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Libro Periodic Time Series Models de Philip Hans Franses y Richard Paap

II.   RESEÑAS

10.
Teoría, datos y Econometría.

Rafael Flores

EL CONTRASTE EMPÍRICO de un modelo económico o teoría económica es una tarea compleja para la que todavía no hay un protocolo de actuación bien definido y aceptado por el universo de la profesión.

La Econometría se creó precisamente para ese fin; sin embargo, desde que su uso se ha generalizado, uno tiene la impresión de que no sólo no se han zanjado discusiones centenarias, sino que los argumentos de todo el mundo, defensores y detractores de una determinada tesis, parecen haberse multiplicado.

La lógica detrás de este fenómeno es clara. Cualquier análisis econométrico requiere: 1) la especificación de un modelo econométrico y 2) una base de datos apropiada. Estos dos elementos, como veremos, son dos fuentes inagotables de discusión.

Si las conclusiones del análisis no gustan siempre se puede argumentar que: 1) la forma funcional no es correcta, 2) se han omitido variables relevantes, 3) la dinámica del modelo está incorrectamente restringida, 4) determinada variable no es exógena y por tanto falta su ecuación de comportamiento, 5) el método de estimación elegido no es el más eficiente, 6) los contrastes utilizados no tienen la potencia suficiente o 7) se ha producido un cambio estructural.

Aunque el modelo econométrico parezca correctamente especificado, siempre cabe la posibilidad de echarle la culpa a los datos. Determinadas variables del modelo teórico no pueden observarse, o no están bien aproximadas por las variables disponibles en la base de datos, o se observan con error, o contienen demasiados valores atípicos, o simplemente el número de observaciones es insuficiente.

A todos estos problemas hay que añadir el desconocimiento generalizado de las propiedades estadísticas de las series temporales económicas. Hasta hace no mucho, el carácter no estacionario del 99% de las series temporales económicas ha sido ignorado, tanto por los economistas teóricos como por los económetras. Este hecho ha llevado a muchos economistas a "encontrar" evidencia empírica de relaciones inexistentes, así como a "rechazar" la presencia de otras que lógicamente deberían existir. Hoy día, la no estacionariedad es una característica de las series temporales que ya nadie discute. Se discute su carácter, esto es, si la no estacionariedad es del tipo determinista o estocástico, y en el caso de ser estocástico, la discusión se centra en el orden de integración de la variable en cuestión.

Otra propiedad estadística presente en la mayoría de las series temporales económicas, tanto trimestrales como anuales, es la estacionalidad. Esta propiedad no ha sido tan ignorada como la no estacionariedad, pero si que ha sido claramente objeto de un pésimo tratamiento.

La mayoría de los modelos económicos consideran la estacionalidad como un fenómeno puramente estadístico, ajeno al comportamiento optimizador de los agentes. Así, la estacionalidad no tiene por qué ser explicada por el modelo y, por consiguiente, la validación empírica de estos modelos debe hacerse con datos libres de ella, como por ejemplo los datos anuales. El problema es que las series de datos anuales son generalmente cortas, bien porque no existen observaciones suficientes o porque no conviene utilizarlas, ya que el riesgo de presencia de cambio estructural aumenta con la longitud de estas series. El caso es que el tamaño muestral de las series temporales utilizadas en un análisis econométrico es de crucial importancia; la mayoría de los estimadores habitualmente utilizados sólo presentan buenas propiedades cuando el tamaño de la muestra tiende a infinito. Los sesgos presentes en muestras muy cortas (20 ó 30 observaciones) suelen ser importantes y hacen perder fiabilidad al análisis.

Ante este problema, muchos economistas decidieron aumentar el tamaño de las muestras usando datos mensuales o trimestrales. El resultado fue nefasto; la mayoría de los ajustes eran tan pobres que solo cabían dos posibilidades: 1) admitir que los datos no apoyaban el modelo teórico o 2) usar datos desestacionalizados. La mayor parte de la profesión optó por la segunda opción, la disparatada, esto es, el modelo teórico es correcto y el problema está en los datos. Dicho de otra forma, el problema está en la realidad observada y no en el modelo teórico que trata de describirla. Para estos economistas, la estacionalidad era una molestia, un ruido que dificultaba la captación de la señal, por lo que debía ser eliminado.

Dicho y hecho, la profesión se lanzó a desestacionalizar series temporales. El problema, todavía vigente, era elegir el método de desestacionalización, ya que el resultado final, la serie desestacionalizada, depende de dicha elección. Así, un mismo modelo teórico podría ser rechazado o apoyado por "la evidencia empírica" dependiendo del método de desestacionalización utilizado.

Afortunadamente, cada vez se ven menos trabajos econométricos con datos desestacionalizados, cada vez hay más economistas que piensan en la estacionalidad no como un fenómeno puramente estadístico que hay que eliminar, sino como una consecuencia del comportamiento de los agentes que es necesario explicar. Dicho de otra manera, cada vez está mas extendida la idea de que los modelos teóricos, vistos como procesos generadores de datos mensuales o trimestrales, no serán satisfactorios hasta que no sean capaces de explicar el comportamiento estacional de los agentes.

Esta visión moderna de la estacionalidad ha despertado en muchos economistas el interés por los modelos periódicos. Estos modelos empezaron a utilizarse a finales de los años sesenta para la previsión de reservas de agua y emisiones de dióxido de carbono, variables altamente estacionales; véanse los artículos de Jones y Brelsford (1967), Pagano (1978) y Tiao y Grupe (1980).

Los modelos periódicos entraron en la economía de la mano de Denise Osborn a finales de los años ochenta, con un artículo titulado "Seasonality and habit persistence in a life-cycle model of consumption" publicado en 1988 en el Journal of Applied Econometrics. En este trabajo, Osborn propone un modelo teórico que da lugar a un modelo periódico para el consumo. En ese modelo, la estacionalidad surge debido a que los agentes cambian su función de utilidad dentro del año, con la estación, y dichos cambios se repiten, de forma regular, año tras año.

El libro de Philip Hans Franses y Richard Paap es un libro de clara orientación prática que describe de forma clara y precisa la construcción de modelos periódicos autorregresivos. Cómo especificarlos, cómo estimarlos, cómo hacer inferencia y cómo prever con ellos. Es un libro técnico, para personas muy motivadas por la modelización de la estacionalidad en economía y con conocimientos de Econometría a nivel intermedio, en particular, con conocimientos de análisis de series temporales.

No es un libro muy largo, consta de 147 páginas distribuidas en cinco capítulos. El primero consta de una introducción donde los autores explican a quién va dirigido el libro, motivan el estudio de estos modelos y describen el modelo más simple, el PAR(1), a modo de ilustración. En el segundo capítulo los autores se centran en las propiedades estadísticas de las series temporales estacionales. En el tercero, presentan la familia de modelos periódicos autorregresivos estacionarios y describen, de forma resumida pero clara, la forma de construirlos y utilizarlos. En el capítulo cuarto, los autores abandonan el supuesto de estacionariedad y abordan el problema de modelización de series temporales periódicas con diferentes tipos de tendencia, dependiendo de la estación. Por último, en el capítulo quinto los autores introducen los modelos periódicos multivariantes o modelos periódicos para un vector de series temporales.

Desde el punto de vista técnico, es un libro cuidado, claro, con muchos ejemplos prácticos. Los capítulos cuatro y cinco son especialmente interesantes para un experto, ya que en ellos se abordan problemas prácticos importantes, ausentes en otros resúmenes teóricos, más antiguos, sobre el mismo tema.

Dado que una de las limitaciones de los modelos periódicos es el elevado número de parámetros que pueden llegar a tener, se echa de menos a la familia de modelos periódicos media móvil (PMA) y a la de modelos mixtos (PARMA), pensadas para conseguir la deseada "parsimonia " en el modelo final.