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Foto de John Maynard Keynes y Jan Tinbergen premio Nobel de Economía 1969, junto con Ragnar Frisch

VI.   D O C U M E N T O S

23.
El método del profesor Tinbergen.

John Maynard Keynes

EN EL PREFACIO A ESTE VOLUMEN el señor Loveday explica que debe ser considerado la primera entrega de la segunda fase de la investigación de la Sociedad de Naciones sobre los ciclos de negocios, de la que Prosperidad y depresión, del profesor von Haberler, constituyó la primera fase. El objetivo último es aplicar tests estadísticos a las teorías alternativas de los ciclos de negocios catalogadas por el profesor von Haberler. Pero esta entrega se limita a una explicación del método estadístico que se propone emplear, seguida de tres ejemplos. En el primer capítulo, el profesor Tinbergen trata algunos de los temas lógicos implicados; en el segundo explica, en términos generales, el método de análisis de correlación múltiple, y en los siguientes tres capítulos aplica este método a tres ejemplos seleccionados –a saber, fluctuaciones en la inversión, construcción residencial, e inversión en material rodante ferroviario.

El segundo capítulo, que en breve espacio hace una descripción muy clara del método estadístico a emplear, es realmente muy bueno. Pero el primer capítulo, que debería tratar los difíciles problemas lógicos asociados a la aplicación a datos económicos de métodos que han sido desarrollados en relación con una información de un carácter muy diferente, es lamentablemente decepcionante. Lo que se presenta es útil, pero ocupa sólo cuatro páginas, y deja sin responder muchas preguntas que el economista está obligado a hacerse antes de poder sentirse a gusto respecto a las condiciones que la información económica tiene que satisfacer, si es que el método propuesto ha de ser aplicable de forma adecuada. Dado que el señor Loveday invita a hacer críticas y sugerencias de cara al futuro proceder, yo recomendaría encarecidamente que la siguiente entrega se dedicase ante todo al problema lógico, explicando plena y cuidadosamente las condiciones que la información económica debe satisfacer si la aplicación a ella de este método ha de ser fructífera.

Obviamente, el profesor Tinbergen se preocupa por no afirmar demasiado. Si tan sólo se le permitiese seguir adelante, estaría plenamente dispuesto y contento de haber recorrido un largo camino para finalmente admitir, con gran modestia, que los resultados probablemente carezcan de valor. Lo peor es que está mucho más interesado en seguir con el trabajo que en emplear tiempo en decidir si merece la pena seguir con él. Prefiere tan claramente los laberintos de la aritmética a los laberintos de la lógica que debo pedirle que perdone las críticas de alguien cuyos gustos en teoría estadística han sido, desde hace muchos años, los contrarios. Permítaseme catalogar las preguntas a las que me gustaría que se diera respuesta en la próxima entrega.

1.

El profesor Tinbergen comienza con un reconocimiento muy importante y necesario. "El papel que el estadístico puede desempeñar en este proceso de análisis", explica en la página 12, "no debe ser malinterpretado. Las teorías que él somete a examen le han sido proporcionadas por el economista, y la responsabilidad por dichas teorías debe ser del economista; ningún test estadístico puede probar que una teoría sea correcta". ¿Puede el test estadístico, sin embargo, probar que una teoría sea incorrecta? Aquí el profesor Tinbergen matiza su afirmación, pero va tan lejos como para decir: "Puede, en realidad, probar que una teoría sea incorrecta, o al menos incompleta, al mostrar que no cubre un conjunto particular de hechos". Pero ¿no está yendo demasiado lejos? Como mucho, solamente pueden ser tachadas de incorrectas aquellas teorías que, a ojos del economista que las propone, aceptan como aplicables las condiciones que se detallan más adelante.

Por lo menos, el profesor Tinbergen está de acuerdo en que el principal propósito de su método es descubrir, en los casos en los que el economista ha analizado de antemano el carácter cualitativo de las relaciones causales, con qué fuerza opera cada una de ellas. Si ya sabemos cuáles son las causas, entonces (siempre que se satisfagan todas las otras circunstancias consideradas) el profesor Tinbergen, dados los hechos estadísticos, afirma ser capaz de atribuir a las causas su verdadera importancia cuantitativa. Si (anticipando las circunstancias que seguirán) sabemos de antemano que los ciclos de negocios dependen parcialmente de la tasa actual de interés y parcialmente de la tasa de nacimientos de hace veinte años, y que éstos son factores independientes correlacionados linealmente con el resultado, podemos descubrir su importancia relativa. Respecto a refutar tal teoría, él no puede mostrar que ellos no son veroe causoe, y lo máximo que es capaz de mostrar es que, si son veroe causoe, o bien los factores no son independientes, o las correlaciones implicadas no son lineales, o hay otros aspectos relevantes en los que el entorno económico no es homogéneo en un periodo de tiempo (quizá porque son relevantes factores no estadísticos).

¿Estoy en lo cierto al pensar que el método de análisis de correlación múltiple depende esencialmente de que el economista haya facilitado no simplemente una lista de causas significativas que sea correcta, sino una lista completa? Por ejemplo, suponiendo que se toman en consideración tres factores, no es suficiente que sean de hecho veroecausoe; no debe haber ningún otro factor significativo. Si hay un factor adicional, no tomado en consideración, entonces el método no es capaz de descubrir la importancia cuantitativa relativa de los tres primeros. Por tanto, esto significa que el método sólo es aplicable donde el economista es capaz de proporcionar de antemano, de forma correcta e indubitable, un análisis completo de los factores significativos. El método no es ni de descubrimiento ni de crítica. Es un medio de dar precisión cuantitativa a lo que, en términos cualitativos, ya sabemos como resultado de un análisis teórico completo –siempre que se dé un caso en que se satisfagan las otras consideraciones establecidas.

2.

La siguiente condición es que todos los factores significativos sean mensurables (y, se supone que debería añadirse, que tengamos un adecuado conocimiento estadístico de su medida). El profesor Tinbergen plantea esta condición con énfasis, pero lo hace en términos que no me satisfacen sin una explicación adicional. Escribe (página 11):

La investigación, por su naturaleza, se restringe al examen de los fenómenos mensurables. Los fenómenos no mensurables pueden, por supuesto, ejercer a veces una importante influencia en el curso de los acontecimientos, y los resultados del presente análisis deben ser suplementados por la información acerca de la amplitud de dicha influencia que pueda obtenerse de otras fuentes.

Sugiere aquí que el método puede ser provechosamente aplicado si algunos de los factores son mensurables, "suplementando" los resultados obtenidos del examen de dichos factores con otra información. ¿Pero cómo se puede hacer esto? No nos lo dice. Su método de calcular la importancia relativa de dichos factores mensurables depende crucialmente del supuesto de que entre todos ellos sean exhaustivos. Les otorga tales coeficientes de regresión que explican por completo el fenómeno examinado. ¿Cómo pueden ser "suplementados" por otra información?.

Si es necesario que todos los factores significativos sean mensurables, esto es muy importante. Por este motivo, el método no es operativo para todos aquellos problemas económicos en los cuales los factores políticos, sociales y psicológicos, incluyendo aspectos tales como la política gubernamental, el progreso técnico y el estado de las expectativas, puedan ser significativos. En concreto, es inaplicable al problema de los ciclos de negocios.

3.

¿Debemos llevar nuestro análisis preliminar hasta el punto en el que estemos seguros de que los diferentes factores son sustancialmente independientes unos de otros? Esto no se discute. Pero pienso que es importante. Porque, si estamos usando factores que no son completamente independientes, quedamos expuestos a las extraordinariamente difíciles y engañosas complicaciones de la correlación "espuria".

Además, el profesor Tinbergen está interesado en el "análisis de secuencias"; está tratando con acontecimientos no simultáneos y retardos temporales. ¿Qué ocurre si el propio fenómeno a investigar influye sobre los factores mediante los que lo estamos explicando? Por ejemplo, cuando investiga las fluctuaciones de la inversión, el profesor Tinbergen las hace depender de las fluctuaciones del beneficio. ¿Pero qué pasa si las fluctuaciones del beneficio dependen parcialmente (como en realidad claramente sucede) de las fluctuaciones de la inversión? El profesor Tinbergen menciona esta dificultad de forma general en una nota al pie de la página 17, donde dice, sin más discusión, que "uno tiene que ser cuidadoso". ¿Pero lo es él? ¿Qué precauciones toma? En la página 39, en un pasaje que no entiendo plenamente, sugiere que la dificultad puede ser superada mediante algún ajuste de retardo temporal. No es fácil para el lector comprender su proceder en un problema lógico de este tipo, que se deja de lado con seguridad sin una discusión clara y exhaustiva.

En la práctica, el profesor Tinbergen parece ser completamente indiferente a si sus factores básicos son independientes unos de otros o no. Por ejemplo, cuando examina las fluctuaciones de la inversión, sus factores básicos son: 1) los beneficios ganados, 2) el precio de los bienes de capital, 3) las tasas de interés, 4) los márgenes de beneficio, 5) el índice de producción de los bienes de consumo, 6) la tasa de incremento del nivel general de precios. Infiero que considera la independencia como algo sin importancia. Pero mi mente vuelve a los días en que el señor Yule hizo saltar una mina bajo los artilugios de los estadísticos optimistas con su descubrimiento de la correlación espuria. En términos sencillos, es evidente que si lo que de hecho es el mismo factor aparece en diversos lugares bajo distintos disfraces, una elección libre de los coeficientes de regresión puede conducir a resultados extraños. Llega a ser como aquellos acertijos para niños en los que anotabas tu edad, multiplicabas, añadías esto y aquello, restabas alguna cosa más, y finalmente terminabas con el número de la Bestia en el Apocalipsis.

La mención del ejemplo anterior sugiere otro punto en el que merece la pena extenderse a modo de ilustración. Se observará que el profesor Tinbergen incluye los beneficios ganados y la tasa de interés entre los factores que influyen en la inversión. Pero, como el propio profesor Tinbergen señala (página 66), algunos economistas argumentarían que es la diferencia entre estos dos factores lo que importa, más que sus cantidades absolutas. ¿Cómo influye aquélla en la cuestión? Además, se referirían a la diferencia entre los beneficios medidos como un porcentaje del coste corriente de los bienes de capital y la tasa de interés. Ahora bien, el profesor Tinbergen no parece preocuparse de en qué unidad mide él el beneficio. Para los Estados Unidos de preguerra es el índice de precios de las acciones; para el Reino Unido de preguerra, los ingresos no provenientes del trabajo; para la Alemania de preguerra, los dividendos ganados como porcentaje del capital; para los Estados Unidos de postguerra, el ingreso neto de las empresas, y para el Reino Unido de postguerra, los beneficios netos ganados como porcentaje del capital. Por tanto, a veces es una tasa y a veces una cantidad absoluta, y cuando en el resultado final multiplica esta mezcolanza a veces por un gran coeficiente y otras veces por uno pequeño, y entonces le resta la tasa de interés multiplicada normalmente por un pequeño coeficiente, no sé si hay lugar aquí para la teoría de que la inversión puede estar gobernada por la diferencia entre la tasa de beneficio1 sobre el coste y la tasa de interés sobre los préstamos, o si simplemente hemos llegado al número de la Bestia. El profesor Tinbergen no ignora en absoluto lo que una diferencia en el modo de medir el beneficio puede suponer. Señala alegremente (página 57) como asunto de cierto interés, pero no de alguna preocupación, que las series que él toma para medir los beneficios en Alemania conducen a un coeficiente de regresión dos veces mayor para ese factor que las series que toma para Estados Unidos, y las series que toma para Gran Bretaña a un coeficiente casi cuatro veces mayor. (Este es un extraordinario ejemplo de la forma franca en la que, si se le permite seguir con toda su aritmética libre, está dispuesto a reconocer al final lo que al lector le deben parecer inconsistencias demoledoras). Insiste en que sus factores deben ser mensurables, pero se mantiene singularmente descuidado respecto a las unidades en las que medirlos, a pesar de que al final va a sumarlos todos.

4.

El profesor Tinbergen explica (página 25) que, en términos generales, supone que las correlaciones a investigar son lineales:

Como norma, las relaciones no lineales se consideran en los siguientes estudios sólo en la medida en que existan fuertes evidencias. Una forma tosca de introducir los rasgos más importantes de las relaciones no lineales es usar coeficientes cambiantes –por ejemplo, un sistema de coeficientes para la descripción de situaciones no alejadas de lo normal y otro para la descripción de niveles extremadamente altos. Esto viene a ser aproximar una curva por medio de dos líneas rectas. Otra forma de introducir relaciones no lineales es tomar los cuadrados de las variaciones, o incluso de otras funciones, entre las “series explicativas”.

Yo no he descubierto ningún ejemplo de correlación no lineal en este libro, y él no nos dice qué clase de evidencia le llevaría a introducirla. Si, como él sugiere más arriba, en tales casos usaría el método de cambiar sus coeficientes lineales de cuando en cuando, parece evidente que una manipulación bastante sencilla de estas líneas haría posible ajustar cualquier explicación a cualesquiera hechos. ¿Estoy en lo cierto al pensar que la unicidad de sus resultados depende de saber de antemano que la curva de correlación es un tipo particular de función, lineal o de alguna otra clase?

Al margen de esto, a uno le habría gustado que le dijeran sin lugar a dudas qué implica el supuesto de linealidad. Significa que el efecto cuantitativo de cualquier factor causal en el fenómeno a investigar es directamente proporcional a la magnitud del propio factor. En un paréntesis, en la página 26, al que el lector no es probable que dé mucha importancia, el profesor Tinbergen menciona de hecho esto de pasada. Pero suponer que todas las fuerzas económicas son de esta naturaleza, produciendo cambios independientes en el fenómeno a investigar que son directamente proporcionales a los cambios en ellas mismas, es un postulado drástico e improbable; en realidad, es ridículo. Sin embargo, esto es lo que el profesor Tinbergen está suponiendo de principio a fin. Así, en su ejemplo de las fluctuaciones en la inversión, el supuesto de linealidad significa que si el incremento en los beneficios es dos veces mayor en un año que en otro, entonces su influencia en la cantidad de inversión será también exactamente dos veces mayor; y del mismo modo, que el efecto sobre la inversión de un cambio en la tasa de interés será siempre directamente proporcional a la cuantía de dicho cambio. Y si se va a hacer un supuesto tan improbable, uno debe ser muy cuidadoso al elegir su método de medición y también su base2; especialmente cuando uno tiene en mente que las medidas del profesor Tinbergen son casi siempre indirectas. Es decir, no son medidas directas del factor en sí, sino números índices de algún fenómeno asociado. Por tanto, incluso si los propios factores produjeran un efecto directamente proporcional, no es probable que ello fuera cierto con los índices indirectos que se emplean.

¿Hay alguna base para sospechar que el supuesto de linealidad deja fuera a los factores cíclicos? ¿Y qué lugar ocupa por ejemplo el principio de aceleración, según el cual la propensión a ahorrar es una función del nivel absoluto de actividad, y el incentivo a invertir es una función del cambiante nivel de actividad? El profesor Tinbergen explica las fluctuaciones en la inversión fundamentalmente por las fluctuaciones en los beneficios; de este modo, si los beneficios fluctúan cíclicamente, la inversión también lo hará. Pero él no intenta explicar las fluctuaciones en los beneficios. ¿Se supone que la correlación lineal también se da en el caso de todos los factores de los que dependen los beneficios, y así hasta el análisis final? ¿Es posible que pudiera haber en un sistema una fluctuación cíclica de la que todos sus determinantes últimos tuvieran coeficientes de regresión fijos y estuvieran en correlación lineal con sus consecuencias, excepto en el caso de que uno de los determinantes últimos fuera en sí mismo una función periódica del tiempo (p.e., las manchas solares)? ¿Dónde y cómo hace su aparición el elemento de cambio? Pregunto esta cuestión sin pretender responderla. Pero me gustaría saber la respuesta. Si fuera negativa, el profesor Tinbergen está llamado a la tarea de explicar los ciclos de negocios a través de un método uno de cuyos supuestos de trabajo sea que los ciclos sólo pueden ser explicados por otros ciclos.

5.

El tratamiento de los retardos temporales y las tendencias merece una discusión mucho más completa si el lector ha de comprender claramente lo que implica. A mi mejor entender, el profesor Tinbergen no se presenta con sus retardos temporales, como lo hace con su análisis cualitativo, a través de sus amigos los economistas, sino que los inventa por sí mismo. Parece hacerlo mediante algún tipo de método de prueba y error. Es decir, no para hasta que encuentra un retardo temporal que no se ajuste demasiado mal a la teoría que está sometiendo a prueba y a los presupuestos generales de su método. No se ofrece ningún ejemplo del proceso de determinación de los retardos temporales, que aparecen, cuando se presentan, ya preparados (cf. página 48). Pero hay otro pasaje (página 39) donde el profesor Tinbergen parece estar de acuerdo en que los retardos temporales deben estar dados a priori.

La introducción de un factor de tendencia es incluso más tramposa y todavía menos discutida. Este elemento no es obtenido por referencia a cambios seculares en la escala de la economía en su conjunto, sino que está estrictamente relacionado con los factores en discusión. En el caso de las fluctuaciones en la inversión, "las tendencias", explica el profesor Tinbergen (página 47), "han sido calculadas como medias móviles de nueve años para los periodos de preguerra –que son suficientemente largos para permitir que los primeros y los últimos cuatro años sean omitidos– y como tendencias rectilíneas para los periodos de postguerra –que son demasiado cortos para permitir la omisión de ocho años". Esto parece bastante arbitrario. Pero, al margen de esto, ¿no debería permitirse que las tendencias de los factores básicos se reflejasen en una tendencia del fenómeno resultante? ¿Por qué es necesaria la corrección? Probablemente he malinterpretado el argumento, dado que ésta no es la clase de errores de los que el profesor Tinbergen es responsable.

Aunque pueda haber muchos factores con diferentes tendencias, hay solamente una línea de tendencia, y no he entendido el proceso por el que esta tendencia simple es obtenida. El uso de la tendencia rectilínea (en los años de postguerra) significa, aparentemente, que se traza una línea recta entre el primer año de la serie y el último. El resultado es, desde luego, que hay una enorme diferencia según en qué fecha te pares. En el caso de los Estados Unidos (página 56), las series van de 1919 a 1933, lo que, como consecuencia de las anormales circunstancias del primer y último años, comporta la paradoja de que los Estados Unidos estén en una severa tendencia descendente a lo largo de todo el periodo, incluyendo la etapa que termina en 1929, que viene a representar un 20 por ciento; mientras que si el profesor Tinbergen hubiera parado en 1929, habría usado una línea de tendencia acusadamente ascendente en vez de una acusadamente descendente para los mismos años. Esto parece ser un procedimiento desastroso. El profesor Tinbergen es bastante consciente del problema. En una nota al pie de la página 47 menciona que "la tendencia elegida para las cifras americanas (etapa de postguerra) podría estar sesgada de algún modo por el hecho de que el periodo comienza con un año de auge y termina con un año de depresión". Pero no está preocupado, dado que se ha convencido a sí mismo, si yo le sigo correctamente, de que en realidad no supone ninguna diferencia qué línea de tendencia tomes.

6.

Para concluir, pasaré a una parte diferente del argumento. ¿Hasta qué punto estas curvas y ecuaciones no significan más que un ajuste de curvas y una descripción histórica, y hasta qué punto suponen afirmaciones inductivas tanto respecto al futuro como respecto al pasado? No he descubierto ningún pasaje en el que el propio profesor Tinbergen haga alguna afirmación inductiva de algún tipo. Parece estar únicamente preocupado por la descripción estadística. Sin embargo, el objetivo último que el señor Loveday subraya en el prefacio es sin duda de carácter inductivo. Si el método no puede probar o refutar una teoría cualitativa, y no puede dar una guía cuantitativa para el futuro, ¿vale la pena? Sin duda, no es una forma muy lúcida de describir el pasado.

Hace treinta años solía estar ocupado en examinar el escurridizo problema de pasar de la descripción estadística a la generalización inductiva en el caso de la correlación simple; y a día de hoy, en la era de la correlación múltiple, no encuentro que a este respecto la práctica haya mejorado mucho. Por si el señor Loveday u otros pudieran albergar esperanzas inductivas, merece la pena señalar que el profesor Tinbergen realiza la menor preparación posible para la transición inductiva.

En términos amplios, la condición más importante es que el entorno en todos los aspectos relevantes, distintos de las fluctuaciones en aquellos factores concretos que tomamos en consideración, sea uniforme y homogéneo a lo largo de un periodo de tiempo. No podemos estar seguros de que tales condiciones persistirán en el futuro, incluso si las encontramos en el pasado. Pero si las encontramos en el pasado, tenemos por lo menos alguna base para un argumento inductivo. El primer paso, por tanto, es partir el periodo a examinar en una serie de subperiodos, con vistas a descubrir si los resultados de aplicar nuestro método a los distintos subperiodos considerados por separado son razonablemente uniformes. Si lo son, entonces tenemos algún fundamento para proyectar nuestros resultados hacia el futuro.

Ahora bien, esto es lo que el profesor Tinbergen nunca intenta. Es verdad que sus series están partidas en dos periodos, el prebélico y el postbélico, pero esto no parece hecho a propósito, sino como consecuencia de las exigencias de las estadísticas disponibles. Para su investigación de preguerra toma un periodo de cuarenta años y no hace ningún intento de partirlo en subperiodos. Si lo hubiera hecho, ¿diferirían ampliamente los coeficientes de regresión, calculados para cada década considerada por separado, de aquellos calculados como el mejor ajuste para el periodo en su conjunto? Merece una investigación. La principal objeción prima facie a la aplicación del método de correlación múltiple a problemas económicos complejos reside en la aparente falta de un grado suficiente de uniformidad en el entorno.

Las dificultades inductivas no sólo surgen de la falta de uniformidad en los factores que no se toman en concreto en consideración. Surgen también en el caso de aquellos que están incluidos en el modelo. Por ello, debido al amplio margen de error, sólo aquellos factores que en realidad han mostrado amplias fluctuaciones encajan en todo esto de un modo fiable. Si un factor, cuyas fluctuaciones son potencialmente importantes, ha variado en realidad muy poco, no puede haber ninguna pista sobre qué influencia habría tenido si hubiera cambiado más acusadamente. Hay un pasaje en el que el profesor Tinbergen, después de haber llegado a un coeficiente de regresión muy pequeño para la tasa de interés como influencia en la inversión, señala que ello podría ser explicado por el hecho de que durante el periodo en cuestión la tasa de interés varió muy poco (página 65).

Estas grandes dudas se superponen al temor a lo inadecuado de la mayoría de las estadísticas empleadas, una dificultad tan obvia y tan inevitable que apenas merece la pena insistir en ella. Tomando todo ello en cuenta, la aplicación exitosa de este método a un problema tan enormemente complejo como los ciclos de negocios me parece un proyecto extraordinariamente poco prometedor en el presente estado de nuestro conocimiento.

Esto no significa que el material económico no pueda ofrecer casos más elementales en los que el método será fructífero. Tómese, a modo ilustración, el tercer ejemplo del profesor Tinbergen –a saber, la influencia sobre la inversión neta en material rodante ferroviario de la tasa de incremento en el tráfico, la tasa de beneficio ganado por los ferrocarriles, el precio del lingote de acero y la tasa de interés. Éste parece un caso razonable prima facie para esperar que se cumplan algunas de las condiciones necesarias. Pero incluso en este caso se requeriría una formulación bastante distinta de la del profesor Tinbergen. Es evidente, sin ninguna investigación concreta, que la demanda de nuevo material rodante dependerá principalmente del crecimiento del tráfico. Además, el beneficio no es independiente del tráfico, sino que de nuevo depende ampliamente del crecimiento del tráfico. Para obtener un factor independiente es necesario separar aquella parte del beneficio que es debida al crecimiento del tráfico de aquella otra parte que responde a mejores tasas de transporte en relación a salarios y otros costes. Lo que queremos saber no es el aspecto obvio de que la demanda de material rodante está considerablemente afectada por el crecimiento del tráfico, sino hasta qué punto éste domina la situación en comparación con factores más sutiles tales como 1) la edad del material rodante existente, 2) la capacidad de los talleres existentes para producir más material rodante, y 3) el estado de confianza ante el mantenimiento del tráfico y ante el efecto de la competencia con otras formas de transporte.

Espero que no haya hecho una injusticia a un valiente esfuerzo pionero. El trabajo en él implicado debe haber sido enorme. El libro está lleno de inteligencia, ingenio y franqueza; y lo dejo con sentimientos de respeto hacia el autor. Pero ha sido una experiencia desagradable asumir su lectura e imagino que a otros lectores les ocurrirá lo mismo. Tengo la sensación de que el profesor Tinbergen puede estar de acuerdo con muchos de mis comentarios, pero que su reacción será contratar otros diez expertos en cálculo y ahogar sus penas en la aritmética. Resulta extraño pensar que este libro sea probablemente, hasta 1939, la principal actividad y raison d’être de la Sociedad de Naciones.

1 Me habría gustado haber dicho "la tasa esperada de beneficio". Pero no hay lugar para las expectativas, por lo que puedo descubrir, en la teoría de la inversión que los economistas han proporcionado al profesor Tinbergen.

2 Por ejemplo, permítasenos suponer que la tasa de interés, que ha sido del 3 por ciento en el año base, se incrementa al 4 por ciento y luego al 5 por ciento. ¿Es el efecto cuantitativo del 5 por ciento cinco cuartos del efecto del cuatro por ciento, es decir, proporcional al exceso por encima de 0? ¿O es el doble, al ser la diferencia entre 5 y 3 el doble de la diferencia entre 4 y 3, es decir, proporcional al exceso por encima de 3? Yo más bien creo que el profesor Tinbergen quiere decir esto último. Pero en este caso, si él hubiera tomado un año base cuando la tasa fuera del 3 , el efecto de un incremento del 4 al 5 por ciento sería triple en vez de doble, es decir, proporcional al exceso sobre 3 . El lector precisa alguna guía en un asunto como este.