el alcalde que decidió aplicarlo a la ciudad de Nueva York, Rudolph Giuliani, los protagonistas de Privatization in the City. Giuliani es conocido en todo el mundo por haber convertido su ciudad en una de las más atractivas y seguras del mundo, cuando años antes era el ejemplo más utilizado cuando se hablaba de inseguridad en el medio urbano. Al llegar a la alcaldía en 1994, Giuliani endureció de forma notable la lucha contra los delincuentes, lo que lo convirtió en un político extraordinariamente popular. Pero la obra que llevó a cabo mientras presidió el ayuntamiento fue mucho más amplia. Y uno de sus aspectos más relevantes fue su política de privatizaciones y la puesta en marcha de estrategias de colaboración con el sector privado para mejorar la gestión de los servicios municipales. No era Giuliani el primer alcalde estadounidense en intentarlo. Otras ciudades del país llevaron a cabo programas semejantes. De hecho, a finales de la década de los 90, una ciudad media estadounidense tenía en torno al 25% de sus servicios suministrados por empresas privadas. Antes que Giuliani, el alcalde de Indianápolis, Stephen Goldsmith, se había convertido en una figura internacional en el campo de las privatizaciones, tras aplicar un eslogan muy simple que pronto se hizo famoso: consulte las páginas amarillas de la guía telefónica, y si hay al menos tres empresas que prestan un determinado servicio, no será el ayuntamiento quien lo ofrezca a los ciudadanos en las mejores condiciones.

Manhattan (Nueva York)

No era ésta, sin embargo, la actitud dominante en Nueva York . En una ciudad de mayoría demócrata, tales ideas tardaron en ser aceptadas.Al principio de la década de los 90, David Dinkins –el anterior alcalde– se mostraba abiertamente contrario a este tipo de estrategias. Y no era el único. Desde el principio de su mandato Giuliani tuvo enfrente al City Council, que hizo todo lo posible por evitar que las reformas salieran adelante. La reacción contra la reforma no era tampoco un fenómeno nuevo. En su estrategia, el City Council tenía un claro antecedente en una ley del estado de Massachussets del año 1993 aprobada con el objetivo expreso de poner obstáculos a las privatizaciones. Por no mencionar más que un ejemplo, entre las curiosas disposiciones de esta norma hay un artículo que establece que, a la hora de comparar los costes de una oferta privada para la provisión de un servicio con los costes de la gestión pública, no deben tenerse en cuenta los costes reales de ésta, sino los que supondría la gestión pública si se llevara a cabo en condiciones ideales de máxima eficiencia.

No cabe duda de que algunos de los fracasos de Giuliani se debieron a esta resistencia dentro del propio municipio. Pero, ¿por qué esta actitud tan cerrada al cambio? Probablemente la cuestión fundamental no sea tanto que quien preste los servicios sea un organismo público o una empresa privada como el hecho de que pueda existir o no competencia. Para la limpieza de las calles o la recogida de basura es habitual dividir la ciudad en zonas; y cabe, por tanto, que en algunas de ellas los servicios estén en manos públicas, mientras en otras sean empresas privadas las que se encarguen de ellos. En tal caso, los efectos beneficiosos de la privatización se manifiestan incluso en las zonas a cargo del organismo público, ya que los resultados de éste son necesariamente comparados con los obtenidos por los concesionarios en otros barrios.

Uno de los colaboradores más relevantes que tuvo Giuliani en el diseño y puesta en práctica de su política de privatizaciones fue E. S. Savas, quien, en la actualidad, es catedrático de gestión pública en el Baruch College de la City University de Nueva York, y uno de los primeros especialistas mundiales en asociaciones público-privadas para la prestación de servicios públicos. Savas había ocupado un puesto relevante en la Administración de la ciudad de Nueva York a finales de los años 60; pero sus proyectos de introducir competencia en la gestión municipal y buscar la participación de la empresa privada en el suministro de servicios públicos no recibieron en su día apoyo alguno por parte de las autoridades de la ciudad. Hubo que esperar 25 años para que estas ideas salieran del cajón y se pusieran en marcha.

En este libro, Savas analiza con detalle los procesos de privatización de la era Giuliani. Pero, dado el papel desempeñando por el autor en ellos, la obra tiene también mucho de reflexión personal sobre lo que se hizo, lo que tal vez se podría haber hecho y lo que no se consiguió. El subtítulo del libro, Éxitos, fracasos, lecciones, describe bien lo que el autor tenía en mente cuando lo escribió. Tras un capítulo introductorio, que presenta la teoría general de la privatización de servicios municipales, y otro sobre su desarrollo en las ciudades estadounidenses, Savas se centra en el caso de Nueva York. Giuliani llevó a cabo con éxito la privatización de numerosos activos de la ciudad que poco tenían que ver con los servicios municipales: un hotel, una cadena de televisión, dos emisoras de radio y numerosos edificios, y logró reducir los costes de muchos servicios gracias a la introducción de empresas privadas en su provisión, desde servicios administrativos al cuidado de parques o al mantenimiento de los automóviles de la policía. Pero no logró los resultados esperados en otros sectores tan importantes como el de hospitales o el de administración de prisiones.

Además de un detallado estudio de estos casos, Savas sugiere posibles estrategias a seguir por quienes se plantean llevar a cabo programas de privatizaciones. Algunas son de carácter técnico. Pero la mayor parte se refieren a cómo hacer frente a comportamientos de defensa de privilegios. El punto de partida para quien quiera privatizar es que todo grupo de interés que pueda verse afectado, con los sindicatos de funcionarios a la cabeza, hará lo posible para hacer fracasar el proyecto. Por ello, es importante conseguir el apoyo de la población, poniendo énfasis en las ventajas que obtendrán de mejores y más baratos servicios públicos, e insistiendo en que –en contra de lo que se suele afirmar– el poder público sigue teniendo bajo su control tales servicios tras su apertura a la competencia.

Existen ya bastantes obras dedicadas al estudio de estas cuestiones. Pero si me pidieran que recomendara un solo libro a alguien que quiera entender cuáles son los principales problemas relacionados con la privatización de servicios municipales, éste sería, sin duda, mi elección.