Libros de Economía y Empresa - Fundación Caja Duero

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I.   DEBATES

3.
Nueva interpretación del desarrollo español en el largo plazo.

Jordi Palafox

Foto de una familia de la España rural de la posguerra

LA TRAYECTORIA DE LA ECONOMÍA española durante los dos últimos siglos ha sido un motivo recurrente de investigación. Aunque no han faltado síntesis y percepciones brillantes, hasta ahora este análisis ha estado asentado en una base cuantitativa endeble, al desconocerlo casi todo de la evolución de las variables macroeconómicas fundamentales. Desde hace años, Albert Carreras, primero, y Leandro Prados de la Escosura, después, han venido dedicando buena parte de su labor investigadora a superar esta laguna. De esta forma, el libro del segundo, sin duda el historiador económico español con mayor proyección internacional hoy en día, supone el corolario del ingente esfuerzo desarrollado al menos durante una década para ofrecer una estimación rigurosa de la evolución del PIB español y sus principales componentes a partir de 1850 y hasta el año 2000. Por su parte, la aportación de Carreras, junto a Xavier Tafunell, es una sugestiva reflexión derivada de su profundo conocimiento de la tendencia seguida por las principales variables que definen los logros y limitaciones de una economía.

Son, ambos, libros importantes. En primer lugar, por cuanto dotan al conocimiento de la historia económica de España de una nueva perspectiva, mucho más rigurosa cuantitativamente que las previamente existentes. Y en segundo lugar, porque permiten situar el examen y el debate del recorrido español en un nivel superior, mucho más vinculado a las aportaciones de la economía del crecimiento. Consideradas conjuntamente, sus conclusiones asientan una base incontrovertible para desechar la tesis de la excepcionalidad española en el contexto europeo. Lo cual, obviamente, no implica ni defender que los logros fueran similares a los de los estados más dinámicos ni que las respuestas a los problemas comunes para aumentar el bienestar material de la población fueran iguales.

El trabajo de Prados de la Escosura, resultado, como se ha indicado, de un dilatado período dedicado a elaborar una estimación consistente de la evolución del PIB español en el largo plazo, constituye una sobresaliente contribución al conocimiento de la historia económica de España desde 1850. Diferentes investigadores habíamos utilizado ampliamente sus versiones provisionales gracias a la generosidad del autor. Pero lo que este libro presenta tiene una importancia superior. La tiene, en primer lugar, por las variables cubiertas: estimación del PIB por ramas de actividad (cap. 2º); desde el enfoque del gasto (cap. 3º), y serie enlazada con la de la Contabilidad Nacional 1850-2000 (cap. 4º).

Foto de una construcción modernista
En conjunto, conforman la aportación cuantitativa más sólida y rigurosa realizada hasta ahora sobre la evolución macroeconómica de España desde mediados del XIX. Pero, al mismo tiempo, la tiene también, y no es un aspecto secundario, por la honestidad del autor, quien –en contra de lo que viene siendo demasiado frecuente entre jóvenes investigadores y en otras áreas de conocimiento– en todo momento da cuenta detallada del método de elaboración seguido y de los criterios elegidos para realizar su estimación. Lo cual, a diferencia de muchos otros casos, permite a cualquier interesado en su utilización, revisión o discusión evaluar los posibles desacuerdos con las decisiones adoptadas por Prados de la Escosura al elaborar la estimación.

Pero es que, además, el autor ha realizado el nada fácil ejercicio de distanciamiento del esfuerzo de elaboración y, como capítulo final, presenta un estudio de más de ochenta páginas sobre las tendencias a largo plazo seguidas por la economía, estrechamente vinculado tanto al debate reciente sobre sus características principales, en parte provocado por sus aportaciones, como a las técnicas econométricas de detección de períodos estructuralmente diferenciados. De esta forma, esta segunda parte claramente diferenciada del libro, en realidad otro libro distinto en objetivos y contenido, coloca la aportación de Prados de la Escosura en el centro mismo de los temas cruciales a investigar para alcanzar una interpretación más coherente y equilibrada entre la interpretación "pesimista", habitual hasta hace poco, y los logros alcanzados por España en la segunda mitad del siglo XX.

En su aportación, éstos últimos dejan de aparecer como resultado de decisiones de política económica puntuales, por más que relevantes, y se configuran como la consecuencia de modificaciones en la frontera de posibilidades de producción gestadas, sin duda por la importación del cambio tecnológico desde las economías líderes, pero también en un período interno previo de aumento de la capacidad social de absorción tecnológica. Desde esta perspectiva, el título del libro no parece casual: la referencia en el mismo al progreso económico, apunta a una de sus conclusiones más destacadas: el avance sostenido del aumento del PIB, sin grandes rupturas. Así, en su análisis, las diferencias que hoy separan a España de las economías más avanzadas se deben explicar por la existencia de períodos concretos de menor pujanza, y no por una evolución histórica tendencial. En concreto, las etapas 1883-1920, 1920-1952 y 1974-1986. Y, de manera muy destacada, por la Guerra Civil, cuyas consecuencias negativas a largo plazo estima en un 0,2 anual acumulativo.

No menos inestimable es el libro de Carreras y Tafunell. En este caso, los autores han elegido el nivel de convergencia con las economías europeas más avanzadas (o con la media de la UE de los 15) como guía central de una interpretación de la historia de la economía española contemporánea que aúna claridad y pedagogía expositiva; el relato riguroso de los principales acontecimientos de la evolución histórica y su interpretación, siempre sugestiva. De esta forma, el enfoque del libro puede parecer distinto al de Prados de la Escosura debido a su mayor imbricación con el análisis de los hechos, pero, en mi opinión, es otra manera de aproximarse a una preocupación común: cuál ha sido en el muy largo plazo la trayectoria española dentro del proceso de equiparación de niveles de producto por habitante experimentado por algunos de los países hoy desarrollados.

Dividido en diez capítulos, el libro contiene dos grandes bloques diferenciables, aunque estrechamente vinculados. En el más extenso, capítulos 2º a 10º, que cubre desde la crisis del Antiguo Régimen a la integración en la UE, predomina la perspectiva cronológica. El segundo está compuesto, por un lado, por una sintética y magnífica introducción en la que se abordan tanto la situación de partida, con un resumen del siglo XVIII, como los condicionantes naturales al crecimiento; y por otro, por un balance de los dos siglos contemplados en el texto, dentro del cual sobresale la reflexión sobre las insuficiencias de la dotación de capital (físico y humano) para hacer frente con éxito a los retos que impone al nuevo marco internacional surgido del avance de la globalización.

Sus conclusiones no son menos atractivas. Entre ellas, destaca la parsimonia de la economía a la hora de converger con los niveles de producto por habitante de los países de su entorno. Una débil convergencia que no debe verse como el resultado de un período concreto, sino como la consecuencia de una alternancia de fases de aproximación y distanciamiento. Lo cual, como sucede en el caso de las expuestas por Prados, representa un reto innegable para las investigaciones futuras: determinar con rigor las causas de unas y otras. Pero, para esa estimulante tarea, ambas aportaciones nos dotan al conjunto de los historiadores económicos de unos instrumentos y planteamientos mucho más poderosos que aquellos de los que disponíamos hasta ahora.