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Libro Sobre la libertad de Isaiah Berlin

II.   RESEÑAS

17.
Isaiah Berlin y la exploración de los límites de la libertad.

John Reeder

DEBEMOS AGRADECER a Alianza Editorial una nueva edición de los célebres ensayos Sobre la libertad de Isaiah Berlin, quizás uno de los filósofos europeos de la ciencia política más lúcidos del siglo pasado.

Las conferencias fueron pronunciadas originalmente en los años cincuenta y editadas de forma conjunta en inglés en el año 1969 con el título Four Essays on Liberty, a los cuales se ha añadido en la nueva edición un quinto ensayo complementario del año 1964, cuyo título se ha traducido al castellano por "Libres de toda esperanza y de todo miedo", una cita del poeta inglés decimonónico Swinburne. El libro, tal como ha quedado, constituye un verdadero compendio del pensamiento de Berlin: además de los cinco ensayos sobre la libertad, en un jugoso apéndice se ha incluido una selección de textos cortos del autor sobre temas relacionados, "El nacimiento del individualismo griego", por ejemplo, versión escrita de una conferencia pronunciada en la Universidad de Yale en 1962, unos breves fragmentos de interés autobiográfico y un estudio de la recepción original de estos ensayos de Berlin, de gran utilidad, escrito por un filósofo especialista en la materia, Ian Harris.

¿Quién entonces es este filósofo de la ciencia política a quien una vez Churchill confundió con Irving Berlin, el compositor de música popular estadounidense? De familia judía ortodoxa y empresaria, nacido en Riga, en la Letonia rusa, en 1909, niño en el Petrogrado revolucionario de 1917-1920, y refugiado en Londres en los años veinte, este déraciné logró encontrar un hogar física e intelectualmente en la Universidad de Oxford. Formado en los años treinta en el Oxford de la moda del positivismo lógico, importado desde Viena por un contemporáneo, A. J. Ayer, Berlin gravitaba hacia una rama de la disciplina poco considerada y menos practicada en las Islas Británicas en aquellos años, la historia de las ideas. Dotado entonces de una formación basada en la filosofía analítica británica de su tiempo, junto con una cultura europea altamente políglota, Berlin se movía con igual facilidad por la literatura filosófica y política rusa, alemana, francesa, italiana y naturalmente inglesa. No sería hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando lograría sintetizar estos vastos conocimientos y plasmarlos en una larga serie de ensayos que irán desde "La inevitabilidad histórica", de 1953 y aquí reproducida, hasta "The pursuit of the Ideal", de 1988.

Berlin, sin embargo, no es autor de un magnum opus, de un trabajo largo al estilo de los grandes tratados alemanes de filosofía de Kant o de Hegel. Su medio preferido era la conferencia, el ensayo de unas cuarenta o cincuenta páginas, o incluso la presentación radiofónica (sus charlas en la BBC llegarían a ser famosas). En su época de mayor fecundidad intelectual, los años cincuenta y sesenta, Berlin publicó muy poco, dando lugar a comentarios hechos con cierta malicia: "Isaiah, como Jesucristo y Sócrates, más bien publica poco" diría un contemporáneo suyo en Oxford. Poco a poco, sobre todo a partir de las décadas de los ochenta y noventa, han ido apareciendo recopilaciones de estos trabajos anteriores. Esto ha sido gracias no tanto al esfuerzo de Berlin, quien a pesar de su larga y activa vida (morirá en 1997) fue siempre y notoriamente despreocupado con el destino de sus obras, como a la labor tenaz de otro filósofo, Henry Hardy, quien ha logrado reunir la producción dispersa de Berlin recopilando textos de conferencias, algunas olvidadas o perdidas, rebuscando entre borradores y manuscritos, transcribiendo charlas radiofónicas. Hardy ha publicado hasta la fecha una decena de tales colecciones, siendo la última Flourishing: Letters 1928-1946 (2004), una edición de la correspondencia de Berlin.

También debemos a Hardy la nueva y ampliada versión de Sobre la libertad. Estos ensayos, y su estudio introductorio, constituyen quizá la mejor manera de acercarse al estilo de hacer filosofía de Berlin, de su forma preferida de presentar sus argumentos, a la contra, analizando, comentando, glosando y criticando textos de otros, una manera de proceder que quizás hubiera conducido a una fragmentación desordenada si no fuera por una obsesión unificadora. Esta obsesión de Berlin por definir y redefinir los límites de la libertad individual, por identificar las ideas, las distintas ideologías y proyectos de reorganización política y social que podían poner en peligro la libertad, es una obsesión producto de su propia experiencia, al haber vivido y sufrido en carne propia la destrucción de la libertad política e individual en gran parte de la Europa civilizada en el período de entreguerras (1918-1939).

Aquí, en estos ensayos Sobre la libertad, el lector encontrará al filósofo en su época de mayor vigor intelectual. En una prosa limpia, precisa, lúcida y a la vez sutil, bien captada por sus traductores, llena de las matizaciones de un escepticismo sano, alejado de cualquier atisbo de dogmatismo, Berlin explora estos límites de la libertad haciendo preguntas como ¿Tiene la Historia leyes como las de las ciencias físicas por ejemplo que permitan predecir su desarrollo? ¿Hasta qué punto debo permitir que me gobiernen? ¿Quiénes y cómo nos deben gobernar? ¿Cómo será el espacio que puedo reservar para mí mismo? Con sus respuestas establece su conocida distinción entre libertad positiva y negativa. Quizás una líneas extraídas del ensayo "Dos conceptos de libertad", incluido en el libro, servirán para clarificar esta distinción:

Foto de Isaiah Berlin

«Cada cosa es lo que es: la libertad es libertad, y no igualdad, equidad, justicia, cultura, felicidad humana o una conciencia tranquila. Si mi libertad, o la de mi clase o nación, depende de la miseria de un gran número de seres humanos, el sistema que promueve esto es injusto e inmoral. Pero si reduzco o pierdo libertad al objeto de atenuar mi vergüenza ante tal desigualdad, y con ello no aumento sustantivamente la libertad individual de otros, se produce de manera absoluta una pérdida de libertad. Puede que ésta se compense con una ganancia en justicia, felicidad o paz, pero esa pérdida queda. Se confunden valores cuando se dice que si tiro por la borda mi libertad individual, ‘libertad’, aumenta otro tipo de libertad, ‘social’, o ‘económica’» (211-212).

Los que esperan en estos ensayos, sin embargo, a un Berlin doctrinariamente liberal saldrán decepcionados. Su liberalismo siempre iba condicionado y complementado por su pluralismo (y no relativismo), la idea que "los fines humanos son múltiples, son en parte inconmensurables y están en permanente conflicto" (254). Berlin además siempre sospechaba de los que él llamaba monistas, los que profesan una "fe en un único criterio" (253), proponentes de soluciones únicas y cerradas a problemas complejos, múltiples y abiertos. Es muy posible que hoy día, por ejemplo, desconfiara Berlin del monismo de algunos de nuestros economistas liberales, discípulos más bien de Margaret Thatcher que de Adam Smith.

Querría concluir recomendando encarecidamente la lectura de este libro.Y querría emplear aquí un adjetivo cuya sobreexplotación ha conducido a un desgaste y a una pérdida de su sentido original, imprescindible. En el caso de Sobre la libertad se emplea sensu stricto. Es este un libro de lectura imprescindible para cualquier demócrata del siglo XXI.