II. RESEÑAS
15.
La valoración
del trabajo doméstico.
Cristina Carrasco Bengoa
TRADICIONALMENTE, LA ECONOMÍA ha
tratado al factor tiempo como un "recurso
escaso", resolviendo sus problemas de
asignación a través de una mera elección
personal entre distintas actividades. A los
ojos de la economía, los tiempos dedicados
a actividades no mercantiles se hacen
invisibles, y sólo pueden llegar a ser reconocidos
en la medida, que sean susceptibles
de tener un referente mercantil.
Serán fundamentalmente los estudios
de género los que, desde los años ochenta,
comiencen a estudiar los tiempos que
caen fuera de la hegemonía de los tiempos
mercantilizados. El estudio de estas nuevas
dimensiones del tiempo estará estrechamente
ligado al estudio del trabajo no
remunerado realizado en los hogares, destacando
como elemento crítico el llamado
"trabajo de cuidados" o, simplemente, "el
cuidado" (como traducción no demasiado
precisa del inglés care).
En este recorrido –que ha significado
nuevas conceptualizaciones y metodologías
de análisis y desarrollo de nuevas fuentes
estadísticas– Nancy Folbre y Michael
Bittman han sido siempre autores destacados.
El texto que ahora editan contiene
aportaciones de diversos autores con amplia
trayectoria en el tema. Los capítulos
se presentan agrupados en cinco partes
con un hilo conductor común: un análisis
crítico de la organización social del tiempo,
particularmente del tiempo dedicado
a cuidar a los miembros del hogar considerados
personas dependientes.
La primera parte ofrece un marco de
reflexión más teórica sobre distintas dimensiones
del tiempo. El artículo de
Folbre señala limitaciones de la "teoría de
la asignación del tiempo" iniciada por
Gary Becker en 1965, sobre la base de que
la distribución del tiempo de las personas
en las distintas actividades, fundamentalmente
el de las mujeres, está sometido a
fuertes restricciones institucionales, y no
depende de una simple elección racional
individual. La autora no se limita a la crítica
y plantea una vía alternativa basada
en la negociación. Smeeding y Marchand,
basándose en encuestas sobre empleo del
tiempo, ofrecen una amplia panorámica
de la literatura sobre las pautas de uso del
tiempo en los hogares de Estados Unidos
y sus implicaciones para las políticas públicas,
destacando aspectos del uso del
tiempo sobre los cuales existe escasa información.
La conclusión básica es la necesidad
de mejorar las fuentes estadísticas
para disponer de una información adecuada
para el desarrollo y análisis de modelos
económicos aplicables a los hogares.
La segunda parte trata de las dificultades
de definir y medir lo que significa
"tiempo de cuidados". En el artículo de
Budig y Folbre, a la vez que se reconoce la
importancia de la información que ofrecen
los diarios de uso del tiempo, se realiza
un análisis crítico de los problemas que
éstos presentan para captar el tiempo de
cuidados, particularmente, los aspectos
subjetivos que implican los trabajos de
cuidados. Bittman, Fast, Fisher y Thomson
se centran en la problemática de las cuidadoras
informales de personas dependientes.
Plantean la dimensión de género
de las cuidadoras y analizan la escasa oferta
de servicios públicos frente a una problemática
que irá en aumento por el envejecimiento
demográfico. Destacan las
limitaciones de los diarios de uso del
tiempo y desarrollan una metodología
más específica, complementando la información
del uso del tiempo con instrumentos
metodológicos más cualitativos.
En la tercera parte se recupera un debate
más antiguo en economía: la valoración
del trabajo o producción que se realiza
fuera del mercado. En este caso, la
discusión se centra en dos temáticas específicas:
el valor del cuidado de los niños y
el valor del cuidado de las personas ancianas.
Ironmonger –autor conocido por sus
estudios de desarrollo de tablas input-output
incorporando la producción de no
mercado– establece una conexión entre
los niveles micro y macroeconómico. Con
un enfoque cuantitativo, y utilizando datos
de uso del tiempo en Australia, determina
las necesidades de tiempo de cuidado,
tanto formal como informal, que
requieren los niños. Lo introduce como
sector de "cuidado de niños" en una dimensión
macroeconómica, y muestra que
este "sector" requiere una cantidad de tiempo mayor que muchos otros sectores
económicos que se desarrollan en el mercado.
Por su parte,Wolf, teniendo en cuenta
que el cuidado de las personas ancianas
lo realizan básicamente los miembros del
hogar, plantea la importancia de valorarlo
en términos monetarios para conocer su
dimensión económica, pero discute la utilización
del método de "reemplazamiento"
por entender que sobreestima el valor
social de este trabajo de cuidados.
La parte cuarta está dedicada al análisis
de las tensiones que se generan entre
las necesidades de cuidados en el hogar y
los requerimientos laborales. Bittman,
Craig y Folbre analizan los cuidados infantiles
y concluyen que los cuidados extrafamiliares
están asociados no a una reducción
de actividades de cuidados
realizadas desde el hogar, sino a una mejor
distribución de la actividad entre madres
y padres, ya que éstos se resisten a reducir
lo que se denomina "tiempo de alta
calidad", tiempo relacionado con actividades
que colaboran al desarrollo infantil.
En el segundo artículo, Bittman analiza,
basándose en información sobre uso del
tiempo en Australia en los últimos 25
años, la creciente percepción de una mayor
presión sobre el tiempo de las personas
en épocas en las que, contradictoriamente,
estaría aumentando el tiempo de
ocio. La posible respuesta a este enigma
estaría en la creciente necesidad de asumir
simultáneamente la responsabilidad del
empleo y la de los cuidados. Finalmente,
Bittman y Wacjman constatan, a través
del análisis del uso del tiempo en diversos
países, la clara existencia de un sesgo de
género en el tiempo de ocio, estando los
tiempos de las mujeres más presionados
precisamente por asumir la responsabilidad
de los cuidados.
En la última parte del libro se realizan
comparaciones internacionales respecto a
cómo afectan las pautas culturales, la estructura
del mercado laboral y el régimen
político-social a la organización social del
cuidado en distintos países. Pacholok y
Gauthier observan importantes diferencias
en la responsabilidad del cuidado y la
distribución del tiempo entre mujeres y
hombres, particularmente entre trabajo
remunerado y no remunerado, en los cuatro
países estudiados (Canadá, Alemania,
Italia y Suecia). Las diferencias dependen
fundamentalmente del grado de desarrollo
del Estado del bienestar, de las características
del mercado laboral (demanda,
flexibilidad, etc.) y de la diversidad que
presentan las culturas familiares. El resultado
obtenido es algo inesperado: en
Canadá –y no en Suecia– es donde el reparto
del trabajo no remunerado entre
mujeres y hombres es más igualitario y
donde se dedica más tiempo a los hijos.
Finalmente, Bittman, a partir de un análisis
de género del uso del tiempo en
Australia y Finlandia, concluye que para
superar la desigualdad de género es más
efectiva la participación del mercado y
del sector público en las tareas de cuidado
que la negociación privada en el interior
del hogar.

Posiblemente, la principal conclusión
del libro es evidenciar las dificultades que
se presentan en el análisis del tiempo de
cuidados y la necesidad de contar con estadísticas
más adecuadas para captar el
uso del tiempo en sus distintas dimensiones,
con el objetivo de desvelar las desigualdades
de género y contar con información
que permita estudiar estrategias
sociales y económicas para satisfacer la
demanda de cuidados. Aunque no todos
los autores manifiestan posiciones comunes,
creo que la riqueza del libro consiste
precisamente en ello; esto es, en ofrecer
un amplio abanico de perspectivas distintas,
tanto teóricas como empíricas, de diversos
aspectos del trabajo de cuidados
que permiten profundizar en un tema clave
que requiere aún bastante investigación.