VI. D O C U M E N T O S
23.
El método del profesor Tinbergen.
John Maynard Keynes
EN EL PREFACIO A ESTE VOLUMEN el señor Loveday explica que debe ser considerado
la primera entrega de la segunda fase
de la investigación de la Sociedad de Naciones
sobre los ciclos de negocios, de la
que Prosperidad y depresión, del profesor von
Haberler, constituyó la primera fase. El objetivo último es aplicar tests estadísticos a
las teorías alternativas de los ciclos de negocios
catalogadas por el profesor von
Haberler. Pero esta entrega se limita a una
explicación del método estadístico que se
propone emplear, seguida de tres ejemplos.
En el primer capítulo, el profesor
Tinbergen trata algunos de los temas lógicos
implicados; en el segundo explica, en
términos generales, el método de análisis
de correlación múltiple, y en los siguientes
tres capítulos aplica este método a tres
ejemplos seleccionados –a saber, fluctuaciones
en la inversión, construcción residencial,
e inversión en material rodante
ferroviario.
El segundo capítulo, que en breve espacio
hace una descripción muy clara del
método estadístico a emplear, es realmente
muy bueno. Pero el primer capítulo, que
debería tratar los difíciles problemas lógicos
asociados a la aplicación a datos económicos
de métodos que han sido desarrollados
en relación con una información de
un carácter muy diferente, es lamentablemente
decepcionante. Lo que se presenta
es útil, pero ocupa sólo cuatro páginas, y
deja sin responder muchas preguntas que
el economista está obligado a hacerse antes
de poder sentirse a gusto respecto a las
condiciones que la información económica
tiene que satisfacer, si es que el método propuesto
ha de ser aplicable de forma adecuada.
Dado que el señor Loveday invita a
hacer críticas y sugerencias de cara al futuro
proceder, yo recomendaría encarecidamente
que la siguiente entrega se dedicase
ante todo al problema lógico, explicando
plena y cuidadosamente las condiciones
que la información económica debe satisfacer
si la aplicación a ella de este método
ha de ser fructífera.
Obviamente, el profesor Tinbergen se
preocupa por no afirmar demasiado. Si tan
sólo se le permitiese seguir adelante, estaría
plenamente dispuesto y contento de
haber recorrido un largo camino para finalmente
admitir, con gran modestia, que
los resultados probablemente carezcan de
valor. Lo peor es que está mucho más interesado
en seguir con el trabajo que en emplear
tiempo en decidir si merece la pena
seguir con él. Prefiere tan claramente los
laberintos de la aritmética a los laberintos
de la lógica que debo pedirle que perdone
las críticas de alguien cuyos gustos en teoría
estadística han sido, desde hace muchos
años, los contrarios. Permítaseme catalogar
las preguntas a las que me gustaría que se
diera respuesta en la próxima entrega.
1.
El profesor Tinbergen comienza con un
reconocimiento muy importante y necesario.
"El papel que el estadístico puede
desempeñar en este proceso de análisis",
explica en la página 12, "no debe ser malinterpretado.
Las teorías que él somete a
examen le han sido proporcionadas por el
economista, y la responsabilidad por dichas
teorías debe ser del economista; ningún
test estadístico puede probar que una teoría
sea correcta". ¿Puede el test estadístico, sin
embargo, probar que una teoría sea incorrecta?
Aquí el profesor Tinbergen matiza
su afirmación, pero va tan lejos como para
decir: "Puede, en realidad, probar que una
teoría sea incorrecta, o al menos incompleta,
al mostrar que no cubre un conjunto
particular de hechos". Pero ¿no está yendo
demasiado lejos? Como mucho, solamente
pueden ser tachadas de incorrectas aquellas
teorías que, a ojos del economista que
las propone, aceptan como aplicables las
condiciones que se detallan más adelante.
Por lo menos, el profesor Tinbergen está
de acuerdo en que el principal propósito
de su método es descubrir, en los casos
en los que el economista ha analizado de
antemano el carácter cualitativo de las relaciones
causales, con qué fuerza opera cada
una de ellas. Si ya sabemos cuáles son
las causas, entonces (siempre que se satisfagan
todas las otras circunstancias consideradas)
el profesor Tinbergen, dados los
hechos estadísticos, afirma ser capaz de
atribuir a las causas su verdadera importancia
cuantitativa. Si (anticipando las circunstancias
que seguirán) sabemos de antemano
que los ciclos de negocios dependen
parcialmente de la tasa actual de interés
y parcialmente de la tasa de nacimientos
de hace veinte años, y que éstos son factores
independientes correlacionados linealmente
con el resultado, podemos descubrir
su importancia relativa. Respecto a
refutar tal teoría, él no puede mostrar que
ellos no son veroe causoe, y lo máximo que
es capaz de mostrar es que, si son veroe
causoe, o bien los factores no son independientes,
o las correlaciones implicadas no
son lineales, o hay otros aspectos relevantes
en los que el entorno económico no es
homogéneo en un periodo de tiempo
(quizá porque son relevantes factores no
estadísticos).
¿Estoy en lo cierto al pensar que el método
de análisis de correlación múltiple
depende esencialmente de que el economista
haya facilitado no simplemente una
lista de causas significativas que sea correcta,
sino una lista completa? Por ejemplo,
suponiendo que se toman en consideración
tres factores, no es suficiente que sean
de hecho veroecausoe; no debe haber ningún
otro factor significativo. Si hay un factor
adicional, no tomado en consideración, entonces
el método no es capaz de descubrir
la importancia cuantitativa relativa de los
tres primeros. Por tanto, esto significa que
el método sólo es aplicable donde el economista
es capaz de proporcionar de antemano,
de forma correcta e indubitable, un
análisis completo de los factores significativos.
El método no es ni de descubrimiento
ni de crítica. Es un medio de dar precisión
cuantitativa a lo que, en términos
cualitativos, ya sabemos como resultado de
un análisis teórico completo –siempre que
se dé un caso en que se satisfagan las otras
consideraciones establecidas.
2.
La siguiente condición es que todos los
factores significativos sean mensurables
(y, se supone que debería añadirse, que
tengamos un adecuado conocimiento estadístico
de su medida). El profesor
Tinbergen plantea esta condición con énfasis,
pero lo hace en términos que no me
satisfacen sin una explicación adicional.
Escribe (página 11):
La investigación, por su naturaleza, se restringe
al examen de los fenómenos mensurables.
Los fenómenos no mensurables
pueden, por supuesto, ejercer a veces una
importante influencia en el curso de los
acontecimientos, y los resultados del presente
análisis deben ser suplementados
por la información acerca de la amplitud
de dicha influencia que pueda obtenerse
de otras fuentes.
Sugiere aquí que el método puede ser
provechosamente aplicado si algunos de los
factores son mensurables, "suplementando"
los resultados obtenidos del examen de dichos
factores con otra información. ¿Pero
cómo se puede hacer esto? No nos lo dice.
Su método de calcular la importancia relativa
de dichos factores mensurables depende
crucialmente del supuesto de que entre
todos ellos sean exhaustivos. Les otorga tales
coeficientes de regresión que explican por
completo el fenómeno examinado. ¿Cómo
pueden ser "suplementados" por otra información?.
Si es necesario que todos los factores significativos
sean mensurables, esto es muy
importante. Por este motivo, el método no
es operativo para todos aquellos problemas
económicos en los cuales los factores políticos,
sociales y psicológicos, incluyendo
aspectos tales como la política gubernamental,
el progreso técnico y el estado de
las expectativas, puedan ser significativos.
En concreto, es inaplicable al problema de
los ciclos de negocios.
3.
¿Debemos llevar nuestro análisis preliminar
hasta el punto en el que estemos seguros
de que los diferentes factores son
sustancialmente independientes unos de
otros? Esto no se discute. Pero pienso que
es importante. Porque, si estamos usando
factores que no son completamente independientes,
quedamos expuestos a las extraordinariamente
difíciles y engañosas
complicaciones de la correlación "espuria".
Además, el profesor Tinbergen está interesado
en el "análisis de secuencias"; está
tratando con acontecimientos no simultáneos
y retardos temporales. ¿Qué ocurre si
el propio fenómeno a investigar influye sobre
los factores mediante los que lo estamos
explicando? Por ejemplo, cuando investiga
las fluctuaciones de la inversión, el
profesor Tinbergen las hace depender de
las fluctuaciones del beneficio. ¿Pero qué
pasa si las fluctuaciones del beneficio dependen
parcialmente (como en realidad
claramente sucede) de las fluctuaciones de
la inversión? El profesor Tinbergen menciona
esta dificultad de forma general en
una nota al pie de la página 17, donde dice,
sin más discusión, que "uno tiene que
ser cuidadoso". ¿Pero lo es él? ¿Qué precauciones
toma? En la página 39, en un pasaje
que no entiendo plenamente, sugiere que
la dificultad puede ser superada mediante
algún ajuste de retardo temporal. No es fácil
para el lector comprender su proceder
en un problema lógico de este tipo, que se
deja de lado con seguridad sin una discusión
clara y exhaustiva.
En la práctica, el profesor Tinbergen
parece ser completamente indiferente a si
sus factores básicos son independientes
unos de otros o no. Por ejemplo, cuando
examina las fluctuaciones de la inversión,
sus factores básicos son: 1) los beneficios
ganados, 2) el precio de los bienes de capital,
3) las tasas de interés, 4) los márgenes
de beneficio, 5) el índice de producción de
los bienes de consumo, 6) la tasa de incremento
del nivel general de precios. Infiero
que considera la independencia como algo
sin importancia. Pero mi mente vuelve a
los días en que el señor Yule hizo saltar una
mina bajo los artilugios de los estadísticos
optimistas con su descubrimiento de la correlación
espuria. En términos sencillos, es
evidente que si lo que de hecho es el mismo
factor aparece en diversos lugares bajo
distintos disfraces, una elección libre de los
coeficientes de regresión puede conducir a
resultados extraños. Llega a ser como aquellos
acertijos para niños en los que anotabas
tu edad, multiplicabas, añadías esto y
aquello, restabas alguna cosa más, y finalmente
terminabas con el número de la
Bestia en el Apocalipsis.
La mención del ejemplo anterior sugiere
otro punto en el que merece la pena extenderse
a modo de ilustración. Se observará
que el profesor Tinbergen incluye los
beneficios ganados y la tasa de interés entre
los factores que influyen en la inversión.
Pero, como el propio profesor Tinbergen
señala (página 66), algunos economistas
argumentarían que es la diferencia entre estos
dos factores lo que importa, más que
sus cantidades absolutas. ¿Cómo influye
aquélla en la cuestión? Además, se referirían
a la diferencia entre los beneficios medidos
como un porcentaje del coste corriente
de los bienes de capital y la tasa de
interés. Ahora bien, el profesor Tinbergen
no parece preocuparse de en qué unidad
mide él el beneficio. Para los Estados
Unidos de preguerra es el índice de precios
de las acciones; para el Reino Unido de
preguerra, los ingresos no provenientes del
trabajo; para la Alemania de preguerra, los
dividendos ganados como porcentaje del
capital; para los Estados Unidos de postguerra,
el ingreso neto de las empresas, y
para el Reino Unido de postguerra, los beneficios
netos ganados como porcentaje
del capital. Por tanto, a veces es una tasa y
a veces una cantidad absoluta, y cuando en
el resultado final multiplica esta mezcolanza
a veces por un gran coeficiente y
otras veces por uno pequeño, y entonces le
resta la tasa de interés multiplicada normalmente
por un pequeño coeficiente, no sé si
hay lugar aquí para la teoría de que la inversión
puede estar gobernada por la diferencia
entre la tasa de beneficio1 sobre el
coste y la tasa de interés sobre los préstamos,
o si simplemente hemos llegado al
número de la Bestia. El profesor Tinbergen
no ignora en absoluto lo que una diferencia
en el modo de medir el beneficio puede
suponer. Señala alegremente (página 57)
como asunto de cierto interés, pero no de
alguna preocupación, que las series que él
toma para medir los beneficios en Alemania
conducen a un coeficiente de regresión
dos veces mayor para ese factor que
las series que toma para Estados Unidos, y
las series que toma para Gran Bretaña a un
coeficiente casi cuatro veces mayor. (Este
es un extraordinario ejemplo de la forma
franca en la que, si se le permite seguir con
toda su aritmética libre, está dispuesto a
reconocer al final lo que al lector le deben
parecer inconsistencias demoledoras). Insiste
en que sus factores deben ser mensurables,
pero se mantiene singularmente
descuidado respecto a las unidades en las
que medirlos, a pesar de que al final va a
sumarlos todos.
4.
El profesor Tinbergen explica (página
25) que, en términos generales, supone que
las correlaciones a investigar son lineales:
Como norma, las relaciones no lineales se
consideran en los siguientes estudios sólo
en la medida en que existan fuertes evidencias.
Una forma tosca de introducir los
rasgos más importantes de las relaciones
no lineales es usar coeficientes cambiantes
–por ejemplo, un sistema de coeficientes
para la descripción de situaciones no alejadas
de lo normal y otro para la descripción
de niveles extremadamente altos.
Esto viene a ser aproximar una curva por
medio de dos líneas rectas. Otra forma de
introducir relaciones no lineales es tomar
los cuadrados de las variaciones, o incluso
de otras funciones, entre las “series explicativas”.
Yo no he descubierto ningún ejemplo
de correlación no lineal en este libro, y él
no nos dice qué clase de evidencia le llevaría
a introducirla. Si, como él sugiere más
arriba, en tales casos usaría el método de
cambiar sus coeficientes lineales de cuando
en cuando, parece evidente que una
manipulación bastante sencilla de estas líneas
haría posible ajustar cualquier explicación
a cualesquiera hechos. ¿Estoy en lo
cierto al pensar que la unicidad de sus resultados depende de saber de antemano
que la curva de correlación es un tipo particular
de función, lineal o de alguna otra
clase?
Al margen de esto, a uno le habría gustado
que le dijeran sin lugar a dudas qué
implica el supuesto de linealidad. Significa
que el efecto cuantitativo de cualquier factor
causal en el fenómeno a investigar es
directamente proporcional a la magnitud
del propio factor. En un paréntesis, en la
página 26, al que el lector no es probable
que dé mucha importancia, el profesor
Tinbergen menciona de hecho esto de pasada.
Pero suponer que todas las fuerzas
económicas son de esta naturaleza, produciendo
cambios independientes en el fenómeno
a investigar que son directamente
proporcionales a los cambios en ellas mismas,
es un postulado drástico e improbable;
en realidad, es ridículo. Sin embargo,
esto es lo que el profesor Tinbergen está
suponiendo de principio a fin. Así, en su
ejemplo de las fluctuaciones en la inversión,
el supuesto de linealidad significa que
si el incremento en los beneficios es dos
veces mayor en un año que en otro, entonces
su influencia en la cantidad de inversión
será también exactamente dos veces
mayor; y del mismo modo, que el efecto
sobre la inversión de un cambio en la tasa
de interés será siempre directamente proporcional
a la cuantía de dicho cambio. Y
si se va a hacer un supuesto tan improbable,
uno debe ser muy cuidadoso al elegir su
método de medición y también su base2;
especialmente cuando uno tiene en mente
que las medidas del profesor Tinbergen
son casi siempre indirectas. Es decir, no son
medidas directas del factor en sí, sino números
índices de algún fenómeno asociado.
Por tanto, incluso si los propios factores
produjeran un efecto directamente proporcional,
no es probable que ello fuera
cierto con los índices indirectos que se
emplean.
¿Hay alguna base para sospechar que
el supuesto de linealidad deja fuera a los
factores cíclicos? ¿Y qué lugar ocupa por
ejemplo el principio de aceleración, según
el cual la propensión a ahorrar es una función
del nivel absoluto de actividad, y el
incentivo a invertir es una función del
cambiante nivel de actividad? El profesor
Tinbergen explica las fluctuaciones en la
inversión fundamentalmente por las fluctuaciones
en los beneficios; de este modo,
si los beneficios fluctúan cíclicamente, la
inversión también lo hará. Pero él no intenta
explicar las fluctuaciones en los beneficios.
¿Se supone que la correlación lineal
también se da en el caso de todos los
factores de los que dependen los beneficios,
y así hasta el análisis final? ¿Es posible
que pudiera haber en un sistema una
fluctuación cíclica de la que todos sus determinantes
últimos tuvieran coeficientes
de regresión fijos y estuvieran en correlación
lineal con sus consecuencias, excepto
en el caso de que uno de los determinantes
últimos fuera en sí mismo una función
periódica del tiempo (p.e., las manchas
solares)? ¿Dónde y cómo hace su aparición
el elemento de cambio? Pregunto esta
cuestión sin pretender responderla.
Pero me gustaría saber la respuesta. Si
fuera negativa, el profesor Tinbergen está
llamado a la tarea de explicar los ciclos de
negocios a través de un método uno de
cuyos supuestos de trabajo sea que los ciclos
sólo pueden ser explicados por otros
ciclos.
5.
El tratamiento de los retardos temporales
y las tendencias merece una discusión
mucho más completa si el lector ha de
comprender claramente lo que implica. A
mi mejor entender, el profesor Tinbergen
no se presenta con sus retardos temporales,
como lo hace con su análisis cualitativo, a
través de sus amigos los economistas, sino
que los inventa por sí mismo. Parece hacerlo
mediante algún tipo de método de
prueba y error. Es decir, no para hasta que
encuentra un retardo temporal que no se
ajuste demasiado mal a la teoría que está
sometiendo a prueba y a los presupuestos
generales de su método. No se ofrece ningún
ejemplo del proceso de determinación
de los retardos temporales, que aparecen,
cuando se presentan, ya preparados (cf. página
48). Pero hay otro pasaje (página 39)
donde el profesor Tinbergen parece estar
de acuerdo en que los retardos temporales
deben estar dados a priori.
La introducción de un factor de tendencia
es incluso más tramposa y todavía
menos discutida. Este elemento no es obtenido
por referencia a cambios seculares
en la escala de la economía en su conjunto,
sino que está estrictamente relacionado
con los factores en discusión. En el caso de
las fluctuaciones en la inversión, "las tendencias",
explica el profesor Tinbergen
(página 47), "han sido calculadas como medias
móviles de nueve años para los periodos
de preguerra –que son suficientemente
largos para permitir que los primeros y
los últimos cuatro años sean omitidos– y
como tendencias rectilíneas para los periodos
de postguerra –que son demasiado cortos
para permitir la omisión de ocho años".
Esto parece bastante arbitrario. Pero, al
margen de esto, ¿no debería permitirse que
las tendencias de los factores básicos se reflejasen
en una tendencia del fenómeno resultante?
¿Por qué es necesaria la corrección?
Probablemente he malinterpretado
el argumento, dado que ésta no es la clase
de errores de los que el profesor Tinbergen
es responsable.
Aunque pueda haber muchos factores
con diferentes tendencias, hay solamente
una línea de tendencia, y no he entendido
el proceso por el que esta tendencia simple
es obtenida. El uso de la tendencia rectilínea
(en los años de postguerra) significa,
aparentemente, que se traza una línea recta
entre el primer año de la serie y el último.
El resultado es, desde luego, que hay
una enorme diferencia según en qué fecha
te pares. En el caso de los Estados Unidos
(página 56), las series van de 1919 a 1933,
lo que, como consecuencia de las anormales
circunstancias del primer y último años,
comporta la paradoja de que los Estados
Unidos estén en una severa tendencia descendente
a lo largo de todo el periodo, incluyendo
la etapa que termina en 1929,
que viene a representar un 20 por ciento;
mientras que si el profesor Tinbergen hubiera
parado en 1929, habría usado una línea
de tendencia acusadamente ascendente
en vez de una acusadamente descendente
para los mismos años. Esto parece ser un procedimiento
desastroso. El profesor Tinbergen
es bastante consciente del problema.
En una nota al pie de la página 47
menciona que "la tendencia elegida para
las cifras americanas (etapa de postguerra)
podría estar sesgada de algún modo por el
hecho de que el periodo comienza con un
año de auge y termina con un año de depresión".
Pero no está preocupado, dado
que se ha convencido a sí mismo, si yo le sigo correctamente, de que en realidad no
supone ninguna diferencia qué línea de
tendencia tomes.
6.
Para concluir, pasaré a una parte diferente
del argumento. ¿Hasta qué punto estas
curvas y ecuaciones no significan más
que un ajuste de curvas y una descripción
histórica, y hasta qué punto suponen afirmaciones
inductivas tanto respecto al futuro
como respecto al pasado? No he descubierto
ningún pasaje en el que el propio
profesor Tinbergen haga alguna afirmación
inductiva de algún tipo. Parece estar únicamente
preocupado por la descripción estadística.
Sin embargo, el objetivo último
que el señor Loveday subraya en el prefacio
es sin duda de carácter inductivo. Si el
método no puede probar o refutar una teoría
cualitativa, y no puede dar una guía
cuantitativa para el futuro, ¿vale la pena?
Sin duda, no es una forma muy lúcida de
describir el pasado.
Hace treinta años solía estar ocupado
en examinar el escurridizo problema de
pasar de la descripción estadística a la generalización
inductiva en el caso de la correlación
simple; y a día de hoy, en la era de
la correlación múltiple, no encuentro que a
este respecto la práctica haya mejorado
mucho. Por si el señor Loveday u otros pudieran
albergar esperanzas inductivas, merece
la pena señalar que el profesor
Tinbergen realiza la menor preparación
posible para la transición inductiva.
En términos amplios, la condición más
importante es que el entorno en todos los
aspectos relevantes, distintos de las fluctuaciones
en aquellos factores concretos
que tomamos en consideración, sea uniforme
y homogéneo a lo largo de un periodo
de tiempo. No podemos estar seguros de
que tales condiciones persistirán en el futuro,
incluso si las encontramos en el pasado.
Pero si las encontramos en el pasado,
tenemos por lo menos alguna base para un
argumento inductivo. El primer paso, por
tanto, es partir el periodo a examinar en
una serie de subperiodos, con vistas a descubrir
si los resultados de aplicar nuestro
método a los distintos subperiodos considerados
por separado son razonablemente
uniformes. Si lo son, entonces tenemos algún
fundamento para proyectar nuestros
resultados hacia el futuro.
Ahora bien, esto es lo que el profesor
Tinbergen nunca intenta. Es verdad que
sus series están partidas en dos periodos, el
prebélico y el postbélico, pero esto no parece
hecho a propósito, sino como consecuencia
de las exigencias de las estadísticas
disponibles. Para su investigación de preguerra
toma un periodo de cuarenta años y
no hace ningún intento de partirlo en subperiodos.
Si lo hubiera hecho, ¿diferirían
ampliamente los coeficientes de regresión,
calculados para cada década considerada
por separado, de aquellos calculados como
el mejor ajuste para el periodo en su conjunto?
Merece una investigación. La principal
objeción prima facie a la aplicación del
método de correlación múltiple a problemas
económicos complejos reside en la
aparente falta de un grado suficiente de
uniformidad en el entorno.
Las dificultades inductivas no sólo surgen
de la falta de uniformidad en los factores
que no se toman en concreto en consideración.
Surgen también en el caso de
aquellos que están incluidos en el modelo.
Por ello, debido al amplio margen de error,
sólo aquellos factores que en realidad han
mostrado amplias fluctuaciones encajan
en todo esto de un modo fiable. Si un factor,
cuyas fluctuaciones son potencialmente
importantes, ha variado en realidad
muy poco, no puede haber ninguna pista
sobre qué influencia habría tenido si hubiera
cambiado más acusadamente. Hay
un pasaje en el que el profesor Tinbergen,
después de haber llegado a un coeficiente
de regresión muy pequeño para la tasa de
interés como influencia en la inversión, señala
que ello podría ser explicado por el
hecho de que durante el periodo en cuestión
la tasa de interés varió muy poco (página
65).
Estas grandes dudas se superponen al
temor a lo inadecuado de la mayoría de las
estadísticas empleadas, una dificultad tan
obvia y tan inevitable que apenas merece
la pena insistir en ella. Tomando todo ello
en cuenta, la aplicación exitosa de este método
a un problema tan enormemente
complejo como los ciclos de negocios me
parece un proyecto extraordinariamente
poco prometedor en el presente estado de
nuestro conocimiento.
Esto no significa que el material económico
no pueda ofrecer casos más elementales
en los que el método será fructífero.
Tómese, a modo ilustración, el tercer
ejemplo del profesor Tinbergen –a saber,
la influencia sobre la inversión neta en
material rodante ferroviario de la tasa de
incremento en el tráfico, la tasa de beneficio
ganado por los ferrocarriles, el precio
del lingote de acero y la tasa de interés. Éste
parece un caso razonable prima facie para
esperar que se cumplan algunas de las
condiciones necesarias. Pero incluso en este
caso se requeriría una formulación bastante
distinta de la del profesor Tinbergen.
Es evidente, sin ninguna investigación
concreta, que la demanda de nuevo material
rodante dependerá principalmente del
crecimiento del tráfico. Además, el beneficio
no es independiente del tráfico, sino
que de nuevo depende ampliamente del
crecimiento del tráfico. Para obtener un
factor independiente es necesario separar
aquella parte del beneficio que es debida
al crecimiento del tráfico de aquella otra
parte que responde a mejores tasas de
transporte en relación a salarios y otros
costes. Lo que queremos saber no es el aspecto
obvio de que la demanda de material
rodante está considerablemente afectada
por el crecimiento del tráfico, sino
hasta qué punto éste domina la situación
en comparación con factores más sutiles
tales como 1) la edad del material rodante
existente, 2) la capacidad de los talleres
existentes para producir más material rodante,
y 3) el estado de confianza ante el
mantenimiento del tráfico y ante el efecto
de la competencia con otras formas de
transporte.
Espero que no haya hecho una injusticia
a un valiente esfuerzo pionero. El trabajo
en él implicado debe haber sido enorme.
El libro está lleno de inteligencia,
ingenio y franqueza; y lo dejo con sentimientos
de respeto hacia el autor. Pero ha
sido una experiencia desagradable asumir
su lectura e imagino que a otros lectores
les ocurrirá lo mismo. Tengo la sensación
de que el profesor Tinbergen puede estar
de acuerdo con muchos de mis comentarios,
pero que su reacción será contratar
otros diez expertos en cálculo y ahogar sus
penas en la aritmética. Resulta extraño
pensar que este libro sea probablemente,
hasta 1939, la principal actividad y raison
d’être de la Sociedad de Naciones.
1 Me habría gustado haber dicho "la tasa esperada de beneficio". Pero no hay lugar para las expectativas, por lo
que puedo descubrir, en la teoría de la inversión que los
economistas han proporcionado al profesor Tinbergen.
2 Por ejemplo, permítasenos suponer que la tasa de
interés, que ha sido del 3 por ciento en el año base, se incrementa
al 4 por ciento y luego al 5 por ciento. ¿Es el
efecto cuantitativo del 5 por ciento cinco cuartos del
efecto del cuatro por ciento, es decir, proporcional al exceso
por encima de 0? ¿O es el doble, al ser la diferencia
entre 5 y 3 el doble de la diferencia entre 4 y 3, es decir,
proporcional al exceso por encima de 3? Yo más bien
creo que el profesor Tinbergen quiere decir esto último.
Pero en este caso, si él hubiera tomado un año base cuando
la tasa fuera del 3 , el efecto de un incremento del 4 al
5 por ciento sería triple en vez de doble, es decir, proporcional
al exceso sobre 3 . El lector precisa alguna guía
en un asunto como este.