II. RESEÑAS
12.
Tiempo de ocio
y negocio
Fernando González Urbaneja
Este libro es un manual amplio y
completo para estudiosos del sector, también
es una enciclopedia para quienes
tienen que ver con el mismo y necesitan
reflexión y argumentos para tomar decisiones;
y sin duda es un ensayo y una crónica
que evalúa el estado de la cuestión.
Es todo ello al mismo tiempo. Se trata de
un trabajo académico, pero también práctico,
exhaustivo en los datos, profundo en
las reflexiones y bien documentado, que
describe y analiza las características y singularidades
de un sector ambicioso, como
es el del ocio y la cultura, muy antiguo,
pero también novedoso, sometido al rigor
del cambio acelerado, en estado de explosión
en cuanto a públicos y plenamente
globalizado. Un sector que hunde sus raíces
en los orígenes de la humanidad, pero
que forma parte de lo más dinámico de la
economía moderna, con tanto futuro como
oportunidades; pura economía del conocimiento.
El autor, Harold L.Vogel, que además
de ser profesor de la Columbia en Nueva
York ha trabajado como analista para
Merril Lynch, maneja con autoridad herramientas
básicas para el análisis, como
son buena teoría económica, mucha información
bien ordenada y sintetizada,
perspicacia para detectar los cambios
que introduce la tecnología y una envidiable
capacidad pedagógica. Con tantas
bazas, el resultado es un manual sencillo
para cualquier lector, práctico, rebosante
de información y de buen criterio y muy
útil para saber, para enterarse y también
para consultar. De manera que se trata de
un libro que conviene dejar a la mano.
Merece la pena destacar los cuadros denominados
"principales hitos en el desarrollo...", que ilustran la mayor parte de
los capítulos y que proporcionan un resumen
muy preciso y exhaustivo del desarrollo
histórico de cada sector. Sólo por
consultar esos cuadros merece la pena
guardar la obra de Vogel.
Los méritos del libro empiezan por la
propia definición del título: industria,
porque efectivamente estamos ante una
industria que produce bienes y servicios
tangibles, de amplísima y creciente demanda,
que requiere innovación permanente
y que responde a una lógica económica
y financiera específica. Un sector en
el que los factores humanos y tecnológicos
son determinantes, en el que el principal
activo reside en la creatividad y en la
capacidad para crear redes de distribución
y de clientes.
Vogel empieza por definir el concepto
de ocio, entendido como el tiempo de no
trabajo. Un tiempo cada día más extenso
y, por tanto, que ofrece más oportunidades
y que requiere de más recursos, de
más oferta para ocuparlo y transformarlo
en tiempo de utilidad económica. A más
productividad, a más desarrollo tecnológico,
más tiempo de ocio, y por tanto más
oportunidades para esta nueva industria,
con costes de oportunidad y con enorme
capacidad para el crecimiento. Hoy podemos
estimar con fundamento que las industrias
del ocio y de la cultura ocupan
un porcentaje creciente del PIB, en torno
al 10%, hasta convertirse ya, y más aun en
el futuro inmediato, en el primer sector
industrial por tamaño, por valor y por
empleo implicado.
El acierto del autor continúa al integrar
en el mismo trabajo la cultura y el
ocio; todo ello forma parte del mismo
ámbito de interés de los individuos, las
ofertas y las demandas de ocio y cultura,
de información y entretenimiento, que
responden a distintas lógicas y que no
deberían mezclarse en sus fases de fabricación,
aunque discurren por los mismos
canales, muchas veces complementarios,
y que ofrecen evidentes zonas secantes y
tangentes. La producción de películas
afecta a la industria del cine, pero también
a las del vídeo, la televisión, en sus
distintos subsectores y, ahora, también a
Internet. Incorporar todas esas facetas en
el mismo trabajo permite tener muy presente
que, de hecho, son complementarios,
que se influyen, se apoyan, refuerzan
y sustituyen. Todos son sectores en
permanente mutación y adaptación a los
gustos de la audiencia y a las oportunidades y posibilidades del desarrollo tecnológico.
Vogel ha ordenado de la forma más
sencilla y práctica los catorce capítulos
del libro, que se leen de un tirón, para facilitar
el trabajo al lector y también a los
estudiosos. La radio; el cine; la televisión,
tan dinámica hoy, con tantos subsectores
pujantes y competitivos como el cable, el
satélite o el teléfono; la música; la radio; el
libro; los periódicos, las revistas; la emergencia
de Internet; y también los viejos
juguetes, incluidos los videojuegos, que
constituyen hoy una industria de consumo
masivo para determinados segmentos
de edad, especialmente adolescentes y jóvenes.
A cada uno de esos sectores Vogel dedica
un capítulo con datos actualizados,
especialmente del mercado norteamericano,
que suele ser pionero y locomotora
en todos los casos. Y en cada capítulo utiliza
un sistema de análisis económico y financiero
riguroso, en el que no aparecen
las pamplinas de la excepción cultural, la
protección nacional y el miedo a lo que
viene de fuera.
De manera que la obra aborda de forma
muy asequible para el lector la explicación
de las características y de la lógica
interna de cada sector, cómo se financian
sus inversiones, cómo se colocan los productos
en el mercado, cómo cobran, cómo
amortizan activos tangibles o intangibles,
cuáles son las expectativas de
rentabilidad y los criterios que utilizan
analistas e inversores para valorar las empresas
que se meten en estos azarosos negocios.
Vogel repara en sectores que también
forman parte de la industria del ocio, a los
que llama "en vivo", que no requieren de
medios o soportes para llegar al cliente
(lector, oyente o espectador), por su carácter
presencial y que son tan relevantes
como el juego, los deportes espectáculo,
los parques temáticos y recreativos y las
artes escénicas, del circo a la ópera y los
conciertos de música moderna. Masivos
unos y minoritarios otros, pero que todos
ellos encienden pasiones y mueven intereses
complejos.
Para acreditar el carácter de manual,
el autor ofrece unas páginas finales con
cuadros estadísticos, con un glosario de
términos y con una bibliografía, que suman
valor a la obra y la otorgan el carácter
de fundamental para quien quiera
conocer la materia. Las notas a pie de
página ponen de relieve el rigor del trabajo,
la solvencia de las fuentes manejadas
y la complejidad de estas industrias
muy poco convencionales y con peculiaridades
muy interesantes.
Vogel concluye señalando que las industrias
del entretenimiento crecen muy
por encima de la media del conjunto de la
economía, que acentúan los procesos de
integración vertical y global. Lo cual no es
óbice para que su vitalidad no dependa
tanto del tamaño o de la potencia financiera
cuanto de la creatividad de los individuos.
Es decir, industrias que necesitan
los aires de la libertad.