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I.   DEBATES

1.
Castilla y León, una economía en claro crecimiento.

Juan R. Cuadrado Roura

De acuerdo con los últimos datos de la Contabilidad Regional que elabora el INE, al cerrar el ejercicio 2004 Castilla y León alcanzó ya el 93,7% del PIB por habitante estimado para el conjunto de España. Por otra parte, las estimaciones del INE con datos de Eurostat referidos 2004 sitúan a la región en el 92,1% del PIB per cápita de la UE-25, en valores ajustados por la paridad de poder adquisitivo, mientras que España en su conjunto alcanzaba el 98,3% al cerrar ese mismo año. Los datos anteriores no son, sin embargo, los únicos disponibles, aunque sí los que tienen carácter oficial. Las estimaciones realizadas por Julio y Pablo Alcaide para FUNCAS1 (Cuadernos de Información Económica, n. 191, 2006) ofrecen cifras que elevan el PIB por habitante de Castilla y León y que, sobre todo, mejoran su posición relativa dentro de la UE. La causa última es que la estimación del PIB español en la que se basan estos autores supera en 5,77 puntos los valores calculados por el INE2 para 2005, lo cual se traduce en que todas las regiones españolas –aunque con las naturales diferencias derivadas de sus respectivos comportamientos individuales– alcanzan posiciones más favorables dentro de la Unión. En concreto, el índice de convergencia del PIB por habitante de la economía española respecto a la UE-15 (es decir, sin los países de la reciente ampliación) se sitúa así, en 2005, y en valores con paridad de poder de compra, en el 95,3%, frente al 90,2 estimado por Eurostat para este mismo año.

Museo de la Ciencia de Valladolid

Con independencia de estas discrepancias estadísticas, lo que en todo caso resulta innegable es que la evolución de la economía castellano-leonesa en los últimos años ha sido muy positiva. La media de crecimiento de la economía regional en el período 2000-2004 se ha situado en el 3,0%, tasa similar a la media española. Este crecimiento, unido al práctico mantenimiento de la población (que sólo aumentó en 18.455 habitantes entre dichos años), ha favorecido el aumento de la renta media por habitante de la región, que en 2004 se estima que alcanzó la cifra de 18.401 euros por persona.

Una de las consecuencias que ha tenido el buen comportamiento de la economía castellano-leonesa desde los primeros noventa hasta la fecha es que, con independencia del efecto estadístico provocado por la ampliación de la Unión Europea3, Castilla y León no cumple ya los criterios de elegibilidad para poder continuar accediendo en los próximos años a las ayudas que la región venía disfrutando gracias a su calificación como Objetivo 1 de la UE-15. De hecho, incluso utilizando los datos de Eurostat referentes al período 2000-2002, que son los que la Comisión Europea ha tenido en cuenta para determinar qué regiones podrán acogerse a las ayudas previstas para el nuevo Objetivo Convergencia del período 2007-2013, Castilla y León alcanza ya un PIB por habitante ajustado del 78,27% respecto a la UE-15, porcentaje que ascendía al 85,78% al utilizar las cifras regionales de la UE-25. Las profesoras Rosario Pedrosa y Belén Miranda se habían planteado ya las razones de esta posible exclusión –siquiera en parte– de las ayudas comunitarias en el libro que figura en el encabezamiento de este artículo, donde además aportan interesantes comentarios sobre la evolución de las regiones de la UE en su conjunto y los rasgos más característicos de la economía de Castilla y León.

Los datos a los que se acaba de hacer referencia invitan a plantearse algunas preguntas sobre la evolución de la economía castellano-leonesa. Preguntas a las que los textos de J.Villaverde y de J. Alcaide ofrecen interesantes argumentos y análisis, además de una amplia y rica información estadística que puede permitir que cualquier lector extraiga sus propias conclusiones.

La primera cuestión que cabe plantearse se refiere, sin duda, a qué factores son los que han impulsado el crecimiento económico de Castilla y León. El profesor J. Villaverde ofrece algunas respuestas a esta pregunta en su libro Capitalización y crecimiento de la economía castellano-leonesa 1955-1998. Sin embargo, como él mismo subraya, "el crecimiento económico es un proceso sumamente complejo que, en consecuencia, no resulta fácil de explicar", aunque a continuación añade que el crecimiento de cualquier economía se produce, generalmente, porque "se conjuntan una serie de elementos que implican que aumente la población ocupada, que esta población cuente con más y mejores instrumentos de trabajo, y que el grado de capacitación de los trabajadores se encuentre en continua mejoría" (p.116). Su análisis toma como punto de partida una visión más general de la evolución histórica de la economía castellano-leonesa, para adentrarse después en la evolución de algunas variables básicas, el papel de la acumulación de capital –sobre la base de las estimaciones realizadas por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE)–, las variaciones que ha experimentado la productividad regional y los cambios que se han producido en el tejido productivo regional.

Todos los estudios disponibles sobre la economía de Castilla y León destacan el importante salto que ha registrado la acumulación de capital en la región. Las teorías tradicionales sobre el crecimiento económico subrayaron siempre el papel clave de la acumulación de capital físico en el desarrollo de cualquier país o región, pero este concepto se ha extendido hoy tanto al capital físico público y privado como al capital humano y el tecnológico, aunque estos dos últimos son siempre más difíciles de estimar.

La serie que ha venido generando el IVIE sobre la evolución del stock de capital para el conjunto de España y para las distintas comunidades autónomas4 permite apreciar la fuerte capitalización que ha registrado Castilla y León en las últimas décadas, si bien su evolución se sitúa por debajo del conjunto español (particularmente en cuanto al capital privado). De hecho, los distintos programas de desarrollo regional que las autoridades de Castilla y León presentaron a la Comisión Europea para acceder a los fondos estructurales comunitarios (período 1986-2006) incorporaron siempre grandes inversiones orientadas a solventar las carencias regionales en infraestructuras de transportes (carretera, ferrocarril, redes de gas y de comunicaciones) y otras infraestructuras (equipamientos sociales, aprovechamiento de los recursos hídricos, suelo, saneamientos, etcétera).

Los resultados alcanzados en este terreno en los últimos años son, indudablemente, muy positivos. Los fondos recibidos de la UE han contribuido extraordinariamente a lograrlos, pero los avances alcanzados se han debido también a la eficaz ejecución de los planes de infraestructuras elaborados por los sucesivos gobiernos regionales y a las actuaciones del Gobierno central, decididas en este caso con notables retrasos. Castilla y León cuenta hoy con una buena red de autovías y carreteras, y la finalización de la autovía de ‘La Plata’ y los planes ferroviarios de alta velocidad supondrán un nuevo impulso a la red de transportes de la región.

Los avances han sido también muy notables en el ámbito de las infraestructuras de saneamiento y de depuración y recursos hídricos, a pesar de que la extensión territorial de la región y la dispersión que muestra el gran número de municipios (el 38% de la población vive en municipios de menos de 5.000 habitantes) constituyen un obstáculo que no tienen otras comunidades autónomas y que dificulta y encarece las posibles soluciones.

Otro factor que influye en todos los procesos de crecimiento económico, y que lo hace cada vez de forma más decisiva, es el capital humano. La Comunidad de Castilla y León sufrió durante años una clara pérdida de población, con el consiguiente envejecimiento de su pirámide demográfica. En 1955, el peso de la población regional en el conjunto español era un 9,85% (con 2.860.705 habitantes); en 1998 dicho porcentaje había descendido ya al 6,23%, y en 2005 sólo representa el 5,65%, si bien la cifra total de habitantes ha vuelto a aumentar ligeramente con respecto a los años precedentes (2.523.978 habitantes al 1º de julio de 2005), las migraciones al exterior ya no suponen la sangría del pasado y el crecimiento vegetativo ha iniciado su recuperación. Como es lógico, esta evolución demográfica ha tenido efectos en las cifras de la población en edad de trabajar y en la población efectivamente ocupada, cuyas consecuencias han sido negativas desde el punto de vista de la capacidad de crecimiento regional. Sin embargo, los niveles de cualificación de la población castellano- leonesa fueron siempre, y todavía siguen siendo, comparativamente más altos que en otras comunidades autónomas del país, aunque están por debajo de la media española. De acuerdo con la EPA, el porcentaje de ocupados con un nivel de formación superior a "educación secundaria de primera etapa y formación e inserción laboral correspondiente" es del 54,1% en Castilla y León, frente a una media nacional del 55,3%.

Carrión de los Condes, Palencia

Con todo, algunas debilidades de la región siguen afectando a su capacidad de crecimiento. Destacan, en este sentido, el bajo esfuerzo en I+D (que sólo supone un 0,9% del PIB regional), el reducido número de patentes registradas (indicador proxy de la capacidad innovadora) y la inferior capacidad emprendedora que reflejan algunos datos, hecho ligado a la escasez de la formación y habilidades necesarias para crear y gestionar empresas. La cifra de empresas por mil habitantes es de 63,4, frente a las casi 70 de la media española, y entre 1999 y 2005 el número de empresas creció en Castilla y León a una tasa anual del 1,7%, frente al 3,3% nacional, con un claro predominio de las de pequeña o muy reducida dimensión y con niveles más bajos que los de la media española en cuanto a la constitución de sociedades mercantiles (1,7% frente a un indicador 3 para España).

La estructura sectorial de la economía castellano-leonesa aparece siempre como una cuestión relevante a la hora de debatir el futuro de la región. En estos últimos cinco años, y como reflejo de lo que también está sucediendo a escala nacional, la construcción y los servicios han sido los principales motores de la economía regional, con tasas medias de crecimiento del 6,1% y 3,2%, respectivamente. Por otra parte, la estructura productiva de Castilla y León mantiene claras diferencias con la española: es menos dependiente de los servicios que otras comunidades autónomas y que la media española (al tiempo que muestra importantes carencias en cuanto a los servicios avanzados y en la modernización de los servicios más tradicionales), pero cuenta con un sector industrial y una agricultura (11% de los ocupados de la región) cuyo peso relativo es mayor que en España en su conjunto. La productividad del trabajo de la región ha registrado un crecimiento bastante lento, excepto en el sector manufacturero y en el de la producción energética, donde los niveles son comparativamente altos. La construcción y la agricultura figuran, por el contrario, como los sectores menos productivos debido a que son más intensivos en el uso de mano de obra y a que, en el caso del sector agrario, todavía no se han completado los cambios hacia una agricultura más moderna y eficiente, salvo limitadas excepciones.

Fabrica de coches Renault en Valladolid

Este último tema se vincula siempre a las carencias del mundo rural castellanoleonés y a las diferencias en términos de bienestar entre quienes habitan en los grandes núcleos urbanos de la región y quienes lo hacen en las áreas rurales más alejadas. Uno de los aspectos que más destaca cuando se analiza la economía de Castilla y León es, precisamente, la existencia de notables disparidades internas dentro de la región, tema que en los últimos años está siendo objeto de continuos debates políticos. Los datos provinciales que ofrece Julio Alcaide en su libro Evolución económica de las regiones y provincias españolas en el siglo XX son extraordinariamente significativos al respecto. Sobre todo porque ofrecen información estadística que cubre el amplio período comprendido entre 1930 y 2000 a escala provincial. Durante las dos últimas décadas, todas las provincias castellano-leonesas han crecido, pero no es menos cierto que varias de ellas siguen estando considerablemente alejadas de la media del PIB por habitante español. Esto sucede, por ejemplo, en los casos de Ávila, León y Zamora, cuyo PIB per cápita se sitúa entre 15 y 20 puntos por debajo de la media española y que muestran un comportamiento bien distinto del de Valladolid, Palencia o Burgos. Estas tres últimas provincias absorben, por ejemplo, el 82,8% de las exportaciones que realiza la Comunidad Autónoma.

Vista aérea del Parque Tecnológico de Boecillo

Cualquier inventario de las ‘debilidades’ de la región incluye entre ellas la escasez de población y la regresión demográfica que han registrado algunas zonas del espacio regional. También figuran en dicho inventario los problemas específicos del sector agrario y de las áreas rurales; el desequilibrio sectorial que muestra la estructura productiva regional, con una fuerte concentración en la producción de energía y en un limitado número de sectores industriales; el claro predominio de las empresas de escasa dimensión, y por último, aunque la lista podría ampliarse, el insuficiente pulso emprendedor que se aprecia en la región.

Pero el ámbito de las ‘fortalezas’ cuenta también con algunos componentes importantes: la economía regional ha mantenido en los últimos años una excelente y estable senda de crecimiento; la región sigue disponiendo de recursos naturales importantes, entre los cuales algunos –el espacio y la riqueza paisajística y cultural– son cada vez más demandados en la sociedad actual; varias de sus industrias –particularmente las de automoción y el sector agroindustrial– tienen niveles de productividad que están por encima de la media española; la región cuenta con un más que notable nivel de capital humano; la actuación de varias instituciones de promoción ha sido muy positiva en la última década (la Agencia de Desarrollo; la sociedad de garantía recíproca de Castilla y León, Iberaval; el parque tecnológico de Boecillo y los otros dos que están en proceso; o los apoyos que ofrecen las cajas de ahorros), y por último, aunque sin cerrar la lista, la región dispone ahora de una buena dotación de infraestructuras, a pesar de que todavía persisten algunas carencias no resueltas.

En definitiva, Castilla y León, como cualquier economía, tiene claros y también sombras. Pero la evolución que ha experimentado en los últimos años refleja un dinamismo que no estuvo presente en tiempos pasados, y muestra asimismo que cuenta con mimbres suficientes para que dicho dinamismo y el proceso de crecimiento puedan consolidarse en los próximos años.

1 Fundación de las Cajas de Ahorros.

2 La justificación que aportan Julio y Pablo Alcalde a las diferencias entre el PIB español que ofrece la Contabilidad Nacional y su propia estimación es que las estadísticas oficiales subestiman el valor de la producción del país, lo que hace que la serie que publica FUNCAS ofrezca datos sensiblemente más elevados que los oficiales.

3 La ampliación de la UE ha hecho que la media del PIB por habitante de la Unión rebaje su nivel respecto a la UE-15, lo que obviamente ha determinado que el porcentaje del PIB per cápita de muchas regiones –entre ellas Castilla y León– aumente en términos puramente estadísticos con respecto a la nueva media europea (UE-25).

4 La Fundación BBVA ha publicado dicha serie, actualizando el período para el que ofrecía datos. Puede verse: El stock de capital en España y su distribución territorial, 1964-1995 (M. MAS, F. PÉREZ Y E. URIEL, Fundación BBVA), trabajo al que se han sumado: F. PÉREZ, F. GOERLICH Y M. MAS (1996): Capitalización y crecimiento en España y sus regiones 1955-1995, Fundación BBVA; M. MAS, F. PÉREZ Y E. URIEL (2003): El sotck de capital en España y su distribución territorial (1964-2000), Fundación BBVA; o las más recientes estimaciones que alcanzan hasta 2002, disponibles en la web del IVIE(www.ivie.es)