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Libro La democracia y el mercado de Jean-Paul Fitoussi

II.   RESEÑAS

14.
El éxito del mercado y el triunfo de la democracia.

José Luis Cardoso

EL ENSAYISMO EN FRANCIA ha tendido siempre a estimular debates sobre los principales problemas del mundo contemporáneo. El pequeño libro de Jean-Paul Fitoussi es un buen ejemplo de eso, aunque en este caso con un éxito que sobrepasa su mercado natural de lengua francesa, al imponerse también, con inusitada rapidez, en el espacio editorial de otras lenguas latinas.A este éxito divulgativo ha contribuido, sin duda, el prestigio internacional de este conocido economista francés, director del OFCE (Observatoire Français des Conjonctures Économiques), profesor del Institut d’Études Politiques de Paris y autor de una amplia obra que refleja perfectamente sus múltiples facetas de investigador, pedagogo, gestor institucional y divulgador.

El libro aborda, de forma transversal, alguna de las cuestiones más discutidas a lo largo de la historia de la ciencia económica: la relación entre el mercado y el Estado, la conexión entre el ámbito individual y el ámbito público, el equilibrio entre el interés propio y el bien común. El planteamiento de Fitoussi coloca en el centro del análisis el problema de saber si existe o no una incompatibilidad entre la búsqueda de la eficiencia económica, garantizada por el mercado, y la existencia de una justicia social, que el Estado democrático debe asegurar. Su respuesta intenta acentuar las virtudes mutuas y las ventajas simultáneas del orden económico del mercado y del orden político democrático, apostando por la defensa de la complementariedad entre ambos, es decir, defendiendo la idea de que el mercado no puede existir sin democracia, y ésta, por su parte, sale reforzada por el estímulo proporcionado por el tónico del mercado. Se trata de una tesis políticamente correcta que, a pesar de no ser apenas controvertida, permite profundizar en asuntos de permanente actualidad.

Un pequeño libro del género ensayístico suele apuntar y dirigir sus palabras hacia blancos concretos para permitir una mejor comprensión del sentido del discurso utilizado. El objetivo principal de la investigación de Jean-Paul Fitoussi es la visión predominante en el pensamiento económico neoclásico contemporáneo según la cual ningún obstáculo de naturaleza política debe primar sobre la dinámica propia del funcionamiento de los mercados. Los defensores de tal visión parten del principio de que los agentes económicos toman decisiones y optimizan sus elecciones de forma racional. Si suponemos que esta es la forma más segura para obtener soluciones espontáneas y automáticas de equilibrio, deja de tener sentido cualquier intervención política exógenamente impuesta al mercado.

Fitoussi se muestra muy irritado con las hipótesis y el razonamiento de algunos autores –como Robert Lucas y Robert Barro– para quienes la profundización de la democracia puede constituir un freno al ritmo de crecimiento económico. Al contrario de lo que, según este autor, es una falacia del pensamiento económico dominante en los círculos académicos, Fitoussi pone en duda la demostración empírica de la supuesta superioridad moral del mercado, demostración basada en que los niveles de eficiencia económica, muchas veces, no son compatibles con las mejoras cualitativas de las instituciones democráticas. En algunos países poco desarrollados, llevar la democracia más allá de un umbral mínimo de derechos y garantías podría, según Barro, limitar seriamente sus posibilidades de desarrollo económico, medido a través del crecimiento del producto. En este sentido, el ejercicio de la libertad política plena surge como un derecho sólo al alcance de los países más ricos, un bien de lujo que no todos los países están en condiciones de consumir.

Existe un cierto cinismo en esta argumentación, lo que explica la indignación que provoca, pero no podemos dejar de señalar que este razonamiento constituye un punto central para la comprensión del proceso de crecimiento económico en países cuyo orden político es diferente al modelo de las democracias occidentales. Véase el caso de China, que no se discute explícitamente en este pequeño libro de Fitoussi, y se comprenderá la dificultad de negar que la pujanza de la economía de mercado que está emergiendo en ese país se ha beneficiado del régimen político autoritario en vigor. Si se produjera una apertura política en China, ¿sería posible mantener las tasas de crecimiento económico registradas en este país en los últimos años? No se pretende, en modo alguno, defender un modelo de organización social que priva a los individuos del ejercicio de sus derechos básicos. Pero es de elemental lucidez darse cuenta de que el aplauso de las hazañas económicas no siempre va acompañado de la denuncia de los atropellos a las libertades civiles. El caso de China se puede ampliar a otros países y regiones, muchos de ellos gobernados por regímenes de signo ideológico opuesto.

Ante este tipo de cuestionamientos, Fitoussi no tiene dudas en defender la superioridad del modelo político democrático, considerando que las eventuales pérdidas asociadas a una disminución del ritmo de crecimiento económico serán compensadas por una mayor estabilidad macroeconómica a medio y largo plazo, por una disminución en la intensidad de los impactos exógenos y, sobre todo, por las ganancias sociales en el proceso de redistribución de la riqueza.

Los que dudan en otorgar al mercado un papel preponderante no basan sus recelos en el cuestionamiento de las virtudes del mercado, sino en su rechazo a admitir un razonamiento económico puro basado en un hipotético y perfecto sistema de libre competencia. La política debe plantearse, por tanto, como el estudio de las posibles intervenciones del Estado en áreas y sectores donde la eficiencia de los agentes privados no es tan positiva, sobre todo en aquellos relacionados con el incremento de la cohesión social. Sin embargo, Fitoussi no presta demasiada atención a este punto en su libro, ni desarrolla los comentarios que exigiría, quizá para no ser acusado de querer sustituir los fallos del mercado por los fallos de un Estado que utiliza de forma abusiva su poder.

Fitoussi estudia la política en su libro con el propósito de demostrar la superioridad de la democracia como sistema de organización de la vida social. Los regímenes democráticos posibilitan el ejercicio de un intenso sistema de escrutinio y vigilancia de la clase política, permitiendo la sustitución de los agentes que no ejercen convenientemente sus mandatos, con lo que se refuerza el clima de seguridad y tranquilidad de los ciudadanos ante las consecuencias esperadas o inesperadas de sus decisiones. Es decir, antes de ser agentes económicos y de efectuar las elecciones que conducen a la maximización de sus intereses y preferencias, los miembros de una determinada comunidad son ciudadanos que tienen el poder de alterar las orientaciones que los gobernantes han juzgado como las más adecuadas. Tal requisito no puede ser visto como un atropello al normal funcionamiento de los mercados, pues la historia ha demostrado que el triunfo de las modernas economías de mercado se ha visto ayudado en gran medida por el clima de tranquilidad y seguridad que sólo los regímenes democráticos pueden proporcionar.

A lo largo del libro se va imponiendo de forma natural una cuestión, la de saber si existe un régimen político ideal que garantice la mayor eficiencia económica de los mercados. Fitoussi no puede, naturalmente, responder a esta cuestión. Por eso, remite el lector a las diferentes soluciones que dependen de una multitud de factores históricos, geográficos e institucionales, que hacen de cada país un espacio político propio.

Para quien vive en democracia, es difícil pensar en la bondad de un régimen político que prive a los ciudadanos de sus derechos, aunque en contrapartida prometa una mayor eficiencia y prosperidad económicas. Vivir en democracia crea saludables hábitos y dependencias relacionadas con un conjunto de derechos y garantías, imprescindibles para el buen funcionamiento del mercado. Para quien vive en una economía de mercado, tampoco es fácil pensar lo que ocurriría si los agentes económicos perdiesen su soberanía. El mercado es una institución y un proceso de aprendizaje y perfeccionamiento que hace dispensable el ejercicio de una voluntad política absoluta.

Foto de Jean-Paul Fitoussi

Con argumentos similares, Fitoussi concluye que la virtud está en el término medio, en el elogio de las ventajas de la democracia de mercado y de los méritos del mercado democrático. Su libro, escrito sin preocuparse por el formalismo académico, pretende evitar que la política sea vista como una interferencia excesiva en la incuestionable supremacía del mercado, resaltando su papel como instrumento para la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

La calidad de un libro ensayístico, que pretende intervenir activamente en la discusión de temas relevantes del presente, no se mide por el grado de acuerdo o desacuerdo del lector con las tesis defendidas. Habrá seguramente puntos de acuerdo y motivos de discordancia para quien lee un texto que no esconde su faceta polémica. La calidad del libro de Jean-Paul Fitoussi reside, precisamente, en esa capacidad de obligar a pensar sobre aquellos asuntos que más interesan a los que defienden el éxito del mercado y el triunfo de la democracia.